jueves, 27 de octubre de 2016

3.1. La voz interna del conocimiento.

3.1.  La voz interna del conocimiento.
Discernir significa hacerse la pregunta correcta.
Cada uno ha de hacer su propio camino y no puede hacer ninguno más que éste. Sólo podemos, a veces, lanzar preguntas, ayudar a pensar. Si de joven alguien me hubiera explicado todo lo que ahora sé, no me hubiera servido de mucho. Recuerdo algunas preguntas que me hicieron en momentos claves, con cuyo “pensar” me fui orientando.
El “pensar”, nos dice H. Arendt[1], está presente, como algo invisible, en toda experiencia. El pensamiento protege al ser humano de hacer el mal, en este sentido habla de la “banalidad” del mal, refiriéndose, no a las consecuencias de este mal, que puede extenderse “como los hongos”, dice ella, sino a la irreflexión, a la superficialidad. Sólo las personas buenas desarrollan malas conciencias, nos dice, no así los criminales.
Las otras dos actividades “espirituales” de la vida activa, además del pensamiento serían el querer y el juzgar. El querer, la voluntad, consiste en la capacidad de comenzar de nuevo, en esto se basa la libertad humana, algo posible pero infrecuente. La facultad de juzgar o valorar implica la capacidad de entender diferentes puntos de vista y “tomar partido” a favor de la posibilidad mejor para todos, aunque no sea la del propio punto de vista.
Nada dificulta más la comunicación que los pre-juicios, de los que cuesta ser conscientes y desprendernos de ellos. Un método válido para revisar la propia vida, que a veces se utiliza en grupos de apoyo mutuo es el de “ver-juzgar-actuar”, se presentan los hechos, se valoran desde diferentes puntos de vista con ayuda del grupo y se decide, libremente, el actuar. La parte fundamental de este método es que aprendes a distinguir entre hechos (aunque puedan ser vividos subjetivamente) y apreciaciones o juicios y que puedes enfocar después la realidad de un modo más global y comprensivo, lo que te permite decidir mejor.
Jaspers[2] distingue tres niveles en los que habremos de elegir el bien o el mal.  
1.    El dominio de nuestra voluntad para que prevalezca lo correcto por encima de nuestros impulsos inmediatos.
2.    La veracidad sobre nuestras propias motivaciones evitando el autoengaño de creernos buenos cuando, en realidad, sólo actuamos bien si las condiciones nos son favorables.
3.    Lo auténticamente malo o la voluntad de hacer mal, la crueldad, el destrozar lo que existe y tiene valor. El amor construye, mientras que el odio o la envidia destruye.
La persona es moral cuando elige lo bueno y lo correcto por encima de lo inmediatamente placentero para uno mismo. Es ética cuando es honesta y sincera con sus motivaciones e intenciones. Es espiritual cuando vive del amor y para el amor. Para mantenerse en este camino es importante desconfiar de uno mismo. No se puede amar si no se procura que los seres amados existan en sí mismos, en su propia libertad.
S. Agustin[3] nos dice: Ama y haz lo que quieras. Si callas, callarás con amor; si gritas, gritarás con amor; si corriges, corregirás con amor; si perdonas, perdonarás con amor. Si tienes el amor arraigado en ti, ninguna otra cosa sino amor serán tus frutos.
… El día antes de la operación pregunté: -¿Por qué ahora, tan joven, sin haber hecho nada en la vida? Él me miró sonriendo y me contestó con una nueva pregunta: - ¿Y qué es lo importante en la vida? Esa pregunta guió mi devenir.
·       Consciencia
Existe toda una vasta ciencia llamada «psicología del lenguaje», cultivada por estudiosos ilustres como H. Delacroix o Karl Bühler, cuyo objeto lo constituyen todos aquellos aspectos que en el lenguaje pueden considerarse hechos psíquicos, como son imágenes, intuiciones y percepciones verbales.[1]
La conciencia según Carl Jung[2] es el conocimiento progresivo que adquiere el hombre respecto de la totalidad psíquica y de su propia existencia. La consciencia, nos dice este psicoanalista, seguidor de Freud en un principio pero que luego buscó su propio camino y nos dio su propio entendimiento y tratamiento, busca la estabilidad y la coherencia, para ello, inevitablemente, acumula “sombra” en el inconsciente (fantasías, potencialidades reprimidas, inhibiciones, traumas, complejos…). Nos angustia y nos aterra adentrarnos en nuestros miedos y mentiras, pero sólo contactando con esos fantasmas que, a modo de “Frankestein”[3], necesitan ser reconocidos, aceptados y abrazados, podremos integrar esa “sombra” y generar un nuevo “Yo” más consciente.
La aceptación de la realidad permite el diálogo entre  inconsciente y consciente, entre la realidad exterior y la realidad interior, permite reconocer al “mi-mismo” que soy, que voy siendo.
