jueves, 30 de agosto de 2018

¿Eutanasia o asistencia?


·      Eutanasia no y... asistencia sanitaria cuando más se necesita???
El 31 de diciembre de 2008 a las 18:30 me llama la cuidadora de mi madre. Al salir del Centro de Día del barrio mi madre casi se cae, no se ha caído porque ella la ha sujetado, pero se venía abajo y no puede caminar. Voy. Está en un banco, le duele la pierna. Llamamos a una ambulancia.
– A esta señora no le pasa nada.… Es noche vieja.
– Vale, ayúdenme a ponerla de pie y me la llevo.
La intentamos levantar, mi madre grita, lo reconsideran y la llevan al hospital que está a 5 minutos. Una doctora me pregunta con cara de desconfianza:
- Así, ¿no se ha llegado a caer?
No, porque la han sujetado, pero le duele y no puede caminar.
Y ¿cómo sabe que le duele si tiene Alzheimer?... ¿Es doctora?, me pregunto.
Compruébelo usted misma.
Le levanta la pierna buena, mi madre mira beatíficamente el techo. Le intenta levantar la mala, mi madre grita y se encoge de dolor. La doctora hace un mohín de disgusto.
RX: – Pues sí, tiene el fémur roto, la ingresaremos. … Nos miramos. Callamos.
Las 3:00, seguimos en el box de urgencias, le pregunto si sabe si nos queda mucho. Me mira y me espeta:
- ¡Usted puede irse si quiere! … Se piensa que me quiero ir de fiesta.
- No me voy a ningún sitio, sólo preguntaba.
Me responde que no sabe con un tono más moderado.
Pasa el largo fin de semana. Un día laboral de entre fiestas viene un médico joven.
– No sé si la operaremos, somos pocos y sólo cubrimos las urgencias importantes, como si alguien joven se rompe una pierna ¿lo entiende?
Y ¿la van a dejar con el dolor?, me atrevo a preguntar.
De nuevo:
- ¿Cómo sabe que tiene dolor?… No contesto, ¿ Cómo pueden ser tan ineptos?
Después de Reyes la operan.
Le hemos puesto una pieza de titanio, me mira el operador y me hace saber lo que cuesta en euros, le mantengo la mirada. No quiero pensar en lo que dice.
Mi madre ya está llagada.
Me llama la trabajadora social del hospital:
- Se la tendrá que llevar a una residencia.
Le digo que tengo concedida una plaza en la residencia pública del barrio donde ha estado yendo, hasta ahora, al Centro de Día. A principios de enero, es decir durante esos días había de entrar, después de años de lista de espera.
Llama a la residencia y dicen que, si se ha roto el fémur no puede ir allí sin hacer primero recuperación, que vaya al sociosanitario.
La trabajadora social del Hospital me dice que al sociosanitario no irá porque no tiene recuperación que me busque una residencia privada. Llama desde su despacho a una residencia de la Diagonal, allí tienen plazas.
Le digo que no, que llevo muchos años cuidando de mi madre, que la veo cada día y necesito seguir viéndola, que si va allí no podré ir a verla porque después de trabajar ya no tengo fuerzas, que tengo una disminución reconocida. Insisto en que ya tengo concedida la plaza en la residencia pública del barrio y que es la que me corresponde. Allí tienen a muchos imposibilitados, no veo por qué no puede ir mi madre.
Voy a ver a la trabajadora social de la residencia del barrio y me dice que, si se rompe el fémur alguno de sus residentes que antes andaba, como es el caso de mi madre, ellos se preocupan de que los operen enseguida porque sólo así pueden tener posibilidad de recuperación. Me dice que, aunque tenga la plaza adjudicada, sólo puede ir cuando haya hecho la recuperación.
Pasa otra doctora del Hospital por la habitación, me pregunta si antes caminaba bien, le digo que sí. Dice que intentaran la rehabilitación, pero aún no la han puesto de pie, como hacen con las otras que operan.
Finalmente la envían al sociosanitario. - Sólo por unos días, aclaran.
Me llama la trabajadora social del sociosanitario:
-  Tiene que buscar residencia. La próxima semana.
- Pero ya tengo concedida la  plaza en la residencia pública.
- Sí pero allí no la quieren en estas condiciones. No podemos hacer nada más, en dos semanas  como máximo se la tiene que llevar a su casa o a donde quiera.
Me da una lista de residencias. Ninguna a la que yo pueda ir fácilmente excepto la residencia a la que había de ir. A casa no puedo traerla, no puedo moverle ni una pierna, he tenido cuidadora mientras he podido substituir a las cuidadoras, tenerla sin poder cuidarla me genera una angustia tan grande que prefiero morir con ella.
Lo pensé entonces, lo digo ahora.
Salgo a la calle. Sollozo a raudales mientras los coches pasan a mi lado. ¿Por qué no se puede ni hablar de eutanasia y en cambio no se dispone de sistema sanitario cuando más se precisa? Pasan muchas cosas por mi cabeza, tan rápidas como el tráfico. Subo a la habitación de mi madre. Me mira con su sonrisa beatífica. Me siento a su lado. Me sobrevienen de nuevo los sollozos. Callo de golpe cuando oigo a mi madre llorar de la misma manera angustiosa que yo.
Una enfermera me ve y me explica que el sociosanitario es para tres cosas: recuperación, para cuidarles cuando se han llagado o para paliativos. Le digo a la trabajadora social que el segundo caso también corresponde a mi madre. Me dice que ella ha entrado por recuperación y no por “larga duración” que hubiera sido el segundo caso y que como no hay recuperación, me la tengo que llevar.
Llama delante de mí a una residencia de otro barrio de l’Hospitalet, les miente descaradamente delante de mí diciendo que mi madre tiene un Alzheimer medio, cuando es un Alzheimer grado 7 (el último), la única cosa que hacía era andar llevada de la mano. Le hago ver que ha mentido y me dice que… ¡es para ayudarme!
Me voy indignada. Ya no lloro. Llamo a todos los resortes que puedo.
Finalmente, desde el Ayuntamiento, una enfermera y trabajadora social me dice que no la pueden echar de allí si se llagó en el hospital.
Mi madre se queda allí, 6 meses, el tiempo medio a partir del cual todos se van: a su casa, más o menos rehabilitados, a una residencia o al tanatorio, como fue el caso.
Yo le hubiera ahorrado esos seis meses.
Al cabo de un tiempo me cruzo con la trabajadora social de la residencia del barrio, me dice que siente mucho todo lo que pasó. Le doy las gracias y me voy. Hice lo que tenía que hacer y, a pesar vuestro, acompañé a mi madre hasta el final.
Mª Ángeles García-Carpintero
Después de 10 años lo hago público por si a alguien le sirve mi experiencia.