·
Eutanasia no y... asistencia sanitaria cuando más se necesita???
El 31 de diciembre de 2008 a las 18:30 me llama la cuidadora
de mi madre. Al salir del Centro de Día del barrio mi madre casi se cae, no se
ha caído porque ella la ha sujetado, pero se venía abajo y no puede caminar.
Voy. Está en un banco, le duele la pierna. Llamamos a una ambulancia.
– A esta señora no le
pasa nada.… Es noche vieja.
– Vale, ayúdenme a
ponerla de pie y me la llevo.
La intentamos levantar, mi madre grita, lo
reconsideran y la llevan al hospital que está a 5 minutos. Una doctora me
pregunta con cara de desconfianza:
- Así, ¿no se ha
llegado a caer?
– No, porque la
han sujetado, pero le duele y no puede caminar.
– Y ¿cómo sabe
que le duele si tiene Alzheimer?... ¿Es doctora?, me pregunto.
– Compruébelo
usted misma.
Le levanta la pierna buena, mi madre mira
beatíficamente el techo. Le intenta levantar la mala, mi madre grita y se
encoge de dolor. La doctora hace un mohín de disgusto.
RX: – Pues sí,
tiene el fémur roto, la ingresaremos. … Nos miramos. Callamos.
Las 3:00, seguimos en el box de urgencias, le pregunto
si sabe si nos queda mucho. Me mira y me espeta:
- ¡Usted puede irse si
quiere! … Se piensa que me quiero ir de fiesta.
- No me voy a ningún
sitio, sólo preguntaba.
Me responde que no sabe con un tono más moderado.
Pasa el largo fin de semana. Un día laboral de entre
fiestas viene un médico joven.
– No sé si la operaremos,
somos pocos y sólo cubrimos las urgencias importantes, como si alguien joven se
rompe una pierna ¿lo entiende?
– Y ¿la van a
dejar con el dolor?, me atrevo a preguntar.
De nuevo:
- ¿Cómo sabe que tiene
dolor?… No contesto, ¿ Cómo pueden ser tan
ineptos?
Después de Reyes la operan.
– Le hemos
puesto una pieza de titanio, me mira el operador y me hace saber lo que
cuesta en euros, le mantengo la mirada. No quiero pensar en lo que dice.
Mi madre ya está llagada.
Me llama la trabajadora social del hospital:
- Se la tendrá
que llevar a una residencia.
Le digo que tengo concedida una plaza en la residencia
pública del barrio donde ha estado yendo, hasta ahora, al Centro de Día. A principios
de enero, es decir durante esos días había de entrar, después de años de lista
de espera.
Llama a la residencia y dicen que, si se ha roto el
fémur no puede ir allí sin hacer primero recuperación, que vaya al
sociosanitario.
La trabajadora social del Hospital me dice que al
sociosanitario no irá porque no tiene recuperación que me busque una residencia
privada. Llama desde su despacho a una residencia de la Diagonal, allí tienen
plazas.
Le digo que no, que llevo muchos años cuidando de mi
madre, que la veo cada día y necesito seguir viéndola, que si va allí no podré
ir a verla porque después de trabajar ya no tengo fuerzas, que tengo una disminución
reconocida. Insisto en que ya tengo concedida la plaza en la residencia pública
del barrio y que es la que me corresponde. Allí tienen a muchos
imposibilitados, no veo por qué no puede ir mi madre.
Voy a ver a la trabajadora social de la residencia del
barrio y me dice que, si se rompe el fémur alguno de sus residentes que antes
andaba, como es el caso de mi madre, ellos se preocupan de que los operen
enseguida porque sólo así pueden tener posibilidad de recuperación. Me dice que,
aunque tenga la plaza adjudicada, sólo puede ir cuando haya hecho la
recuperación.
Pasa otra doctora del Hospital por la habitación, me
pregunta si antes caminaba bien, le digo que sí. Dice que intentaran la
rehabilitación, pero aún no la han puesto de pie, como hacen con las otras que
operan.
Finalmente la envían al sociosanitario. - Sólo por unos días, aclaran.
Me llama la trabajadora social del sociosanitario:
- Tiene que buscar residencia. La próxima
semana.
- Pero ya tengo
concedida la plaza en la residencia
pública.
- Sí pero allí no la
quieren en estas condiciones. No podemos hacer nada más, en dos semanas como máximo se la tiene que llevar a su casa o
a donde quiera.
Me da una lista de residencias. Ninguna a la que yo
pueda ir fácilmente excepto la residencia a la que había de ir. A casa no puedo
traerla, no puedo moverle ni una pierna, he tenido cuidadora mientras he podido
substituir a las cuidadoras, tenerla sin poder cuidarla me genera una angustia
tan grande que prefiero morir con ella.
Lo pensé entonces, lo digo ahora.
Salgo a la calle. Sollozo a raudales mientras los
coches pasan a mi lado. ¿Por qué no se puede ni hablar de eutanasia y en cambio
no se dispone de sistema sanitario cuando más se precisa? Pasan muchas cosas
por mi cabeza, tan rápidas como el tráfico. Subo a la habitación de mi madre. Me
mira con su sonrisa beatífica. Me siento a su lado. Me sobrevienen de nuevo los
sollozos. Callo de golpe cuando oigo a mi madre llorar de la misma manera angustiosa
que yo.
Una enfermera me ve y me explica que el sociosanitario
es para tres cosas: recuperación, para cuidarles cuando se han llagado o para
paliativos. Le digo a la trabajadora social que el segundo caso también
corresponde a mi madre. Me dice que ella ha entrado por recuperación y no por
“larga duración” que hubiera sido el segundo caso y que como no hay
recuperación, me la tengo que llevar.
Llama delante de mí a una residencia de otro barrio de
l’Hospitalet, les miente descaradamente delante de mí diciendo que mi madre
tiene un Alzheimer medio, cuando es un Alzheimer grado 7 (el último), la única
cosa que hacía era andar llevada de la mano. Le hago ver que ha mentido y me
dice que… ¡es para ayudarme!
Me voy indignada. Ya no lloro. Llamo a todos los
resortes que puedo.
Finalmente, desde el Ayuntamiento, una enfermera y
trabajadora social me dice que no la pueden echar de allí si se llagó en el
hospital.
Mi madre se queda allí, 6 meses, el tiempo medio a
partir del cual todos se van: a su casa, más o menos rehabilitados, a una
residencia o al tanatorio, como fue el caso.
Yo le hubiera ahorrado esos seis meses.
Al cabo de un tiempo me cruzo con la trabajadora
social de la residencia del barrio, me dice que siente mucho todo lo que pasó. Le
doy las gracias y me voy. Hice lo que tenía que hacer y, a pesar vuestro, acompañé
a mi madre hasta el final.
Mª Ángeles
García-Carpintero
Después de 10 años lo hago
público por si a alguien le sirve mi experiencia.