La voz de las mujeres. Lenguaje compartido y
transmitido.
Mª Àngels García-Carpintero Sánchez-Miguel
L’HOSPITALET DE LLOBREGAT, ISSN 2462-6325
Sin
ánimo de ser exhaustiva, unas reflexiones que no son sólo en referencia al 1-O
DEL
DOMINIO Y SUS RESISTENCIAS
Las formas más primitivas y arcaicas para intentar ejercer
el dominio responden a la violencia física y verbal, son las más fácilmente
reconocibles. Ante ese tipo de violencia podemos plantearnos:
·
Reconocer el dolor del
que grita o agrade. Atender a ese dolor o no.
·
Retirarnos sintiéndonos
ni ofendidos ni ofensores
· Responder. Antes de lo
cual sería bueno pensar las posibilidades de respuesta, las características de
esa violencia recibida: el grado, la procedencia y la frecuencia, así como las
consecuencias de nuestra respuesta, considerando la proporcionalidad y el
límite.
Una posible respuesta
será recurrir a la ley. La respuesta agresiva supone el ejercicio de una nueva
violencia.
La peor violencia de este tipo es la que se
ejerce reiteradamente sobre alguien del que tenemos que cuidar. Por ejemplo,
hacia un niño al que continuamente le manifestamos desvalorización.
Pero hay formas más sutiles, indirectas y
sistemáticas que pueden causar un daño más profundo, porque son más difíciles de resistir o contrarrestar.
Una de ellas es la manipulación que suele ser un
abuso de quien detenta más poder, pero que resulta ser la manera más cobarde ya
que siempre se suele ejercer con el respaldo de más medios y/o de un grupo o
colectivo.
Otra es la que Lorenz[1]
explicó acerca de los comportamientos de algunas aves de corral que se
arremolinan alrededor de la más débil para picotearla[2].
No hace falta que sea débil en realidad, sólo que sea menos agresiva. Lo que es seguro es que, si así nos comportamos, lo hacemos como las gallinas.
Por ejemplo, cuando alguien se arma con el
escudo de la violencia machista sufrida por las mujeres para agredir a otros a
los que, en realidad, sólo se quiere someter, despegados ya de cualquier hecho
real.
Hannah Arendt en su entrevista sobre el juicio
de Eichman[3]
dice que ningún nazi ha reivindicado nunca su causa. El que lucha, aunque sea
sólo y erróneamente por una causa que considera justa, siempre podrá dar
razones de su lucha. A los cobardes sólo les queda “Cumplía órdenes” y a los
que tienen intenciones oscuras ni eso. Además de lo que dice Arendt, pensamos
que ningún nazi, que sepamos, llevó a sus hijos a mostrarles lo que hacían,
explicando lo que de verdad hacían, claro.
Pensemos en lo que hacemos y pensemos en porqué
lo hacemos. Podemos ir a votar movidos por la indignación, es justo, aunque
deberemos separar esa reacción del voto en sí, que es mío y de nadie más. Podemos
no ir a votar por cobardía. Pensemos qué verdad podremos explicarnos ante el
espejo. Y, si llevamos a nuestros hijos para que vean, es que de verdad lo
creemos, luego ellos tomarán sus decisiones.
Mª Ángeles García-Carpintero, 30/09/17
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