La voz de las mujeres: L’HOSPITALET DE LLOBREGAT ISSN2462-6325
Mª Àngels García-Carpintero Sánchez-Miguel
La nena que miraba
esperando ser mirada es la mujer que ve.
Cuando
uno escribe lo hace fundamentalmente para sí, para entenderse, aunque quizás
con la tímida y secreta ambición de decir “algo” a alguien...
Hoy
escribo para ti, la que siempre ha ido persiguiendo, no tanto mi palabra, sino
mi mirada y una indulgente sonrisa, a ti, que en todas las fotos te veía
asomada con los ojos muy abiertos.
¿Qué
mirabas?, siempre me preguntaba, pensando qué habría en el exterior de tu
mirada, de mi mirada infantil, recordando paisajes de infancia, el patio de la
casa, con el pozo en medio por el que corrías, aquel perro grande...
De
maestra, entendí, si un niño no entiende la lengua en la que le hablamos, cree
que tampoco lo entendemos a él y no habla, si a un niño pequeño le tapamos los
ojos para que no pueda ver, cree que no lo ven, si espera que lo vean, contrariamente,
abrirá mucho sus ojos….
Era
tu mirada, madre, la que buscaba y esperaba, tu mirada y tu cariño. No es que
no nos quisieras, lo dabas todo por nosotros, pero, mendiga de afecto como tú
misma habías sido, no ibas a prodigarlos.
Recuerdo
una vez que me recosté en tus brazos y sentí tu ternura, había tenido una
pesadilla y me desperté llorando, tenía miedo y, sí, ahí estabas tú, pero ¿y
las risas? ¿y los juegos? ¿y los apretados abrazos? ¿y las caricias gratuitas?
Venimos
de tiempos grises… y de una tierra austera. No pasa nada, lo entendí. Con
aquellos ojos vi, más tarde y en otras gentes, demostraciones de afecto y de
ternura que incorporé a mi repertorio. Lo que no tuve, pero deseé, eso di.
El
Alzheimer te hizo tratarme como deseabas. Dando esa ternura retenida, la
recibiste, por fin. Fui, para ti, tu “niña madre” y pudiste tú venir a mis
brazos con un “mamá” libre ya de todos los complejos y ataduras que te
angustiaron.
Hoy te hablo a ti, niñita de
ojos abiertos, te veo, te miro y te sonrío, te reconozco, estás dentro de mí. Mira,
tuviste alguna carencia y estabas necesitada, pero lo que querías, eso das: sonrisas
y risas y juegos y caricias, lo que diste a raudales, eso recogiste.
Ahora estás conmigo y te veo,
por fin, en mi propio seno materno, ahora tú miras sólo para jugar y para ver, porque
yo, ya te veo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario