La voz de
las mujeres: L’HOSPITALET
DE LLOBREGAT ISSN2462-6325
Mª Àngels García-Carpintero Sánchez-Miguel
Balance de un proceso. Seis años
bajo la sombra del ICAM.
Creí morir.
Acepté morir. No me moría, sólo que el estado de mi enfermedad había llegado a
un grado tal que continuar con el ritmo de trabajo era sentir continuamente que
me moría.
20/9/11 Primera
baja. Durante seis años mi doctora de familia y su substituto, si era el caso,
mantendrían un pulso con el ICAM, seis años en los que fui tomando conciencia
de las demasiadas enfermedades que crónicamente me acompañan. Seis años en los
que me encontré con la agonía de pasar por unos que hacen más de jueces que de
doctores. Jueces con sentencias ya hechas. Una agónica experiencia que aún me
reporta pesadillas.
Una docena de
esos “doctores”, el trato de los cuales
suele ser distante y frío. Sólo una me trató con amabilidad y se estuvo
algo más de tiempo dándome explicaciones de cuáles eran los problemas de sus
protocolos, no de mis enfermedades que TODOS aceptaron siempre. Dos me
maltrataron, una física y ambos verbal y emocionalmente. A los dos denuncié ante
el Síndic de Greuges y el col·legi de metges, denuncias que quedaron en una
carta de recibo de la exposición detallada de mis quejas.
Todas las visitas fueron muy breves, excepto la última en la que ya tenían
decidido que reconocerían mi incapacidad para aguantar el trabajo. En esa
visita, en mayo de 2017, reconocieron las mismas limitaciones manifestadas y
confirmadas con informes de especialistas y pruebas desde 2011. La única
preocupación de esa doctora era cómo lo explicaba sin rebatir a sus compañeros,
es lo que iba manifestando mientras escribía. A mí sólo me dijo “- Vd. No debería hablar de esas cosas” al
intentar expresar una tímida queja.
Cuando me enteré
de que podía pedir el informe que emitían, los empecé a pedir, allí pude ver
las contradicciones y lo que es peor… me obviaron una prueba fundamental y no
una vez, sino en dos ocasiones la misma prueba.
Correos con el
ICAM (más de 20), me hacen entrar en un bucle del que sé que ya no me dejarán
salir, me agotan, desisto, pero antes acierto a decir: “venceréis, pero no convenceréis”.
Unos decían que
lo importante era una prueba, otros que otra, unos que lo importante es el
conjunto de enfermedades, otros que no…, enfermedades que se reconocen y otras
que no, limitaciones con las que “si ya
llevo 30 años trabajando…” un mar de contradicciones que, si no me ahoga es
porque TODO el resto de médicos,
cuya profesión es hacer de médicos, reconocen lo que me pasa y lo ponen todo en
orden.
No puedo hacer recuento de lo gastado, no quise anotarlo, ¿para qué?, lo pude
pagar, que no es poco: informes, peritos, abogados… Dos juicios: un contencioso
administrativo y su reclamación. La administración no va en contra de sí misma.
El primer juez sentencia que “El ICAM ha seguido sus protocolos” pero que mis
padecimientos son ciertos y dictamina que si hubiera gastos pagaríamos a
medias. En el Tribunal Superior de Cataluña el juez “riñe” a mi maltratadora.
No gano, pero siento satisfacción moral, que no es poco.
Tampoco puedo
hacer recuento de la angustia, las lágrimas, el aumento de ansiedad, la
impotencia…
Todo este proceso
doloroso ha servido para abrir los ojos a las injusticias de un sistema que
condena a los enfermos con menos recursos a la indigencia.
Mientras yo pueda
y como pueda, defenderé la realidad que muchos no quieren ven y para la que
este sistema de riquezas abusivas para unos y miseria para much@s no tiene otra
respuesta que el sistema de desechos.
Mª Àngels García-Carpintero, L’H, 28/01/19
Pedí toda la documentación de ICAM y vi también que emitieron los informes del hospital clínic en cada ocasión. Perdí 2 juicios, quizá intento de nuevo después de la próxima baja
ResponderEliminarÁnimo, la verdad está de tu parte.
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