miércoles, 7 de marzo de 2018

- ¡Socorro…! ¿Hay alguien ahí?


-     -  ¡Socorro…! ¿Hay alguien ahí?
La voz de las mujeres. Lenguaje compartido y transmitido.

Mª Àngels García-Carpintero Sánchez-Miguel
L’HOSPITALET DE LLOBREGAT, ISSN 2462-6325


Cuando hemos estado hospitalizados o acompañando a algún familiar directo sabemos que, aunque agradezcamos al médico que ha acertado en un diagnóstico o que ha concluido bien una intervención, quienes se han cuidado realmente de nosotros son las enfermeras y auxiliares. Sabemos, también que en la “Seguridad Social” no hay seguridad laboral, los empleados suelen ir encadenando contratos, uno detrás de otro, mientras puedan, así funciona nuestro sistema de salud que, si no va aún a peor es porque ellos y ellas están aguantando un edificio minado que se desmorona. Pero las fuerzas se acaban.
Ella es una auxiliar clínica y de geriatría que a sus 56 años no ha conseguido una estabilidad laboral, ha ido encadenando contratos. En 2010 corre a atender el timbre del baño de un enfermo, se resbala, se rompe los tendones y un hueso del hombro, pero durante mes y medio continúa trabajando porque según la mutua: “es una contusión”. Será el primer accidente laboral que la mutua no reconoce hasta dos años más tarde en los que ha ido pasando por diferentes situaciones traumáticas de las que su salud se resiente. En 2012 le hacen una revisión, en un informe se hace constar que durante 6 meses no puede hacer esfuerzos, informe que ella desconoce, informe que no le llega hasta el 2017 después de reclamar al Síndic de greuges y apelar a la “Llei de transparencia”. En 2012, sin saber los resultados de ese informe que desconoce, atiende a un anciano en el baño que se le cae encima desde la precaria silla donde le asea. Nuevo accidente laboral no reconocido. Nueva rotura del otro hombro. Nueva operación. Esta vez ha habido también un desprendimiento de retina del que tiene que costearse una operación para no perder el ojo. Nuevo calvario pasando por la humillación del ICAM, por la agonía de no ser atendida como cualquier persona merece.
Ella está ya destrozada, en estos dos años ha desencadenado una fibromialgia que ahora ya es severa, aun así sigue con sus contratos, necesita trabajar, no hay problema, tiene un buen currículum, lo único que sucede que ella ya no es la misma, sucede que ya no aguanta el doblar turnos, sucede que tiene que mantenerse a base de calmantes del dolor, sucede que le da vergüenza seguir explicando sus miserias a amigos y familiares que ya le ayudaron a pagar su operación ocular, sucede que se va aislando, que no se atreve a dejar que lo noten en el trabajo porque en cualquier momento le pueden rescindir el contrato alegando que “no da el perfil”. Sucede que su vida que antes era alegre y activa ha cambiado, no puede mantener el ritmo y condiciones de su trabajo, sucede que después de una vida dedicada a atender personas, su situación laboral es tremendamente precaria. Sucede que sus mínimos ingresos no le dan para pagar su alquiler… Sucede que se siente sola, que no sabe dónde acudir porque sabe que si va a urgencias la dejarán en una camilla, porque su caso no es de urgencias hospitalarias, pero ¿hay alguien para su caso? Mala salud y precariedad laboral tras haber trabajado y cotizado largos años ¿cómo se resuelve? ¿Dejando que se mueran de pena y de miseria?
Por lo menos seamos conscientes de que tenemos un sistema de mierda.
8 de marzo de 2018

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