Daniel Goleman, uno de los padres de la “Inteligencia Emocional”, en uno de sus últimos libros[4] relaciona los tres aspectos claves de la IE (Autoconciencia o ética, Autoregulación de las emociones y Autodominio que nos permite gestionar mejor nuestro interior con nuestro entorno) con los descubrimientos neurocientíficos del cerebro. Hay un centro regulador para nuestras emociones, que se nos dispara alertándonos ante situaciones difíciles, lo cual es beneficioso, pero que se nos puede convertir en crónico y nocivo. Cuando el stress se nos instala, generando ansiedad, hay que aprender a desconectar, a calmarse. Deberíamos practicar la relajación igual que el ejercicio, algo que ya se está incorporando en algunas escuelas. El sueño reparador es el momento ideal de “dejarnos ir”, cosa que no siempre estamos dispuestos a hacer.
La consciencia es activa; la relajación, un medio para conseguirla; la inclinación hacia el bien y la paz interior, sus consecuencias. También los niños y las niñas pueden practicar ejercicios y técnicas destinados a su edad y apropiados para relajarse, encarar mejor las situaciones y actuar de la mejor manera.[5]
La vida activa consciente y centrada es otro medio para conseguirla. Centrada quiere decir que hacemos lo que nos corresponde hacer (nuestras obligaciones), lo que nos gusta hacer (sin perjudicar a nadie) y lo que nos hemos propuesto hacer.
En medio de la vida diaria, en los entresueños, en nuestro hablar… a veces nos asaltan imágenes, errores, tensiones… lo que irrumpe extrañamente, sin esperarlo, nos indica que debemos conectar con nuestra “sombra”.
El análisis terapéutico, el sueño, el ejercicio físico, la relajación, la vida cotidiana, la expresión creativa, lo simbólico, la reflexión… son medios para activar la consciencia y regular mejor nuestra vida armonizando nuestro interior con nuestro entorno.
·       El camino del descenso.
“La verdad necesita de un gran vacío, de un silencio donde aposentarse.”[6]
En el año 1946, la OMS (Organización Mundial de la Salud), define así el concepto de salud: La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social y no sólo la ausencia de afecciones o enfermedades.”[7] Se intentaba ampliar el término de salud como “ausencia de enfermedad” a otros como “estilo de vida saludable”.
En el año 1976, un grupo de expertos reunidos en el X Congrés de Metges i Biòlegs de Llengua Catalana, celebrado en Perpignan, adoptaron y expresaron en la ponencia coordinada por el Dr. Jordi Gol i Gurina esta definición: “La salut és aquella manera de viure que és autònoma, solidària i joiosa”
Nos parece más adecuada esta definición porque todos podemos acceder a esta “manera” de vivir hasta con la enfermedad y la minusvalía o “discapacidad”, por otra parte, ¿quién puede encontrarse dentro de los parámetros de la definición de la OMS? El pleno estado de salud, irremediablemente, será temporal. El bienestar, como hemos comprobado en nuestras sociedades, también.
La manera de vivir autónoma, solidaria y alegre es una opción, una elección de nuestra orientación. No quiere decir que siempre nos sintamos así, pero es lo que procuramos, lo que preferimos, lo que elegimos, en la medida que podemos, para nosotros mismos y para los que nos rodean. Hacer esa opción del vivir autónomo, solidario y alegre es optar por vivir en la verdad, porque sólo desde la verdad del conocimiento de nuestras limitaciones, con la consciencia de nuestras necesidades, miedos y motivaciones, podemos decidir hacia donde nos dirigimos, aunque a partir de entonces nos asalta de nuevo la duda, los temores, la angustia…
Caminamos con la duda. La verdad no se alcanza por mucho que nos esforcemos, es como cuando llegamos a la cima de la montaña y vemos que siguen habiendo otras montañas que escalar. La verdad, como la belleza, se nos muestra, lo que no quiere decir que no debamos buscarla, desearla, reclamarla… ese es nuestro cometido, así es como un día, puede que en el camino de descenso más que en la cima, se nos mostrará; no la podremos retener, la verdad nos hará libres y nos impulsará a seguir caminando con una certeza que nos asaltó en medio de las dudas y sombras y que nos lleva por caminos de más dudas y más sombras.
Desde nuestras limitaciones reconocidas, nuestras vulnerabilidades aceptadas, con confianza y esperanza, somos capaces de acoger las del otro, tal como lo hemos hecho con las nuestras. El que da un paso más y se pone de parte del pobre, de la verdad y de la justicia suele acabar su vida en la incomprensión, el fracaso y la soledad. Aún así muchas personas lo hicieron, lo hacen, su aliento sigue dando vigor al nuestro.



