lunes, 19 de febrero de 2018

Unidos somos más


La voz de las mujeres:       L’HOSPITALET DE LLOBREGAT ISSN2462-6325
Mª Àngels García-Carpintero Sánchez-Miguel

Unidos somos más
¿Fibromialgia (FM)?, ¿Síndrome de Fatiga Crónica (SFC)?, ¿Hipersensibilidad múltiple?, ¿Encefalomielitis miálgica…?[1] ¿Cuál es mi síndrome? o… ¿los tengo todos?
El mío no era ninguno de esos, yo tenía uno propio “Arnold-Chiari II”, intervenido cuando era adolescente y aún no había resonancias magnéticas. Las secuencias: cansancio, mareos, debilidad muscular… Por lo menos ya sabía lo que me pasaba, no estaba loca, que fue mi angustia principal en los cinco años anteriores a la intervención, desde que todo comenzó a manifestarse con virulencia.
Me quedé sola. “Si te cansas, te aguantas”, decidí, ya sabía lo que me pasaba, viviría con ello evitando que se notara. A nadie le gustan los enfermos y yo era muy joven y tenía ideales e ilusión. Mis nuevos amigos no lo supieron, hasta ahora. La familia sí, pero no se hablaba. En el trabajo, con algunas compañeras-amigas empezó a aflorar.
Finalmente tuve que hacerle frente de nuevo: terapias naturales para mejorar unos síntomas que habían crecido y me estaban invadiendo por entero. Psicoterapia para deshacer los nudos internos. Diversos especialistas de los múltiples síntomas: hipotirodismo, dificultades serias con el sueño, dolores, rigideces… y el nuevo diagnóstico: FM y SFC crónico y severo.
Me resistí a ese diagnóstico tan común, el mío era otro, pero aquellas secuelas en mi lado izquierdo no eran nada más que unos restos que la FM y el SFC habían engullido. Aunque lo acepte, os digo que yo no soy FM y SFC, yo soy Arnold-Chiari II, el II es importante porque es el que dice que mi síndrome comenzó en la infancia, mi síndrome tiene nombre y apellidos, saber lo que soy ha formado parte de mi equilibrio mental, ha sido mi eje y no me desharé de él.
Cumplí con mis proyectos y responsabilidades, hice todo lo que tenía que hacer para cuidar de los míos y todo lo que apasionadamente he querido hacer: ser maestra, madre… renuncio continuamente a hacer cosas por puro gusto, para lo que el cuerpo ya no da de sí. El ejercicio de un pequeño gusto: una charla con amigos, una ópera al año, una salidita, un buen teatro –mejor por la tarde-, las lecturas… ¡resulta tan agradable! Lo saboreo lentamente.
Finalmente acabé pasando por el ICAM, yo iba con mi verdad por delante y me encontré tratada como una criminal. Me acabaron hundiendo. Pienso en las humillaciones a las que me sometieron y lloro. No es justo, no me lo merezco, deberían haberme dado un premio al sobre esfuerzo. No es justo, no nos lo merecemos, deberían darnos un premio al esfuerzo.
Comprendí que lo que me pasó era general y entré a participar, en la medida que puedo, del PAICAM, al menos para dar apoyo a los que sufren como yo. En PAICAM he ido viendo que hay otros síndromes como el de  post cáncer, o el de post polio, o las enfermedades mentales… Cada uno tenemos el nuestro en nuestra psique y en nuestro cuerpo, todos somos dolientes, enfermos, cansados… y nos vamos haciendo resilientes, empáticos, críticos, solidarios, combativos, militantes de la verdad. No tenemos mucho que perder. Perdimos la salud y vamos aprendiendo a vivir con esa pérdida. Aprendemos de lo que nos enseña esa pérdida: la verdad desnuda de lo vulnerables que somos, la verdad del maltrato que se ejerce desde el poder, la verdad de los que mienten, la verdad de nuestra dignidad, la verdad de que unidos somos más.
Mª Ángeles García-Carpintero
L’Hospitalet de Ll., 13/02/2018
A vosotros, los cansados, unidos somos más.