domingo, 22 de enero de 2017

MENTIRAS

1   Mentiras
Crecimos rodeados de silencio y envueltos de mentiras. No sólo en la infancia fascista de la postguerra. No sólo mientras el franquismo daba los últimos coletazos y le ayudábamos a caer desde diversos frentes, mientras nos preparaban esta tibia y vomitiva democracia que tenemos ahora.  Las más grandes mentiras las oí en la Universidad, allí las mentiras “sientan cátedra”.
La visión que se tiene de los barrios obreros, por ejemplo, estaba, y aún está, llena de prejuicios y de estereotipos. - ¿Tú eres de Bellvitge? Bueno debes ser un caso raro. – No, justamente soy fruto de la educación recibida en el barrio. Cara de póker. – En esos barrios no viven catalanes, por eso apenas oyes hablar un catalán de clase baja. ¿Cómo lo sabes? ¿Has vivido allí? ¿Te has paseado por las calles? ¿Has tenido vecinos en esos barrios?
La visión del mundo, para algunos, desde la tarima, es nefasta: - Somos demasiados, en los próximos años sobrarán muchas personas. ¿Sobrarán?, si así lo crees di, al menos, sobraremos. Para nosotros los otros son “ellos”, pero nosotros somos “ellos” para otros.
Barbaridades más grandes se oyen en los cafés o los mercados, pero en la Universidad se tendría que hablar con propiedad y respeto a la inteligencia y al saber recogido. Se hace valer la ciencia para fundar las creencias, citando escasos y tendenciosos estudios pseudocientíficos. Nunca se habla de lo que no conviene, como, por ejemplo de la crueldad y de la a menudo menudencia de la denominada “ciencia”. Evidentemente, no hablo en contra de la ciencia, pero sí de que se la endiose como se endiosan muchos que hablan desde cualquier púlpito. La lógica preponderante sigue siendo la lógica cartesiana, la que se desarrolla partiendo de premisas, pero ¿y si son falsas las premisas? Todo se desmorona.
No hay conocimiento más grande que el que revela la intuición. La intuición no es irracional, como algunos pretenden hacernos creer. Con la intuición “ves”. Nada más certero que la intuición sobre la base de la razón que atiende al corazón, del conocimiento que da la experiencia, del pensar que promueven los que de verdad estimulan nuestra mente desde las preguntas y no desde las doctrinas, del interés por estar de  parte de lo bueno, lo cierto, lo justo. El pensamiento intuitivo se desenvuelve en ondas, como el agua, el sonido o los astros en el cielo. Esa es la manera de desenvolver nuestro pensar los excluidos: algunas mujeres, algunos filósofos, los auténticos artistas, los locos y  los niños. Lo desprecian porque no lo alcanzan.
Luego están las historias, las muertas y las mortales, escritas desde lo ya escrito, desde la falta de conocimiento real, desde las tendencias y desde el sometimiento, la humillación y el aniquilamiento. Esa es la historia que nos hacían tragar sin paliativos. La historia, como la lengua, está viva y es abierta, receptiva y plural o no es. La historia ha de buscar como todas las disciplinas, la verdad, aunque ésta nunca se alcance. La verdad sólo accede a crear en nosotros adhesión o rechazo. Adhesión porque estamos dispuestos a conocer  nuestras miserias, a intentar comprender las razones del otro y a aceptar las consecuencias de nuestros actos.
Si en la Universidad oyes algunas mentiras, los medios las propagan a raudales y por doquier. El “Gran Hermano” de la novela 1984 de George Orwell o el más dulcificado “Mundo Feliz” de Aldous Huxley,  ya están aquí. Y da pavor. Todo se vuelve en contra de las personas, grupos y entidades que intentan con todas sus fuerzas contrarrestar la iniquidad y la malevolencia. No os penséis que son pocas, no, son muchas, pero el sistema nos engulló a todos y es más fuerte. Se hace pasar por criminal al que vive al margen del sistema. Se condena al que denuncia los delitos del sistema. Luego, el sistema fagocitará esos cambios y promoverá leyes para contrarrestar aquellos delitos, pero ya se habrán ingeniado otros. Mientras tanto, los inocentes habrán sido crucificados, eso sí, luego los subirán a los altares.
Las instituciones no tienen más misión que la supervivencia del sistema, de cualquier sistema con su carga de mentiras. Si en algo coinciden todas las instituciones sean de signo religioso, político o social, sean “carcas” o de ideas avanzadas es en el ejercicio del poder, el que se ejerce con presión y mentira. Las instituciones fijan y dan esplendor a las mentiras. No es sólo lo que se dice incorrecta y falsamente, es también lo que se acalla, lo que se insinúa y se lanza a la murmuración y al descrédito, lo que se exagera con intención de ridiculizar, lo que se tergiversa sesgadamente y es también lo que acaba en manos de los que lo socavaban y lo proclaman como propio.
Sólo hay dos maneras de hablar: discursear proclamas o escuchar y, desde la escucha, conversar, decirse de alguien a alguien, entenderse. Aguanté muchas horas de prédicas. Me aburristeis mucho. Desconectaba y fantaseaba. Esta sería una tercera forma de hablar: Fantasear. Sólo queda lo que se ha escuchado, lo que se comprende, lo que se integra, lo que se hace vida… y los sueños, siempre nos quedarán los sueños.

Me enseñaron que lo peor de todo era la mentira. No sabía, no sé, mentir. La mirada infantil es así, limpia, libre de prejuicios, veraz y contundente, aunque sesgada y limitada. Los niños siempre dicen la verdad, a su manera, hay que saber escuchar, recuperar esa voz que nos dice la verdad. Me escuché. Me sobrevino una gran certeza: toda mi vida era una mentira, vivía instalada en la mentira, intentando ocultar lo que me avergonzaba. Al final todo es vanidad. Me adherí a esa verdad.