lunes, 8 de enero de 2018

La nena que miraba...

 La voz de las mujeres:       L’HOSPITALET DE LLOBREGAT ISSN2462-6325
Mª Àngels García-Carpintero Sánchez-Miguel

La nena que miraba esperando ser mirada es la mujer que ve.

Cuando uno escribe lo hace fundamentalmente para sí, para entenderse, aunque quizás con la tímida y secreta ambición de decir “algo” a alguien...
Hoy escribo para ti, la que siempre ha ido persiguiendo, no tanto mi palabra, sino mi mirada y una indulgente sonrisa, a ti, que en todas las fotos te veía asomada con los ojos muy abiertos.
¿Qué mirabas?, siempre me preguntaba, pensando qué habría en el exterior de tu mirada, de mi mirada infantil, recordando paisajes de infancia, el patio de la casa, con el pozo en medio por el que corrías, aquel perro grande...
De maestra, entendí, si un niño no entiende la lengua en la que le hablamos, cree que tampoco lo entendemos a él y no habla, si a un niño pequeño le tapamos los ojos para que no pueda ver, cree que no lo ven, si espera que lo vean, contrariamente, abrirá mucho sus ojos….
Era tu mirada, madre, la que buscaba y esperaba, tu mirada y tu cariño. No es que no nos quisieras, lo dabas todo por nosotros, pero, mendiga de afecto como tú misma habías sido, no ibas a prodigarlos.
Recuerdo una vez que me recosté en tus brazos y sentí tu ternura, había tenido una pesadilla y me desperté llorando, tenía miedo y, sí, ahí estabas tú, pero ¿y las risas? ¿y los juegos? ¿y los apretados abrazos? ¿y las caricias gratuitas?
Venimos de tiempos grises… y de una tierra austera. No pasa nada, lo entendí. Con aquellos ojos vi, más tarde y en otras gentes, demostraciones de afecto y de ternura que incorporé a mi repertorio. Lo que no tuve, pero deseé, eso di.
El Alzheimer te hizo tratarme como deseabas. Dando esa ternura retenida, la recibiste, por fin. Fui, para ti, tu “niña madre” y pudiste tú venir a mis brazos con un “mamá” libre ya de todos los complejos y ataduras que te angustiaron.
Hoy te hablo a ti, niñita de ojos abiertos, te veo, te miro y te sonrío, te reconozco, estás dentro de mí. Mira, tuviste alguna carencia y estabas necesitada, pero lo que querías, eso das: sonrisas y risas y juegos y caricias, lo que diste a raudales, eso recogiste.
Ahora estás conmigo y te veo, por fin, en mi propio seno materno, ahora tú miras sólo para jugar y para ver, porque yo, ya te veo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario