- - ¡Socorro…! ¿Hay alguien
ahí?
La voz de las mujeres. Lenguaje compartido y
transmitido.
Mª Àngels García-Carpintero Sánchez-Miguel
L’HOSPITALET DE LLOBREGAT, ISSN 2462-6325
Cuando hemos estado hospitalizados o acompañando a algún
familiar directo sabemos que, aunque agradezcamos al médico que ha acertado en
un diagnóstico o que ha concluido bien una intervención, quienes se han cuidado
realmente de nosotros son las enfermeras y auxiliares. Sabemos, también que en
la “Seguridad Social” no hay seguridad laboral, los empleados suelen ir
encadenando contratos, uno detrás de otro, mientras puedan, así funciona
nuestro sistema de salud que, si no va aún a peor es porque ellos y ellas están
aguantando un edificio minado que se desmorona. Pero las fuerzas se acaban.
Ella es una auxiliar clínica y de geriatría que a sus 56
años no ha conseguido una estabilidad laboral, ha ido encadenando contratos. En
2010 corre a atender el timbre del baño de un enfermo, se resbala, se rompe los
tendones y un hueso del hombro, pero durante mes y medio continúa trabajando
porque según la mutua: “es una contusión”. Será el primer accidente laboral que
la mutua no reconoce hasta dos años más tarde en los que ha ido pasando por
diferentes situaciones traumáticas de las que su salud se resiente. En 2012 le
hacen una revisión, en un informe se hace constar que durante 6 meses no puede
hacer esfuerzos, informe que ella desconoce, informe que no le llega hasta el
2017 después de reclamar al Síndic de greuges y apelar a la “Llei de
transparencia”. En 2012, sin saber los resultados de ese informe que desconoce,
atiende a un anciano en el baño que se le cae encima desde la precaria silla
donde le asea. Nuevo accidente laboral no reconocido. Nueva rotura del otro
hombro. Nueva operación. Esta vez ha habido también un desprendimiento de
retina del que tiene que costearse una operación para no perder el ojo. Nuevo
calvario pasando por la humillación del ICAM, por la agonía de no ser atendida
como cualquier persona merece.
Ella está ya destrozada, en estos dos años ha desencadenado
una fibromialgia que ahora ya es severa, aun así sigue con sus contratos, necesita
trabajar, no hay problema, tiene un buen currículum, lo único que sucede que
ella ya no es la misma, sucede que ya no aguanta el doblar turnos, sucede que
tiene que mantenerse a base de calmantes del dolor, sucede que le da vergüenza
seguir explicando sus miserias a amigos y familiares que ya le ayudaron a pagar
su operación ocular, sucede que se va aislando, que no se atreve a dejar que lo
noten en el trabajo porque en cualquier momento le pueden rescindir el contrato
alegando que “no da el perfil”. Sucede que su vida que antes era alegre y
activa ha cambiado, no puede mantener el ritmo y condiciones de su trabajo, sucede
que después de una vida dedicada a atender personas, su situación laboral es
tremendamente precaria. Sucede que sus mínimos ingresos no le dan para pagar su
alquiler… Sucede que se siente sola, que no sabe dónde acudir porque sabe que
si va a urgencias la dejarán en una camilla, porque su caso no es de urgencias
hospitalarias, pero ¿hay alguien para su caso? Mala salud y precariedad laboral
tras haber trabajado y cotizado largos años ¿cómo se resuelve? ¿Dejando que se
mueran de pena y de miseria?
Por lo menos seamos conscientes de que tenemos un sistema
de mierda.
8 de marzo de 2018
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