martes, 2 de abril de 2019

La cuadriga que maneja el Papa o por quién hemos de llorar.


La cuadriga que maneja el Papa o por quién hemos de llorar.
La voz de las mujeres:   L’HOSPITALET DE LLOBREGAT ISSN2462-6325

Mª Àngels García-Carpintero Sánchez-Miguel

La entrevista que hizo Jordi Évole al papa Francisco fue una gran oportunidad para ver al líder del catolicismo romano como lo que es, un ser humano, sólo por eso ya estuvo bien. Un ser humano que maneja una institución muy potente con fuerzas que tiran de ella en direcciones opuestas. Si muchos nos sentimos esponjados al solicitar nuestras lágrimas para los que intentan llegar a nuestros lares atravesando los muros infranqueables y dañinos que les ponemos, algunos nos comenzamos a inquietar ante los temas sexuales y de género abordados en la entrevista. Vamos a plantearnos por qué.
Cuando el Papa reclama nuestras lágrimas para los inmigrantes está apelando al sentimiento y a la conciencia. Está mal lo que hacemos. Muy mal. Somos tan inhumanos como las concertinas, como el no dejar salir barcos humanitarios, como el perseguir al que ayuda. Un tema complejo, el de los refugiados, pero ¿son esas las medidas que debemos utilizar? No, aunque sólo sea porque se nos volverán en contra, como nos recordó el Papa. Deberíamos plantear en serio el asunto y dejarnos de tantas disputas inútiles en las que pierden fuerza los políticos, esos que se disputan el poder. Hace falta otra política, la que atienda los problemas, la que ya se hace desde algunos Ayuntamientos.
¿Por qué no nos pidió lágrimas para las víctimas de la pederastia? También las merecen y mucho, les han arruinado la vida y la Iglesia, aparte de tapar -cosa que Francisco justifica como propio de otro tiempo-, no alejó a esas personas de las criaturas, permitió que siguieran abusando de ellas enviándoles a zonas más pobres. Se han de verter muchas lágrimas por ello. Igualmente, el no abortar es una elección, la posibilidad de abortar en buenas condiciones es una necesidad o ¿es que se han de traer criaturas a padecer una vida desgraciada?, ¿se han de condenar las mujeres que no puedan –o no quieran- criar un hijo? El aborto es un medio anticonceptivo, el más duro para la mujer, pero es una necesidad y como tal se ha de respetar apoyando a la mujer que pasa por ese trance. Se han de verter muchas lágrimas por lo que se les ha hecho a las mujeres en todos los tiempos y lugares, como actualmente ocurre.
Ayer leía un fragmento de Giordano Bruno y me saltaban las lágrimas, Bruno, tan espiritual, tan sabio, quemado en la hoguera por hereje..., estuve en la plaza Narbona, me impresionó esa estatua de gran hombre que fue hecho arder. Vierto lágrimas si lo recuerdo.
Entendedme bien, no soy mejor que nadie, tengo hipersensibilidad y aun así no puedo verter lágrimas por todo el mundo. No vierto lágrimas por todos los que mueren ahogados, lo único que puedo hacer es conocerlo, apoyar a los que apoyan su causa, negarme a verter lágrimas por una imagen que estimula mi sensibilidad, cuando son tantas y tantos de los que no tenemos imágenes.
Sólo lloramos por lo que conocemos y sólo amamos a quienes conocemos. Me hacen saltar unas lágrimas que contengo los que han conseguido llegar y me cuentan su historia de superación, esfuerzo y esperanza; me hacen saltar lágrimas los que conozco leyendo o en documentales y films, como el de “Promise” sobre el genocidio armenio, con ellos me abono, luego, con mis alumnos armenios me entrego a aprender y a enseñar con una esperanza tan grande como la suya. Nos realimentamos de esperanza. Una esperanza que alimentan las víctimas que salen adelante y perdonan, como algunas que conozco de abusos, un signo contradictorio, porque lo que sufrieron me movería al llanto, pero es un llanto que contengo porque si ellas lo superaron y lo han convertido en canto de amor ¿cómo no voy a hacerlo yo? Y aun así, me sigue doliendo. Los que hieren la infancia son lo peor. Y si están enfermos lo son quienes los amparan. Hay que reconocer que el Papa ha sido valiente y ha empezado el camino de no amparar estos dañinos comportamientos, pero el Papa conduce una cuadriga y no puede pedir lágrimas por todos, porque entonces frenaría la cuadriga, o caería.
No podemos llorar por todos, pero todos y todas merecen nuestras lágrimas. La libertad de poder hacerlo es lo mejor para una cristiana de a pie.
Mª Ángeles García-Carpintero
L’H, 2 de Abril de 2014