Deméter y Perséfone (Kore). Los misterios
Eleusinos.
Deméter era una diosa de la naturaleza, solía vivir lejos del Olimpo, dedicada a
plantar semillas y cultivar plantas. Tuvo una hija con Zeus: Perséfone (o Kore).
Un
día en que Kore estaba recogiendo flores con unas ninfas, surgió Hades, el rey
de la muerte, de una grieta del suelo, la raptó y se la llevó al inframundo.
Deméter,
diosa de la vida, la agricultura y la fertilidad, descuidó sus deberes mientras
buscaba a su hija, por lo que la Tierra se
heló y la gente pasó hambre: era el invierno.
Finalmente,
Zeus, viendo la agonía de la tierra, envió a Hermes a rescatar a Perséfone, con
la condición de que no probara bocado en su viaje de regreso, pero Hades la
engañó y Perséfone probó unas semillas de granada que
éste le había dado.
Deméter
pudo reunirse con su hija y la tierra volvió a la vida: llegó la primavera.
Desafortunadamente, Perséfone no podía permanecer indefinidamente en la tierra
de los vivos, pues había comido semillas (símbolos de la vida) mientras estuvo
en el inframundo (a muerte, como las semillas en invierno).
Se
llegó a un acuerdo por el que Perséfone permanecería con Hades durante un
tercio del año (el invierno, puesto que los griegos solo tenían tres
estaciones, omitiendo el otoño) y con su madre los restantes ocho meses. En Eleusis, una ciudad agrícola productora
de trigo y cebada a unos 30 km de Atenas,
se celebraban los “misterios” eleusinos para festejar el regreso de Perséfone,
pues este era también el regreso de las plantas y la vida a la tierra.
Este mito, símbolo de la vida, con su muerte y con su posterior renacer, tal como
sucede en toda la vida vegetal y, por extensión, en la
vida sobre la tierra, también puede ser interpretado como una alegoría de los rituales
matrimoniales, una especie de rapto de la novia por parte
del novio, lo que nos lleva a considerar los orígenes del patriarcado y la
pérdida para las mujeres de la pertenencia al linaje de nuestras
madres y abuelas.
Deméter
es la madre que llora porque sus hijos violan la tierra y violan a su hija. El
desconsuelo de Deméter obliga a los dioses a volver su mirada sobre la tierra y
Perséfone vuelve, pero la materia y su necesidad, de la que estamos hechos los humanos como seres vivos de este planeta, nos llevará de nuevo al subsuelo. El
amor de la madre no muere jamás, como el deseo de vida, ese amor nos llama una
y otra vez a elegir, pese a todo, volver a la vida.
Deméter representa un vínculo
ancestral con toda la genealogía de las madres, tías y abuelas. El vínculo madre-hija no necesita separación, no es un vínculo excluyente.
Puede que no tengamos hijos, pero tenemos madres, aunque no las conozcamos,
aunque nos haya ayudado la ciencia a nacer. El vínculo de las madres es
poderoso, abierto y acogedor, fuente de vida para todas y todos.
Ese
vínculo nos mantiene en relación cuando todo lo demás se pierde.
Deméter
puede ser, en algunos tristes casos, un símbolo del gran dolor de una
madre ante la pérdida de una hija (el dolor sería el mismo en el caso de un
hijo, pero hay mucha simbología que expresa ese dolor, pensemos en “la Piedad”)
No lo hay para la relación madre-hija, ni para su desgraciada pérdida.
M.ª A G.ª-
C.
L’H
Gener, 2018-abril, 2018
revisado en enero de 2020
revisado en enero de 2020




