martes, 9 de enero de 2018

Deméter y Perséfone (Kore). Los misterios Eleusinos.

Deméter y Perséfone (Kore). Los misterios Eleusinos.
Deméter era una diosa de la naturaleza, solía vivir lejos del Olimpo, dedicada a plantar semillas y cultivar plantas. Tuvo una hija con Zeus: Perséfone (o Kore).
Un día en que Kore estaba recogiendo flores con unas ninfas, surgió Hades, el rey de la muerte, de una grieta del suelo, la raptó y se la llevó al inframundo.
Deméter, diosa de la vida, la agricultura y la fertilidad, descuidó sus deberes mientras buscaba a su hija, por lo que la Tierra se heló y la gente pasó hambre: era el invierno.
Finalmente, Zeus, viendo la agonía de la tierra, envió a Hermes a rescatar a Perséfone, con la condición de que no probara bocado en su viaje de regreso, pero Hades la engañó y Perséfone probó unas semillas de granada que éste le había dado.
Deméter pudo reunirse con su hija y la tierra volvió a la vida: llegó la primavera. Desafortunadamente, Perséfone no podía permanecer indefinidamente en la tierra de los vivos, pues había comido semillas (símbolos de la vida) mientras estuvo en el inframundo (a muerte, como las semillas en invierno).
Se llegó a un acuerdo por el que Perséfone permanecería con Hades durante un tercio del año (el invierno, puesto que los griegos solo tenían tres estaciones, omitiendo el otoño) y con su madre los restantes ocho meses. En Eleusis, una ciudad agrícola productora de trigo y cebada a unos 30 km de Atenas, se celebraban los “misterios” eleusinos para festejar el regreso de Perséfone, pues este era también el regreso de las plantas y la vida a la tierra.
Este mito, símbolo de la vida, con su muerte y con su posterior renacer, tal como sucede en toda la vida vegetal y, por extensión, en la vida sobre la tierra, también puede ser interpretado como una alegoría de los rituales matrimoniales, una especie de rapto de la novia por parte del novio, lo que nos lleva a considerar los orígenes del patriarcado y la pérdida para las mujeres de la pertenencia al linaje de nuestras madres y abuelas.
Deméter es la madre que llora porque sus hijos violan la tierra y violan a su hija. El desconsuelo de Deméter obliga a los dioses a volver su mirada sobre la tierra y Perséfone vuelve, pero la materia y su necesidad, de la que estamos hechos los humanos como seres vivos de este planeta, nos llevará de nuevo al subsuelo. El amor de la madre no muere jamás, como el deseo de vida, ese amor nos llama una y otra vez a elegir, pese a todo, volver a la vida.
Deméter representa un vínculo ancestral con toda la genealogía de las madres, tías y abuelas. El vínculo madre-hija no necesita separación, no es un vínculo excluyente. Puede que no tengamos hijos, pero tenemos madres, aunque no las conozcamos, aunque nos haya ayudado la ciencia a nacer. El vínculo de las madres es poderoso, abierto y acogedor, fuente de vida para todas y todos.
Ese vínculo nos mantiene en relación cuando todo lo demás se pierde.
Deméter puede ser,  en algunos tristes casos, un símbolo del gran dolor de una madre ante la pérdida de una hija (el dolor sería el mismo en el caso de un hijo, pero hay mucha simbología que expresa ese dolor, pensemos en “la Piedad”) No lo hay para la relación madre-hija, ni para su desgraciada pérdida.
M.ª A G.ª- C.
L’H Gener, 2018-abril, 2018
revisado en enero de 2020










lunes, 8 de enero de 2018

La nena que miraba...

 La voz de las mujeres:       L’HOSPITALET DE LLOBREGAT ISSN2462-6325
Mª Àngels García-Carpintero Sánchez-Miguel

La nena que miraba esperando ser mirada es la mujer que ve.