[1] Coseriu, 1986, 1.2.
[2] Leblanc, Elizabeth (1998) Psicoanálisis Jungiano.
[3] Shelley, Mary W. (1982) Frankenstein (original 1818)
[4] Goleman, Daniel (2016) El cerebro y la inteligencia emocional: nuevos descubrimientos.
[5] Snel, Eline. Tranquils i atents com una granota Ed. Kairós.
[6] Zambrano, María (2000) Hacia un saber del alma. P. 40
[7] La cita procede del Preámbulo de la Constitución de la Organización Mundial de la Salud, que fue adoptada por la Conferencia Sanitaria Internacional, celebrada en Nueva York en 1946.



[1] Arent, Hannah (1958) La condición humana
[2] Jaspers, K. (Alemania, 1883 – Suiza, 1969) Psiquiatra y filósofo. Introducció a la filosofia.
[3]Agustín de Hipona (354-430)

miércoles, 12 de octubre de 2016

2.16. La voz de la clase social. Voces que se liberan, construyen y transforman.

2.16. La voz de la clase social. Voces que se liberan y construyen.
“Los otros me incumben desde el primero hasta el último. Aquí, la fraternidad precede a la comunidad de una especie. Mi relación con el Otro como prójimo da sentido a mis relaciones con todos los otros”.[1]

 L’Hospitalet de Llobregat, ISSN 2462-6325
            Mi madre desde niña, cuidó de la casa y de las personas que la habitaban,  trabajó un poco en el campo, no le gustó, aprendió a coser y se hizo “modistilla”, cosía en las casas de “los señoritos”, era discreta, pulida y   hacendosa y la llamaban a menudo. Me enseñó a coser, yo prefería leer.
            Con 16 años yo podía seguir estudiando, pero tenía que compaginar trabajo y estudios y ayudar a mi madre en casa, trabajaba en una oficia de una pequeña fábrica del cinturón industrial que rodea mi barrio y estudiaba por la noche. Si no hubiéramos vivido en un barrio obrero de una gran ciudad, no hubiera podido hacerlo. Normalmente desayunaba sola en la oficina, con mis libros y     apuntes, hasta que empecé a ir con las chicas y mujeres de la fábrica, ellas me acogieron, me sentía bien con ellas. Aprendí cosas de la vida.
Aunque todas las mujeres, en general, hemos sufrido y sufrimos discriminación de género, lo cierto es que la clase social y la época o el lugar en que vivimos nos condicionan tanto o más, como refleja muy bien la película Sufragistas[2].
La percepción está ligada al pensamiento, nos dice Lowe[1], pero el pensamiento se ve limitado por una serie de factores biológicos y sociales, como son los sentidos o los medios de comunicación. En cada época predominaría un sentido y un medio de comunicación, nos dice: en la Edad Media y la Antigüedad, sería el lenguaje oral, en el Renacimiento, con la imprenta, el medio escrito y en el s. XX, la radio y la televisión. En el nuevo siglo incorporaríamos las “redes sociales”.
Las mujeres de la primera parte del s. XX escuchaban la radio, oían cantar y contar y cantaban y contaban, el predominio del lenguaje recibido y transmitido era oral, como lo había sido desde siempre, especialmente entre las mujeres. Ese era el lenguaje que, mediante el vínculo, la escucha y la relación hacía hablar a niños y niñas antes de ir a la escuela, en el caso de que fueran.
En la segunda mitad del siglo XX se fue imponiendo la televisión. La imagen fue desplazando lo auditivo; aunque la televisión utiliza los dos medios, el poder de la imagen es mucho más rápido y global, más potente, la televisión hace pasivo al espectador, no así la radio, que exige una concentración, ni siquiera el cine con el que tenemos que establecer una mejor sintonía. Se hacía, se hace, callar a los niños para escuchar la televisión, muchos de mis alumnos han aprendido a hablar en la escuela.
Entramos en el siglo XXI en plena época tecnológica. Las mujeres pasamos del - “me lo dijo mi vecina” al - “lo han dicho en la tele” y al actual: - “lo he visto en facebook”. La percepción visual sigue ganando terreno a la auditiva en la transmisión de la información, no tanto, aún, en las relaciones, para la que sigue siendo fundamental el contacto personal. Son de sobras conocidos los malentendidos que se dan en las redes sociales con el escaso y mal uso del lenguaje escrito. Las mujeres seguimos necesitando y buscando grupos donde relacionarnos y hablar. Nuestras voces en red nos facilitan, de alguna manera, la relación, el establecer o mantener contacto. Lo importante seguirá siendo los criterios para escoger lo que nos conviene y evitar lo que nos perjudica, así como la capacidad para “sobreentender” en confianza y bien, o no, lo que no está bien expresado. Con las redes sociales podemos incorporarnos a la voz del poder: la de las estrellas rutilantes del espectáculo y la moda, la de lo banal que circula por doquier… o podemos abrirnos a la corriente crítica de la consciencia de la realidad, la única que permite que se generen cambios.



