lunes, 19 de diciembre de 2016

3.6. Poesía. La gran Voz de la humanidad.

3.6.    Poesía. La gran Voz de la humanidad.
“Nocturno el río de las horas fluye
desde su manantial que es el mañana eterno.”[1] L’HOSPITALET DE LLOBREGAT, ISSN 2462-6325
Para Heidegger el hablar que recoge el “Decir” del lenguaje es el que se expresa en el pensamiento y en la poesía. Ambos se pertenecen. La esencia del lenguaje es poetizar y pensar.
La poesía, no es un simple adorno de la existencia, ni un entretenimiento, o entusiasmo pasajero, la poesía, como el pensar, trae los entes a presencia a través de su palabra, funda lo que perdura sobre la tierra y lo hace en forma de donación gratuita. La poesía, nos dice Heidegger es el soporte de la Historia. El lenguaje poético descubre de una forma velada, descubre y encubre, este claro-oscuro es el que permite traer el Ser al “cuidado del ser”.
María Zambrano nos explica la relación de estos dos lenguajes, el filosófico y el poético, con la luz. El Logos de la filosofía, nos dice, traza sus límites dentro de la luz. El de la poesía cobra su fuerza en los peligros límites en que la luz se disuelve, en las tinieblas más allá de lo inteligible (…) Pero la poesía nació como ímpetu hacia la claridad desde las zonas oscuras, por eso precede a la Filosofía y le ayuda a nacer. Sin poesía previa la razón no hubiera podido articular su claro lenguaje.”[2]
La poesía se puede entender como un género “culto” o como un lenguaje puramente intimista fundamentado en la forma, pero la poesía es también el género más popular, al sentir de la cual se puede acceder sin estudios. La poesía tiene su origen en la oralidad, pudo nacer antes de la historia escrita. Poesía, propiamente dicho, no es nunca meramente un modo más elevado del habla cotidiana.  Al contrario, es más bien es el hablar cotidiano un poema olvidado y agotado por el desgaste, nos dice Heidegger. El teatro, los romances rimados, las canciones… han acercado la poesía a las clases populares que se han abierto a este lenguaje proveniente de tiempos míticos.
La poesía es secreto hablado que necesita escribirse para fijarse, no para producirse, el poeta dice con su voz la poesía, canta o llora su secreto.[3]
La poesía nace de la nostalgia, no tanto de lo realmente perdido, como de lo anhelado, de la ausencia que produce angustia, [4]de tal manera que, cuando se halla se produce un reencuentro. La poesía Épica, nos dice esta filósofa española, es la memoria piadosa sobre el pasado que se expondrá al recién llegado (el que viene de fuera o el de las nuevas generaciones) para calmarlo. La Lírica es, ante todo, llanto, Elegía, en ella la palabra se abrirá al silencio y podrá dar la palabra creadora.
La poesía social, junto con la sátira, es el lenguaje en que las clases populares se expresan, se conciencian, se interpelan y se exhortan. Es, además, un lenguaje auténtico pues nace del grito de la necesidad y suena con la melodía de la verdad, la justicia y el deseo del amor.
Todo gran poeta, nos dice Heidegger, poetiza sólo desde un único Poema. En su brotar, cada poema del Poema único remueve como una ola su decir y refluye hacia el origen cada vez más velado del “Decir”[5].
El lenguaje cercano, humano y comprensible que nos remite a lo antiguo y originario, a lo inalcanzable pero deseable; la palabra veraz y contundente que condensa las vivencias en una clara intuición o la realidad manifiesta ante la que se nos conmueven las entrañas en la voz que toma la responsabilidad de la cura, despiertan nuestro oído interior hacia una voz que no es mera retórica sino que es todo un clamor: El clamor de la humanidad.



[1] Unamuno, M. (Citado por J. L. Borges en “Historia de la eternidad”)
[2] Zambrano, María (2005) Hacia un saber sobre el alma, p. 162
[3] Zambrano, María (2000) Hacia un saber del alma. (1ª ed. 1987) Por qué se escribe. P. 38
[4] Zambrano, María (2000) Hacia un saber del alma. (1ª ed. 1987) Apuntes sobre el tiempo y la poesía.
[5] Heidegger, M. El habla en el poema.

domingo, 11 de diciembre de 2016

3.5. La voz que aglutina.

3.5.    La voz que aglutina.
“Pero Rut dijo: No insistas que te deje o que deje de seguirte; porque adonde tú vayas, iré yo, y donde tú mores, moraré. Tu pueblo será mi pueblo, tu dios será mi dios, donde tu mueras, moriré yo.…”[1] L’HOSPITALET DE LLOBREGAT, ISSN 2462-6325
Aunque la Biblia es un libro que refleja el patriarcado con las costumbres y símbolos propios de las sociedades que lo fundamentan, hay relatos que rompen con lo establecido. Uno de ellos es el de Abraham negándose (aunque se exprese en el “decir” de un ángel) a sacrificar a su hijo, como era costumbre en esas civilizaciones. Abrahan intenta ser fiel con los ritos pero es más fiel a “la palabra” que siente en su interior y que lo lleva a romper con las tradiciones de muerte eligiendo la vida. Abraham es considerado el padre de las tres religiones del libro: judíos, cristianos y musulmanes.
Otro relato, no tan conocido, es el que podemos leer en el libro de Rut. Rut, la viuda moabita (una extranjera), se adhiere a su suegra, Noemí, por amor. Rut engendrará, de un pariente de Noemí, a Obed, abuelo de David. Mateo[2], en la genealogía masculina del inicio de su Evangelio, menciona a Rut, como menciona a la mujer de Urías, madre de Salomón, concebido por el pecado de David al mandar a Urías a la guerra para que este muriera y poder tener a su mujer, como así fue. No hay más nombres de mujer hasta María, mujer de José, ya que de él  es esta línea genealógica. Se incluye al foráneo (y además mujer), al fruto del pecado de un rey (del que siempre se arrepintió) y al considerado padre adoptivo, como parte de la línea de la vida.
Muchas voces se alzan intentando liderar movimientos, no todas han sido o son seguidas, o lo son por un tiempo y luego caen en el olvido. Las consignas, prédicas y proclamas pueden aglutinar en un momento dado, cuando deseas unirte a un grupo, hasta que vuelves a oír la voz de la propia conciencia y consciencia. La voz que aglutina es la de verdad, la justicia y la razón. Esas voces suelen ser acalladas, es el riesgo que se corre. Cuando te aíslan por decir la verdad tienes que atravesar el desierto que se te abre por delante. El desierto es duro, en él te encuentras sólo o sola, te enfrentas con tus angustias y miedos, las reconoces, aceptas llevarlas contigo, descubres lo que, en el fondo, te mueve, te sabes vulnerable… excavando en tu interior encuentras un pozo, emerges, sacas un agua limpia, bebes de esa agua, te quedas donde estas, has encontrado tu centro, acoges a caminantes, dialogas, te conviertes en la voz que aglutina, no por decir lo que piensas sino por reconocer la verdad que cada uno lleva consigo.
El agua de tu pozo es el agua de la fuente que mana el agua viva, es la que transmite la corriente vivida por otros y que dará vida a otros. La reconoces en el pozo interior de cada uno de los otros.
La voz que aglutina es la voz que se adhiere a la causa del otro, es la voz que entra en relación para dar más voz, es la voz acallada que desde el silencio deja escuchar el agua de la fuente.



[1] Libro de Rut 1:16
[2] Evangelio según S. Mateo