L’HOSPITALET DE LLOBREGAT, ISSN 2462-6325
“La
justicia consiste en vigilar para que no se haga daño a los hombres. Se le está
haciendo daño a un ser humano cuando grita interiormente: ¿Por qué se me hace daño? Se equivoca a menudo en cuanto intenta
darse cuenta de qué mal sufre, quién se lo inflige, por qué se lo inflige. Pero
el grito es infalible. (…) Si se le hace daño a alguien, el mal penetra
verdaderamente en él; no sólo el dolor, el sufrimiento, sino el horror mismo
del mal. (…) Preservar la justicia, proteger a los hombres de todo mal, es ante
todo impedir que se les haga daño.”[3]
La racionalización del trabajo, como la de los recursos, es
algo obvio y necesario que proponen muchos, como nuestra filósofa Simone Weil,
pero ella lo hace desde el pensar y desde su experiencia como obrera en una
fábrica de la que acaba extenuada debido a su frágil salud.
¿Cómo es posible que unos trabajen hasta la extenuación y
se les obligue a seguir en activo cuando ya no pueden rendir y otros muchos
estén esperando acceder al mundo laboral con todas sus energías para ello?
Se nos dice: antes se abusaba y ahora no hay para todos,
pero sí hay para pagar indemnizaciones millonarias a los que nos generaron una
deuda que, sí o sí, tenemos que pagar y ¿realmente se abusa exponiendo la miseria
de la enfermedad? O alimentamos el sistema que nos devora o nos cuidamos, no
hay más opción. El ICAM es uno de los guardianes del sistema capitalista, que lucra
a algunos y que expulsa y condena a la miseria a muchos más.
PAICAM, como o la PAH, como el “No a la Guerra” intenta,
desde la experiencia de la extenuación, el dolor y la indigencia, apoyarnos
mutuamente ante las grandes puertas del sistema que nos ha expulsado a la
intemperie ¿porqué se nos hace daño?, nos preguntamos.
Mª Ángeles García-Carpintero Sánchez-Miguel, miembro de
PAICAM, marzo, 2017
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