[1] Lowe, Donald M. (1986) Historia de la percepción burguesa.
Si “el conocimiento es poder”, la tiranía se ejerce eliminando o disfrazando el conocimiento. “Dar a conocer” es contrarrestar  el dominio que impera sobre en el mundo en cada época. Esa voz de la información veraz se transmite por una corriente subterránea, de boca en boca, se sabe, pero no se dice públicamente, el que se atreve a hacerlo sufre, a menudo, el menosprecio y el silenciamiento.
Cuando el poder incorpora eso que se dice de boca en boca, lo “domestica”, el poder no soporta la crítica, pero sólo con ella avanza el mundo. Los que hemos sufrido más de cerca la actual crisis y participamos en movimientos como los del “15-M”[4] decíamos las cosas que actualmente ya dicen, públicamente, muchos expertos, señal de que algo cambiará.
·         Voces que se liberan.
El feminismo, con el sufragio universal, supuso más la emancipación de la mujer que la liberación. Ésta última es una meta hacia la que todos estamos en camino. Se abolió la esclavitud, se independizaron países… pero la tiranía se sigue imponiendo en nuestras democracias de manera más solapada.
Cuando esta tiranía impone el silencio se alzan los juegos de sentido de humor. La sátira es el género literario favorito de los oprimidos políticos. Así se visibilizan, muchas veces, los excluidos, a través de viñetas como las de nuestro Forges.[5]
Mi madre, mientras cosía con otras “modistillas”, cantaba y reía. Desayunando con mis compañeras de la fábrica, contábamos chismes y reíamos. Cuando mis padres se reunían con  mis tíos, de tanto en tanto oíamos como mi madre y mi tía lanzaban un grito y a continuación reían, no sabíamos de qué. Con el grupo de madres celebramos una fiesta: se sirvió té, se degustaron pastelillos caseros, intercambiamos recetas, compartimos música y bailamos lanzando el grito que hacen las mujeres marroquís, - ¡eso sí fue liberador!
Pablo Freire decía: “nadie educa a nadie, nadie se educa a sí mismo, los hombres –las personas- se educan unas a otras con la mediación del mundo”[6], es decir en el diálogo y la relación. ¿Entonces de que servimos los educadores? Carl Rogers[7] nos dijo que los educadores somos “facilitadores”.
Pablo Freire, en su método de alfabetización de adultos, nos explica que lo primero es tomar conciencia de la realidad: “la lectura del mundo precede siempre a la lectura de la palabra y la lectura de esta implica la continuidad de la lectura del mundo.”[8] Con la lectura y la escritura de palabras que el alumno o la alumna trae consigo, se produce un distanciamiento que propicia el pensamiento crítico que nos puede llevar a transformar el mundo.
La alfabetización de mujeres, en los años 80, que no pudieron ir a la escuela a causa de la guerra, del aislamiento o de la pobreza, propició una toma de conciencia con la realidad que forma parte del camino de la liberación de la mujer en España, no podemos olvidarlo ni dejar de reconocerlo. Fueron mujeres valientes que trabajaron duramente por los suyos y abrieron nuevos caminos en situaciones muy difíciles, por la represión social que vivieron y el machismo que imperaba sin trabas.
Con la nueva alfabetización y enseñanza del castellano a personas inmigrantes se trata de aprender la lengua en sí y de aprehender la realidad del mundo al que se incorporan, desde el espíritu crítico que les permita incorporar aquello que crean oportuno y mantener los aspectos de su cultura con los que se identifiquen.
Podemos enseñar la lengua o aspectos de nuestra cultura, pero sólo se “integrarán” en la nueva cultura cuando puedan compartir y aportar. En el grupo de madres dedicamos una sesión a compartir lecturas, fue muy interesante y hermoso ver los diferentes libros que trajeron: de recetas de cocina, de religión, policiacos… en su lengua de origen y en la del país que las acogió hace un tiempo. Sólo cuando ellas/ellos nos muestran sus saberes y nosotros escuchamos, comprendemos e incorporamos algo de lo que traen consigo, se produce la tan reclamada integración.
La voz que libera y transforma es la voz que toma conciencia de la realidad y se alza reclamando justicia, la voz que el poder querrá acallar, la voz que asume las consecuencias de sus actos y es también la voz del afecto y la estima, la voz que expresa su dolor y la voz que calla, recoge y piensa, es la voz del sentido del humor y de la risa liberadora y es la voz de la verdad, que muchas veces no es la nuestra sino la de la causa común, la que escuchamos en los únicos que realmente dicen la verdad: los niños, los locos (en el mejor sentido de la palabra) y los pobres que no tienen nada que perder, la voz que libera y transforma es la voz que se une a otras voces buscando la justicia que comprende y repara, la voz que integra otras voces y empieza algo nuevo.
·         Voces que transforman y construyen.
“El amor es responsabilidad de un yo por un tú; en esto consiste la igualdad de todos los que se aman.” “Sólo aceptando la responsabilidad por el otro que me incumbe como la de mi vida misma se podrá verificar el encuentro del individuo con sus compañeros en el diálogo por la organización de una vida en común y podremos constituir un “nosotros” que supere el nosotros de la utilidad y la similitud.”[9]
 “No se puede llamar feliz a quien no participa en las cuestiones públicas, nadie es libre si no conoce por experiencia lo que es la libertad pública y nadie es libre ni feliz si no tiene ningún poder, es decir, ninguna participación en el poder político.[10] Hannah Arent fundamenta su pensamiento en el nacimiento, como el inicio de la gran tarea del individuo: la de configurar el mundo en conexión con las demás personas. La condición humana es la de la vida activa, que consiste en trabajar y en participar activamente de la vida política. La comunicación, como capacidad de encontrar la palabra adecuada en el momento oportuno, ya es acción. También lo es el pensamiento que cuestiona los principios de lo político, las condiciones de la libertad y las limitaciones de la vida humana. Reconoce la revolución como posibilidad de comenzar algo nuevo y de actuar en común. Considera más adecuados los “consejos obreros” para la participación del pueblo en la política que la democracia partidista.
Un aspecto importante es el poder compaginar el trabajo en el ámbito laboral con el familiar y la participación en el espacio público. Es preciso reconocer el trabajo doméstico y el cuidado de las personas como parte del trabajo social de un estado o país, sea quien sea que las realice. Exponemos, para mostrar nuestra postura, parte de una entrevista a la profesora Silvia Federici[11]
            “El trabajo que la mayoría de mujeres hacen en el mundo, que es el trabajo        reproductivo y doméstico, es ignorado. Y ese trabajo es la base del capitalismo          porque es la forma en la que se reproducen los trabajadores. (…) si el trabajo           doméstico para, todo lo demás para. Por eso el capitalismo tiene que devaluar             este trabajo constantemente para sobrevivir: ¿por qué ese trabajo no está           pagado si mantiene nuestras vidas en marcha? La corriente de la que yo         provengo vimos que si el capitalismo tuviera que pagar por este trabajo no     podría seguir acumulando bienes. Y al menos que lidiemos con este asunto no   produciremos ningún cambio en ningún otra plano.
            ¿Defiende el salario para el trabajo doméstico?
            Sí. Muchas feministas nos acusan de institucionalizar a las mujeres en casa       porque entienden que esta demanda es una forma de congelar a las mujeres en los hogares, pero es exactamente lo contrario, es la forma en que podemos liberarnos. Porque si este trabajo es considerado como tal los hombres también             podrán hacerlo. El salario sería para el trabajo, no para las mujeres.”
“… Cuando ya no tenías capacidad para hacer vestidos, te dedicaste a hilvanar trapos y cuando ya no pudiste, doblabas la ropa, hasta que ya, sin hada que hacer movías los dedos como una rueca sentada en el sofá…”




