lunes, 28 de enero de 2019

Seis años bajo la sombra del ICAM.


La voz de las mujeres:   L’HOSPITALET DE LLOBREGAT ISSN2462-6325

Mª Àngels García-Carpintero Sánchez-Miguel

Balance de un proceso. Seis años bajo la sombra del ICAM.
Creí morir. Acepté morir. No me moría, sólo que el estado de mi enfermedad había llegado a un grado tal que continuar con el ritmo de trabajo era sentir continuamente que me moría.
20/9/11 Primera baja. Durante seis años mi doctora de familia y su substituto, si era el caso, mantendrían un pulso con el ICAM, seis años en los que fui tomando conciencia de las demasiadas enfermedades que crónicamente me acompañan. Seis años en los que me encontré con la agonía de pasar por unos que hacen más de jueces que de doctores. Jueces con sentencias ya hechas. Una agónica experiencia que aún me reporta pesadillas.
Una docena de esos “doctores”, el trato de los cuales suele ser distante y frío. Sólo una me trató con amabilidad y se estuvo algo más de tiempo dándome explicaciones de cuáles eran los problemas de sus protocolos, no de mis enfermedades que TODOS aceptaron siempre. Dos me maltrataron, una física y ambos verbal y emocionalmente. A los dos denuncié ante el Síndic de Greuges y el col·legi de metges, denuncias que quedaron en una carta de recibo de la exposición detallada de mis quejas.
Todas las visitas fueron muy breves, excepto la última en la que ya tenían decidido que reconocerían mi incapacidad para aguantar el trabajo. En esa visita, en mayo de 2017, reconocieron las mismas limitaciones manifestadas y confirmadas con informes de especialistas y pruebas desde 2011. La única preocupación de esa doctora era cómo lo explicaba sin rebatir a sus compañeros, es lo que iba manifestando mientras escribía. A mí sólo me dijo “- Vd. No debería hablar de esas cosas” al intentar expresar una tímida queja.
Cuando me enteré de que podía pedir el informe que emitían, los empecé a pedir, allí pude ver las contradicciones y lo que es peor… me obviaron una prueba fundamental y no una vez, sino en dos ocasiones la misma prueba.
Correos con el ICAM (más de 20), me hacen entrar en un bucle del que sé que ya no me dejarán salir, me agotan, desisto, pero antes acierto a decir: “venceréis, pero no convenceréis”.
Unos decían que lo importante era una prueba, otros que otra, unos que lo importante es el conjunto de enfermedades, otros que no…, enfermedades que se reconocen y otras que no, limitaciones con las que “si ya llevo 30 años trabajando…” un mar de contradicciones que, si no me ahoga es porque TODO el resto de médicos, cuya profesión es hacer de médicos, reconocen lo que me pasa y lo ponen todo en orden.
No puedo hacer recuento de lo gastado, no quise anotarlo, ¿para qué?, lo pude pagar, que no es poco: informes, peritos, abogados… Dos juicios: un contencioso administrativo y su reclamación. La administración no va en contra de sí misma. El primer juez sentencia que “El ICAM ha seguido sus protocolos” pero que mis padecimientos son ciertos y dictamina que si hubiera gastos pagaríamos a medias. En el Tribunal Superior de Cataluña el juez “riñe” a mi maltratadora. No gano, pero siento satisfacción moral, que no es poco.
Tampoco puedo hacer recuento de la angustia, las lágrimas, el aumento de ansiedad, la impotencia…
Todo este proceso doloroso ha servido para abrir los ojos a las injusticias de un sistema que condena a los enfermos con menos recursos a la indigencia.
Mientras yo pueda y como pueda, defenderé la realidad que muchos no quieren ven y para la que este sistema de riquezas abusivas para unos y miseria para much@s no tiene otra respuesta que el sistema de desechos.
Mª Àngels García-Carpintero, L’H, 28/01/19