La voz de las mujeres: L’HOSPITALET DE LLOBREGAT ISSN2462-6325
Mª Àngels García-Carpintero Sánchez-Miguel
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El
primer libro de viajes fue escrito por una mujer hispana.
Egeria, la primera mujer escritora de Hispania, es
prácticamente una desconocida. Escribió el relato de su viaje de peregrinación
a Tierra Santa en forma de cartas para sus “dominae et sórores” (“estimadas
hermanas”) donde va narrando todo lo que ve, en las postrimerías del S. IV, en
su travesía por la “Vía Domitia” hasta llegar a la “pars orientis” del Imperio,
Constantinopla, desde donde recorrerá lugares bíblicos como el monte Sinaí y
visitará ermitas y ermitaños.
En el S. XI
algún buen monje copió los restos de algunas de estas cartas en un pergamino
que permaneció relegado hasta que fue hallado en una biblioteca italiana en
1884 y, tras una ardua investigación, se pudo poner nombre a esta matrona
hispana que escribió el primer libro de viajes en el que nos da una idea de la
circulación de creencias, esas de las que las palabras son portadoras, en un
incipiente medio de transmisión escrito, la carta, de manera amena y precisa
para que pudiera ser recreada al leer, contar y propagar de forma oral su
contenido.
Egeria, de noble
estirpe, fue, sin duda y a pesar de su posición, una mujer osada y valiente,
culta en toda la amplitud del concepto, modesta en sus maneras pues no pretende
lucirse ella con su erudición sino conocer y comunicar, tierna y servicial pues
va a ver a los ermitaños ancianos que no pueden salir a recibirla, una mujer
que disfruta de un viaje que le permite abrirse y conectar, realizando un
itinerario espiritual desde la realidad que siente, percibe e interpreta.
Las frescas
cartas de Egeria, su aproximación a Oriente, a los lugares sagrados, su deseo
de conocer para hacer saber, su veneración a los monjes y santos contrastan con
las lecciones de los primeros padres de la iglesia en las que se dará cuenta de
las complejidades de los primeros concilios para establecer unos dogmas que más
que unir, separan, con honrosas excepciones, claro está.
Os invitamos a
leer la edición de Carlos Pascual, con la que, además de la frescura de los
restos de sus textos, tendremos una magnífica introducción que nos situará en
el contexto del cambio de era en que vivió Egeria, así como las peripecias de
un escrito que permaneció anónimo y olvidado hasta que alguien se empeñó en
rescatarlo y darlo a conocer.