[1] Lèvinas, E., Humanismo del otro hombre, Ed. S. XXI, 2005, 1ª ed., 1974
[2] “Sufragistas” de Sarah Gravon, R.U. 2015 http://www.filmaffinity.com/es/film904562.html
[3] Lowe, Donald M. Historia de la percepción burguesa, 1986
[4] Movimiento surgidos el 15 de mayo de 2011 en España, también llamados “movimientos de los indignados”, por el primer libro de los tres escritos por Stéphane Hessel: “Indigneu-vos”
[5] “Forges”, seudónimo de Antonio Fraguas de Pablo, Madrid, 1942
[6] Freire, P. (1975) Pedagogo Brasileño destacado por su método de educación de adultos.
[7] Rogers, C. (EEUU 1902-1987) Psicólogo humanista y personalista.
[8] Freire, P. (1987)  L’Educació com a pràctica de la llibertat” Eumo ed. Col. Textos pedagògics, “la importància de l’acte de llegir”

[9] Buber, M. “Yo y Tú”
[10] Arent, H.  “La condición humana actual” Ed. Paidós, 2003 Ed. original, 1958
[11] Silvia Federici Italia, 1942, profesora, escritora y activista. Entrevista de 24/05/2014: http://www.eldiario.es/economia/engano-trabajo-asalariado-liberar-mujeres_0_262823964.html

jueves, 6 de octubre de 2016

2.15.Voces que conversan y dialogan. El Otro.