Cuando uno escribe lo hace fundamentalmente para sí, para entenderse, aunque quizás con la tímida y secreta ambición de decir “algo” a alguien...
Hoy escribo para ti, la que siempre ha ido persiguiendo, no tanto mi palabra, sino mi mirada y una indulgente sonrisa, a ti, que en todas las fotos te veía asomada con los ojos muy abiertos.
¿Qué mirabas?, siempre me preguntaba, pensando qué habría en el exterior de tu mirada, de mi mirada infantil, recordando paisajes de infancia, el patio de la casa, con el pozo en medio por el que corrías, aquel perro grande...
De maestra, entendí, si un niño no entiende la lengua en la que le hablamos, cree que tampoco lo entendemos a él y no habla, si a un niño pequeño le tapamos los ojos para que no pueda ver, cree que no lo ven, si espera que lo vean, contrariamente, abrirá mucho sus ojos….
Era tu mirada, madre, la que buscaba y esperaba, tu mirada y tu cariño. No es que no nos quisieras, lo dabas todo por nosotros, pero, mendiga de afecto como tú misma habías sido, no ibas a prodigarlos.
Recuerdo una vez que me recosté en tus brazos y sentí tu ternura, había tenido una pesadilla y me desperté llorando, tenía miedo y, sí, ahí estabas tú, pero ¿y las risas? ¿y los juegos? ¿y los apretados abrazos? ¿y las caricias gratuitas?
Venimos de tiempos grises… y de una tierra austera. No pasa nada, lo entendí. Con aquellos ojos vi, más tarde y en otras gentes, demostraciones de afecto y de ternura que incorporé a mi repertorio. Lo que no tuve, pero deseé, eso di.
El Alzheimer te hizo tratarme como deseabas. Dando esa ternura retenida, la recibiste, por fin. Fui, para ti, tu “niña madre” y pudiste tú venir a mis brazos con un “mamá” libre ya de todos los complejos y ataduras que te angustiaron.
Hoy te hablo a ti, niñita de ojos abiertos, te veo, te miro y te sonrío, te reconozco, estás dentro de mí. Mira, tuviste alguna carencia y estabas necesitada, pero lo que querías, eso das: sonrisas y risas y juegos y caricias, lo que diste a raudales, eso recogiste.
Ahora estás conmigo y te veo, por fin, en mi propio seno materno, ahora tú miras sólo para jugar y para ver, porque yo, ya te veo.

lunes, 1 de enero de 2018

ENFERMAS Y EXCLUIDAS

La voz de las mujeres:       L’HOSPITALET DE LLOBREGAT ISSN2462-6325
Mª Àngels García-Carpintero Sánchez-Miguel
ENFERMAS Y EXCLUIDAS
Hay una violencia extrema y externa contra las mujeres que ocupa todas las pantallas. Evidentemente no podemos dejar de lamentarla y condenarla, buscando, al mismo tiempo las causas de estas situaciones.
Una de ellas es la microviolencia extensiva e intensiva que se ejerce en un mundo globalizado donde sólo tiene valor lo económico y en el que a todo se pone precio, hasta a los cuerpos y más a los cuerpos de las mujeres. Haría falta un cambio estructural que puede empezar por nosotros mismos. El sistema capitalista nos quiere consumidores, pensemos si alimentamos ese sistema o nos negamos a ello y vamos construyendo otro más humano. Podemos empezar por no creernos sus mentiras.
La otra cara de esa moneda es la violencia larvada que ejercemos las mujeres sobre nosotras mismas condenándonos a “valer” para ellos, a producir igual o más que ellos mientras reproducimos toda una vida fundamental para el sistema, a entrar en los cánones de la cosificación de nuestros cuerpos a costa de nuestra misma salud, a participar o desear participar en las dinámicas de dominio y poder egocéntrico y andromórfico que llevan al mundo a su ruina.
Esa violencia larvada está en nosotras pero la sustenta un sistema que oprime a los seres y a la vida para ganancia de unos pocos. Un sistema que bombardea con unos cánones que nos mueven a nosotras a ir en contra nuestra y a ellos a erigirse en nuestros poseedores. Un sistema que no valora el tiempo y las energías que las mujeres dedicamos al cuidado de los seres obligándonos a cargar con dobles y triples trabajos sin remuneración que causan nuestro desgaste en salud. Un sistema en crisis y cambios que excluye a sus jóvenes, a los adultos que no encuentran trabajo, a los que trabajan en condiciones precarias y a las mujeres que no pueden ya trabajar a causa de esas pérdidas de salud.
Mientras tanto ellos, los que mantienen sus poltronas sin representarnos, no han cambiado un ápice, no han tomado ninguna medida de austeridad sobre ellos mismos, sólo parlotean y nos acusan de no llegar a la misma edad de jubilación que ellos, parlotean y nos dicen que todo va bien para unos cuantos, mienten y mienten y mientras mienten agreden, ¿para eso cobran de nuestros impuestos?, parlotean, en fin, mientras nos hacen pasar por un mecanismo degradante como es el ICAM donde se nos hace sentir inútiles, humilladas, impotentes y donde se nos condena de antemano "culpables de mala salud"
Yo acuso al Estado de violencia contra las mujeres, especialmente contra las enfermas de fibromialgia, una violencia que lleva a extremos de muerte, desesperanza y desesperación. Algún día se reconocerá, mientras tanto sólo nos queda darnos apoyo y mantener nuestra maltrecha dignidad.

Àngels García-Carpintero
l'H 02/01/2018