La cuadriga
que maneja el Papa o por quién hemos de llorar.
La voz de
las mujeres: L’HOSPITALET
DE LLOBREGAT ISSN2462-6325
Mª Àngels García-Carpintero Sánchez-Miguel
La entrevista que hizo Jordi Évole al papa
Francisco fue una gran oportunidad para ver al líder del catolicismo romano
como lo que es, un ser humano, sólo por eso ya estuvo bien. Un ser humano que
maneja una institución muy potente con fuerzas que tiran de ella en direcciones
opuestas. Si muchos nos sentimos esponjados al solicitar nuestras lágrimas para
los que intentan llegar a nuestros lares atravesando los muros infranqueables y
dañinos que les ponemos, algunos nos comenzamos a inquietar ante los temas
sexuales y de género abordados en la entrevista. Vamos a plantearnos por qué.
Cuando el Papa reclama nuestras lágrimas para
los inmigrantes está apelando al sentimiento y a la conciencia. Está mal lo que
hacemos. Muy mal. Somos tan inhumanos como las concertinas, como el no dejar
salir barcos humanitarios, como el perseguir al que ayuda. Un tema complejo, el
de los refugiados, pero ¿son esas las medidas que debemos utilizar? No, aunque
sólo sea porque se nos volverán en contra, como nos recordó el Papa. Deberíamos
plantear en serio el asunto y dejarnos de tantas disputas inútiles en las que
pierden fuerza los políticos, esos que se disputan el poder. Hace falta otra
política, la que atienda los problemas, la que ya se hace desde algunos
Ayuntamientos.
¿Por qué no nos pidió lágrimas para las
víctimas de la pederastia? También las merecen y mucho, les han arruinado la
vida y la Iglesia, aparte de tapar -cosa que Francisco justifica como propio de
otro tiempo-, no alejó a esas personas de las criaturas, permitió que siguieran
abusando de ellas enviándoles a zonas más pobres. Se han de verter muchas
lágrimas por ello. Igualmente, el no abortar es una elección, la posibilidad de
abortar en buenas condiciones es una necesidad o ¿es que se han de traer
criaturas a padecer una vida desgraciada?, ¿se han de condenar las mujeres que
no puedan –o no quieran- criar un hijo? El aborto es un medio anticonceptivo,
el más duro para la mujer, pero es una necesidad y como tal se ha de respetar apoyando
a la mujer que pasa por ese trance. Se han de verter muchas lágrimas por lo que
se les ha hecho a las mujeres en todos los tiempos y lugares, como actualmente
ocurre.
Ayer leía un fragmento de Giordano Bruno y me
saltaban las lágrimas, Bruno, tan espiritual, tan sabio, quemado en la hoguera
por hereje..., estuve en la plaza Narbona, me impresionó esa estatua de gran
hombre que fue hecho arder. Vierto lágrimas si lo recuerdo.
Entendedme bien, no soy mejor que nadie, tengo
hipersensibilidad y aun así no puedo verter lágrimas por todo el mundo. No
vierto lágrimas por todos los que mueren ahogados, lo único que puedo hacer es
conocerlo, apoyar a los que apoyan su causa, negarme a verter lágrimas por una
imagen que estimula mi sensibilidad, cuando son tantas y tantos de los que no
tenemos imágenes.
Sólo lloramos por lo que conocemos y sólo
amamos a quienes conocemos. Me hacen saltar unas lágrimas que contengo los que
han conseguido llegar y me cuentan su historia de superación, esfuerzo y esperanza;
me hacen saltar lágrimas los que conozco leyendo o en documentales y films,
como el de “Promise” sobre el genocidio armenio, con ellos me abono, luego, con
mis alumnos armenios me entrego a aprender y a enseñar con una esperanza tan
grande como la suya. Nos realimentamos de esperanza. Una esperanza que
alimentan las víctimas que salen adelante y perdonan, como algunas que conozco
de abusos, un signo contradictorio, porque lo que sufrieron me movería al
llanto, pero es un llanto que contengo porque si ellas lo superaron y lo han
convertido en canto de amor ¿cómo no voy a hacerlo yo? Y aun así, me sigue
doliendo. Los que hieren la infancia son lo peor. Y si están enfermos lo son
quienes los amparan. Hay que reconocer que el Papa ha sido valiente y ha
empezado el camino de no amparar estos dañinos comportamientos, pero el Papa
conduce una cuadriga y no puede pedir lágrimas por todos, porque entonces
frenaría la cuadriga, o caería.
No podemos llorar por todos, pero todos y
todas merecen nuestras lágrimas. La libertad de poder hacerlo es lo mejor para una
cristiana de a pie.
Mª Ángeles García-Carpintero
L’H, 2 de
Abril de 2014