2.15.Voces que conversan y dialogan. El Otro.
L’Hospitalet de Llobregat, ISSN 2462-6325
“El espíritu y el sentimiento se forman por las buenas conversaciones, las malas los dañan.”[1]
Frente al dominio que impone el silencio, se alza la voz que “empodera” la que da a conocer estrategias y datos, la que se abre a la relación.
Los encuentros entre vecinas, las colas del mercado, las salas de espera, las entradas y salidas del colegio, los parques… han sido y son espacios de relación básicamente de mujeres, donde nos comunicamos conocimientos y saberes con más o menos propiedad. Esa conversación, que puede parecer intranscendente, ha obrado de mecanismo transmisor de la cultura, así hemos aprendido recetas de cocina, remedios caseros para pequeñas afecciones o dónde ir con los niños en el tiempo libre.
Estas conversaciones de “corrillo” muchas veces no son más que monólogos superpuestos, especialmente en países mediterráneos como el nuestro, de lo que se trata, básicamente, es de entrar en relación. El que sean convenientes, o no, dependerá de los criterios por los que nos regimos. Siempre podemos acercarnos a unas y alejarnos de otras.
El profesor Alonso-Cortés[2] nos explica el principio pragmático de cooperación de P. Grice[3] en el que se sustentaría el lenguaje. La conversación sigue unas normas básicas implícitas como son: el informar al oyente con un coste mínimo, decir la verdad, ser pertinente y ser claro, lo que supone un beneficio mutuo para los participantes, pero también implica un proceso inferencial que se activa cuando se violan dichas normas. Por ejemplo si se hace una pregunta y se responde con algo que no tiene nada que ver, el interlocutor puede inferir que incomoda hablar del tema. “Hablar es algo gratis que hacen hasta las personas más egoístas” nos dice este autor. Se sigue la norma tácita de lo que se dice es verdad (desde la concepción subjetiva de “verdad”) pero se puede mentir y, de hecho, se miente, lo que parece una contradicción con lo expuesto, lingüísticamente, esa capacidad de mentir es la que permite la creatividad en el lenguaje y la invención de historias.
Estas relaciones informales, actualmente y en nuestra civilización, se dan también en grupos mixtos, pero tradicionalmente y todavía en muchas culturas son conversaciones de género. Los varones las suelen tener en los lugares de trabajo, en los bares…, para la mujer emigrante que accede a una nueva sociedad es muy difícil entrar en estos grupos, a veces sólo lo hacen con otras mujeres de su cultura, si es que encuentran. Desde la experiencia de trabajo y trato con estas mujeres, se puede comprobar que lo que más valoran es el conocimiento mutuo que nos permite, por ejemplo, saludarnos por la calle y el intercambio de conocimientos y apoyo que se da en grupos abiertos a la relación. A veces estos grupos se han de organizar desde las entidades sociales, serán grupos más coordinados, pero posibilitaran la integración mutua y el que algún día puedan formar parte de esos “corrillos”, mucho más impenetrables de lo que pueden parecer.
Las risas, los reproches a otros colectivos, las insinuaciones… forman parte de la cohesión social que se establece en estos grupos, cargándose también de prejuicios y violencia que se transmiten como la corriente eléctrica de unos grupos a otros. El foráneo, el extraño, inevitablemente, se siente excluido.
La actitud en la conversación informal es fundamental, más que el contenido. Podemos estar relajados y con buen humor, aún discutiendo de temas políticos que nos indignan y podemos estar a la defensiva y sentirlo todo como un ataque personal, lo que se dice y lo que no se dice. Cuando nos sentimos así hemos de analizar porqué, qué resorte se ha activado en nuestro interior. La única persona a la que podemos entregarnos a conocer es a nosotros mismos, misteriosamente conociéndonos mejor a nosotros mismos, entendemos algo mejor a los demás. Detrás de las palabras y de los silencios está el misterio de la persona, el que nunca llegamos a alcanzar y sólo podemos respetar.
“… Alguien te abrazó diciendo – ¡Angelita siento mucho la muerte de Manolo!, te echaste a llorar, te di media vuelta y acto seguido, con las lágrimas aún en tu rostro, te quedaste parada y dijiste: - ¡Ay que ver!, ¡estoy llorando y no sé porqué!...”
·       Diálogo con el Otro.
“Sólo en el diálogo, en la discusión y la contraposición, así como en la aspiración a crear una nueva comunidad, surge la conciencia de mi yo como ser autónomo, diferente del otro.
Sé que existo porque sé que existe ese otro.”[4]
Ante el Otro, nos dice Kapuscinski en su recopilación de conferencias sobre el Otro[5], tenemos tres opciones: la guerra, el aislamiento o el diálogo. El miedo produce las dos primeras. La curiosidad, venciendo el miedo, me lleva a establecer contacto, ese contacto puede ser en forma de choque cuando interviene el deseo de someter al otro o puede darse en condiciones de igualdad, en forma de intercambio. En el encuentro con el otro veo y me dejo ver, lo que no es fácil, exige una voluntad y un esfuerzo que no todo el mundo está dispuesto a afrontar, pero es en ese encuentro donde se produce la mayor riqueza de nuestro mundo: la cultura.
Los denominados “filósofos del diálogo” como Martin Buber[6], Hannah Arendt o Emmanuel Lévinas,  postulan que mi Yo sólo puede definirse en relación con el Otro. Ese otro, que es un ser individual y diferente de mi y con el que puedo establecer un diálogo, no es el individuo perteneciente a una masa. Para estos filósofos, en ese encuentro personal reside el bien. El mal se da cuando el individuo actúa en nombre de un grupo, cuando, despersonalizado, se diluye pudiendo cometer las mayores barbaries. (Estos filósofos salían de la experiencia traumática de los totalitarismos que asolaron Europa)  Actualmente vivimos en un cambio de civilización, nuestro mundo es multicultural, abierto, disperso, igualmente despersonalizado, de ahí la necesidad del sentido de pertenencia que muchos identifican con la confrontación con el Otro. Será necesario recuperar símbolos, tradiciones, lenguas identitarias pero desde el diálogo y la relación entre iguales. El sentido de pertenencia sólo nos sustentará la identidad cuando reconocemos a los otros seres tan necesitados y necesarios como nosotros mismos.
A diferencia de las conversaciones de los “corrillos” que, aún cumpliendo una función social, pocas veces son edificantes, la conversación íntima, en profundidad, relajada, abierta, confiada con una amiga o entre amigos es de las mejores experiencias que podemos tener en esta vida. “Abrir el corazón” es algo generoso que sólo tiene lugar en la intimidad. Aquí la palabra veraz se acompaña de la mirada limpia.
Según Buber todo lo que acontece es diálogo, pero sucede en dos tiempos distintos. La del tiempo que pasa es la relación del yo con el ello, “ello” como  mundo de los objetos conocidos, el tú, puede también formar parte del “ello” si simplemente es algo que se conoce. En cambio la relación yo-tú, es la relación del tiempo presente, la que permanece, donde se establece el auténtico diálogo. “Sin el ello no puede vivir el ser humano. Pero quien vive solamente con el ello no es ser humano”.
En el diálogo auténtico uno se vuelve a su interlocutor, nos dice Buber, a él se dirige de verdad, aceptándolo como igual. El encuentro personal nos constituye como personas porque uno no puede decir “yo”, si no tiene delante un “tú”. Sólo cuando la persona se reconozca a sí misma en la alteridad podrán superarse las dos esferas imaginarias del individualismo y el colectivismo que nos alienan de nosotros mismos y de la realidad.
 “… Una cuidadora de tus últimos días me dijo: - ¡Qué mirada más dulce tiene!, se nota que ha sido buena, se le ve su almita. No supe que decir, sonreí y callé, supuse que entendía más que yo en estas cuestiones, no lo he recordado hasta ahora…”




