domingo, 11 de diciembre de 2016

3.5. La voz que aglutina.

3.5.    La voz que aglutina.
“Pero Rut dijo: No insistas que te deje o que deje de seguirte; porque adonde tú vayas, iré yo, y donde tú mores, moraré. Tu pueblo será mi pueblo, tu dios será mi dios, donde tu mueras, moriré yo.…”[1] L’HOSPITALET DE LLOBREGAT, ISSN 2462-6325
Aunque la Biblia es un libro que refleja el patriarcado con las costumbres y símbolos propios de las sociedades que lo fundamentan, hay relatos que rompen con lo establecido. Uno de ellos es el de Abraham negándose (aunque se exprese en el “decir” de un ángel) a sacrificar a su hijo, como era costumbre en esas civilizaciones. Abrahan intenta ser fiel con los ritos pero es más fiel a “la palabra” que siente en su interior y que lo lleva a romper con las tradiciones de muerte eligiendo la vida. Abraham es considerado el padre de las tres religiones del libro: judíos, cristianos y musulmanes.
Otro relato, no tan conocido, es el que podemos leer en el libro de Rut. Rut, la viuda moabita (una extranjera), se adhiere a su suegra, Noemí, por amor. Rut engendrará, de un pariente de Noemí, a Obed, abuelo de David. Mateo[2], en la genealogía masculina del inicio de su Evangelio, menciona a Rut, como menciona a la mujer de Urías, madre de Salomón, concebido por el pecado de David al mandar a Urías a la guerra para que este muriera y poder tener a su mujer, como así fue. No hay más nombres de mujer hasta María, mujer de José, ya que de él  es esta línea genealógica. Se incluye al foráneo (y además mujer), al fruto del pecado de un rey (del que siempre se arrepintió) y al considerado padre adoptivo, como parte de la línea de la vida.
Muchas voces se alzan intentando liderar movimientos, no todas han sido o son seguidas, o lo son por un tiempo y luego caen en el olvido. Las consignas, prédicas y proclamas pueden aglutinar en un momento dado, cuando deseas unirte a un grupo, hasta que vuelves a oír la voz de la propia conciencia y consciencia. La voz que aglutina es la de verdad, la justicia y la razón. Esas voces suelen ser acalladas, es el riesgo que se corre. Cuando te aíslan por decir la verdad tienes que atravesar el desierto que se te abre por delante. El desierto es duro, en él te encuentras sólo o sola, te enfrentas con tus angustias y miedos, las reconoces, aceptas llevarlas contigo, descubres lo que, en el fondo, te mueve, te sabes vulnerable… excavando en tu interior encuentras un pozo, emerges, sacas un agua limpia, bebes de esa agua, te quedas donde estas, has encontrado tu centro, acoges a caminantes, dialogas, te conviertes en la voz que aglutina, no por decir lo que piensas sino por reconocer la verdad que cada uno lleva consigo.
El agua de tu pozo es el agua de la fuente que mana el agua viva, es la que transmite la corriente vivida por otros y que dará vida a otros. La reconoces en el pozo interior de cada uno de los otros.
La voz que aglutina es la voz que se adhiere a la causa del otro, es la voz que entra en relación para dar más voz, es la voz acallada que desde el silencio deja escuchar el agua de la fuente.



[1] Libro de Rut 1:16
[2] Evangelio según S. Mateo

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