[1] Pascal, B. Pensamiento resumido (6)
[2] Alonso-cortés, Lingüística. Principio de cooperación.
[3] Grice, Paul (R.U., 1913-EEUU,1988) Filósofo del lenguaje.
[4] Tischner, J. (1931-2000) sacerdote polaco y filósofo.
[5] Kapuscinski, R. “Encuentro con el Otro” Ed. Anagrama, 2007
[6] Buber, M. (Viena, 1878- Jerusalén, 1965) Filósofo fenomenológico del “Encuentro”, contemporáneo de Heidegger.

domingo, 2 de octubre de 2016

2.14.La voz del dominio y maltrato. El silencio que se impone.

2.14. La voz del dominio y maltrato.
El silencio que se impone. 
L’Hospitalet de Llobregat, ISSN 2462-6325
“Si no puedo bailar, tu revolución no me interesa.”[1]
“Conocimiento y poder son uno”, nos dice, Michael Foucault[2], también nos explica que el poder se impone con la vigilancia y el castigo. Para este atormentado autor, recopilador de multitud de historias clínicas con las que documentó el tratamiento a lo largo de la historia de, entre otras cuestiones, la enfermedad mental[3], la escuela es una institución disciplinaria como lo son las cárceles o lo eran los manicomios.
En sí el poder no es malo, pueden ser malos los fines con los que se ejerce y los medios utilizados. Lo contrario del poder es la impotencia. Sentirse impotente es una experiencia terrible que nos puede deshumanizar si nos abandonamos a ella. No queremos y no debemos sentirnos impotentes, sólo tenemos que aprender a manejar nuestro propio poder. Algo que a las mujeres de mi generación nadie enseñó, más bien nos socavaron nuestros juveniles intentos, en esto sí somos diferentes, aprendimos, si es que lo hicimos, como “pudimos”, sin más modelos que los masculinos.
Hay un poder que ejercemos sin ser conscientes, dada la poca valoración, es el poder de cuidar, ayudar, guiar, colaborar… Poderes ancestrales de las mujeres de todos los tiempos, que seguimos ejerciendo en colaboración con el otro sexo en algunos afortunados casos. Es un poder que necesita reconocimiento social. La entrada de la mujer en la política, nos dice Victoria Camps[4], no supone sólo un aumento de cuotas sino el que el cuidado del otro, relegado a la vida familiar, sea reconocido en la vida política y entre a formar parte de ella.
La acción, como el conocimiento, es poder, hay que saber poner límites al poder, el límite siempre será el respeto al otro. El poder se ejerce desde el hacer y desde el no-hacer, el decir y el no-decir… significa, pensar, actuar, repensar…el que estas acciones, o las no-acciones, sean buenas o malas dependerá de nuestras intenciones, el que resulten buenas o malas dependerá de las consecuencias y de las consideraciones de los otros, siempre podemos valorar, corregir y cambiar, o no. Los psicólogos hablan de la “tríada oscura” para referirse a los narcisistas, los maquiavélicos y los sociópatas. No tienen en cuenta cómo se puede sentir el otro.
El poder que se ejerce sin respeto al otro es dominio y conlleva maltrato. No es exclusivo del género masculino, quizás es más visible, más abusivo cuando se utiliza la fuerza física, más terrible por sus consecuencias… pero no exclusivo, ya que se ejerce de muchas maneras, la manipulación emocional, que utilizamos ambos sexos, es una de ellas.
El dominio se puede ejercer, como “los actos de habla”, directa o indirectamente. Se puede decir: - ¡Ves a comprar el pan!, es una orden directa, o - ¿Puedes ir a comprar el pan?, es una pregunta con la que damos la misma orden de una manera indirecta, también podemos decir: - ¡No eres capaz ni de ir a comprar el pan! Con lo que además de pedir que vayan a comprar el pan, estamos introduciendo un reproche y generando un sentimiento de culpa.
El dominio intenta controlar el derecho a la palabra o al silencio. Las mujeres que sufren violencia y maltrato se quedan sin voz. La atención hacia las personas que han sufrido maltrato u otras situaciones adversas, supone no despojarlas de su dignidad, de su capacidad de ser conscientes de su situación, de expresarla o no y de sobreponerse buscando el propio camino.
La voz del maltrato es la voz agresiva que insulta, reprocha y condena; la voz altiva que humilla, desprecia y rechaza; las voces taimadas que lanzan y propagan mentiras o medias mentiras… que aíslan al sujeto de la difamación; Es la voz que impone el silencio por miedo o por interés propio y es la voz que obliga a hablar cuando el otro no quiere; la voz que impone las prédicas y consignas del poder, acallando las críticas; la voz de los estereotipos y prejuicios con las que nos situamos por encima de los demás. Es la voz de la última palabra que cierra en falso.
Más terrible que la voz que maltrata es el silencio que se impone. “La ley del silencio” es considerada una de las peores torturas que se infringen a los presos. La Iglesia la ha administrado y no sólo durante la Inquisición. El “bullyng” se sustenta más en el no reconocimiento, que socava la autoestima, que en el rechazo directo, ejercido alguna vez por el que detenta el poder que el grupo le ha otorgado y hecho efectivo con la burla, el desprecio y el aislamiento del resto del grupo. Ocurre en todos los grupos humanos, en los adolescentes, en los partidos políticos, en las familias…
Romper el silencio es una muestra de valentía que muchas veces puede acabar con el maltrato o ser el principio del fin.
El silencio que se impone muestra desconocimiento y rechazo al diferente. El sentido de pertenencia es una parte de nuestra identidad, lo alimentamos creando semejanzas y diferencias. Cuando Hanna Arent[5] habla de la “banalidad del mal”, se refiere a ese mecanismo de nuestro egoísmo, miedo o pereza, por el que nos sometemos al grupo o sistema al que pertenecemos y participamos en actos que no haríamos por nosotros mismos. Para caminar hacia la verdad, la belleza y la bondad, que contrapone como profundas, deberíamos cambiar nuestra percepción, pasar a la percepción de lo concreto, no quedarnos en las primera generalizaciones superficiales con las que encasillamos nuestros conocimientos iniciales. Conociendo el rostro del Otro, nuestro sentido de pertenencia, como nuestra comprensión del mundo, saldrá de los esquemas iniciales y entrará en un nuevo universo más dinámico y rico.
Según la mitología romana “Tácita”, la ninfa del río antes llamada Lara o Lala (lalismo significa hablar) por su inclinación a charlar, destapa un secreto, por lo que Júpiter le corta la lengua y manda a Mercurio que la encierre en los infiernos, éste, en el camino, la viola. Lala es castigada, no por usar la palabra, sino por usarla inadecuadamente o libremente, característica que se atribuye a las mujeres. Los varones, en las civilizaciones griegas y romanas, como en muchas otras, son los únicos que pueden ejercer el poder de la palabra. Finalmente, Tácita, por su largo tiempo en el inframundo, se convierte en una deidad de las que, enterradas, sostienen el ciclo de la vida. La elevan a los altares considerando que el silencio de Tácita era tan necesario para el gobierno de la nación como la elocuencia (reservada a los hombres) Y es que, dejando aparte la crueldad y el dominio masculino reflejados en el mito, lo tácito del decir es, a veces, mucho más elocuente que las palabras.
El dominio de la voz del varón se ha impuesto, socialmente, a través del lenguaje escrito, al que la mujer ha tenido (y tiene aún en muchas culturas) difícil acceso. Con la pluma se han dictado las normas que han sometido a las mujeres y a otros colectivos o se ha escrito la historia, desde uno u otro signo, pero, en todo caso, obviando o menospreciado el papel de la mujer. Las mujeres hemos accedido a la universidad y vamos accediendo al poder político, al ejercicio del derecho, a la ciencia… El feminismo no intenta doblegar a los hombres como ellos hicieron con nosotras, sólo que se nos reconozca, que seamos consideradas personas en igualdad de condiciones, que podamos ejercer nuestra acción y dar nuestra palabra de una manera que nos sea propia, que recuperemos lo que las mujeres han aportado a la sociedad, no poniéndolo en los altares, sino en el centro mismo del ser.
En este mundo, que no nos lo pone nada fácil a nadie, el único dominio que podemos y debemos ejercer es el propio. El autodominio, parte fundamental de la inteligencia emocional, se basa en el respeto, el autoconocimiento y la confianza y genera más respeto y más confianza.
Si el dominio intenta doblegar y someter, la autoridad busca el bien del otro, el ejercicio consciente, libre y responsable de la voluntad del otro. La autoridad no se impone, se ejerce y se confiere al ser aceptada. La autoridad se sustenta en la escucha y en la palabra plena o veraz. Cuando falla la palabra, falla la autoridad. La palabra veraz nace de la ética de la justicia y el amor.
“… Angelita, patuda, patas de alambre se cayó de la torre y no se hizo sangre. Aquella frase con la que tus hermanos te hacían rabiar, se convirtió en nuestro último diálogo, liberada ya de todo complejo, te reías…”



[1] Emma Goldman, anarquista. (Lituania, 1869 – Toronto, 1940)
[2] Foucault, M. (Francia, 1926-1984) Filósofo
[3] Foucault, M. “Historia de la locura en la época clásica” I y II Ed. Fondo de cultura Económica, 1976, 1ª edic. París, 1964
[4] Camps, Victoria “El siglo de las mujeres” Ed. Cátedra, 2003, 1ª ed. 1998
[5] Arent, Hannah (Hanover, 1906-New York, 1975) Filósofa, alumna de Heidegger.