2.16. La voz de la clase social. Voces que se liberan y construyen.
“Los
otros me incumben desde el primero hasta el último. Aquí, la fraternidad
precede a la comunidad de una especie. Mi relación con el Otro como prójimo da
sentido a mis relaciones con todos los otros”.[1]
L’Hospitalet
de Llobregat, ISSN 2462-6325
Mi madre
desde niña, cuidó de la casa y de las personas que la habitaban, trabajó un poco en el campo, no le
gustó, aprendió a coser y se hizo “modistilla”,
cosía en las casas de “los señoritos”, era discreta, pulida y hacendosa y la llamaban a menudo. Me
enseñó a coser, yo prefería leer.
Con 16
años yo podía seguir estudiando, pero tenía que compaginar trabajo y estudios y ayudar a mi madre en casa, trabajaba
en una oficia de una pequeña fábrica
del cinturón industrial que rodea mi barrio y estudiaba por la noche. Si no hubiéramos vivido en un barrio
obrero de una gran ciudad, no hubiera podido
hacerlo. Normalmente desayunaba sola en la oficina, con mis libros y apuntes, hasta que empecé a ir con las
chicas y mujeres de la fábrica, ellas me
acogieron, me sentía bien con ellas. Aprendí cosas de la vida.
Aunque todas las mujeres, en
general, hemos sufrido y sufrimos discriminación de género, lo cierto es que la
clase social y la época o el lugar en que vivimos nos condicionan tanto o más, como
refleja muy bien la película Sufragistas[2].
La
percepción está ligada al pensamiento, nos dice Lowe[1],
pero el pensamiento se ve limitado por una serie de factores biológicos y sociales,
como son los sentidos o los medios de comunicación. En cada época predominaría
un sentido y un medio de comunicación, nos dice: en la Edad Media y la
Antigüedad, sería el lenguaje oral, en el Renacimiento, con la imprenta, el
medio escrito y en el s. XX, la radio y la televisión. En el nuevo siglo
incorporaríamos las “redes sociales”.
Las
mujeres de la primera parte del s. XX escuchaban la radio, oían cantar y contar
y cantaban y contaban, el predominio del lenguaje recibido y transmitido era
oral, como lo había sido desde siempre, especialmente entre las mujeres. Ese
era el lenguaje que, mediante el vínculo, la escucha y la relación hacía hablar
a niños y niñas antes de ir a la escuela, en el caso de que fueran.
En
la segunda mitad del siglo XX se fue imponiendo la televisión. La imagen fue
desplazando lo auditivo; aunque la televisión utiliza los dos medios, el poder
de la imagen es mucho más rápido y global, más potente, la televisión hace
pasivo al espectador, no así la radio, que exige una concentración, ni siquiera
el cine con el que tenemos que establecer una mejor sintonía. Se hacía, se
hace, callar a los niños para escuchar la televisión, muchos de mis alumnos han
aprendido a hablar en la escuela.
Entramos
en el siglo XXI en plena época tecnológica. Las mujeres pasamos del - “me lo dijo mi vecina” al - “lo han dicho en la tele” y al actual: -
“lo he visto en facebook”. La
percepción visual sigue ganando terreno a la auditiva en la transmisión de la información,
no tanto, aún, en las relaciones, para la que sigue siendo fundamental el
contacto personal. Son de sobras conocidos los malentendidos que se dan en las
redes sociales con el escaso y mal uso del lenguaje escrito. Las mujeres
seguimos necesitando y buscando grupos donde relacionarnos y hablar. Nuestras
voces en red nos facilitan, de alguna manera, la relación, el establecer o
mantener contacto. Lo importante seguirá siendo los criterios para escoger lo
que nos conviene y evitar lo que nos perjudica, así como la capacidad para
“sobreentender” en confianza y bien, o no, lo que no está bien expresado. Con
las redes sociales podemos incorporarnos a la voz del poder: la de las
estrellas rutilantes del espectáculo y la moda, la de lo banal que circula por
doquier… o podemos abrirnos a la corriente crítica de la consciencia de la
realidad, la única que permite que se generen cambios.
Si “el conocimiento es poder”, la tiranía
se ejerce eliminando o disfrazando el conocimiento. “Dar a conocer” es contrarrestar
el dominio que impera sobre en el mundo en cada época. Esa voz de la
información veraz se transmite por una corriente subterránea, de boca en boca,
se sabe, pero no se dice públicamente, el que se atreve a hacerlo sufre, a
menudo, el menosprecio y el silenciamiento.
Cuando
el poder incorpora eso que se dice de boca en boca, lo “domestica”, el poder no
soporta la crítica, pero sólo con ella avanza el mundo. Los que hemos sufrido
más de cerca la actual crisis y participamos en movimientos como los del “15-M”[4]
decíamos las cosas que actualmente ya dicen, públicamente, muchos expertos,
señal de que algo cambiará.
·
Voces que se liberan.
El
feminismo, con el sufragio universal, supuso más la emancipación de la mujer
que la liberación. Ésta última es una meta hacia la que todos estamos en
camino. Se abolió la esclavitud, se independizaron países… pero la tiranía se
sigue imponiendo en nuestras democracias de manera más solapada.
Cuando
esta tiranía impone el silencio se alzan los juegos de sentido de humor. La
sátira es el género literario favorito de los oprimidos políticos. Así se
visibilizan, muchas veces, los excluidos, a través de viñetas como las de
nuestro Forges.[5]
Mi
madre, mientras cosía con otras “modistillas”, cantaba y reía. Desayunando con
mis compañeras de la fábrica, contábamos chismes y reíamos. Cuando mis padres
se reunían con mis tíos, de tanto en
tanto oíamos como mi madre y mi tía lanzaban un grito y a continuación reían,
no sabíamos de qué. Con el grupo de madres celebramos una fiesta: se sirvió té,
se degustaron pastelillos caseros, intercambiamos recetas, compartimos música y
bailamos lanzando el grito que hacen las mujeres marroquís, - ¡eso sí fue liberador!
Pablo
Freire decía: “nadie educa a nadie, nadie
se educa a sí mismo, los hombres –las personas- se educan unas a otras con la
mediación del mundo”[6], es decir en el
diálogo y la relación. ¿Entonces de que servimos los educadores? Carl Rogers[7]
nos dijo que los educadores somos “facilitadores”.
Pablo
Freire, en su método de alfabetización de adultos, nos explica que lo primero
es tomar conciencia de la realidad: “la
lectura del mundo precede siempre a la lectura de la palabra y la lectura de
esta implica la continuidad de la lectura del mundo.”[8]
Con
la lectura y la escritura de palabras que el alumno o la alumna trae consigo,
se produce un distanciamiento que propicia el pensamiento crítico que nos puede
llevar a transformar el mundo.
La alfabetización de mujeres,
en los años 80, que no pudieron ir a la escuela a causa de la guerra, del
aislamiento o de la pobreza, propició una toma de conciencia con la realidad
que forma parte del camino de la liberación de la mujer en España, no podemos
olvidarlo ni dejar de reconocerlo. Fueron mujeres valientes que trabajaron
duramente por los suyos y abrieron nuevos caminos en situaciones muy difíciles,
por la represión social que vivieron y el machismo que imperaba sin trabas.
Con la nueva alfabetización
y enseñanza del castellano a personas inmigrantes se trata de aprender la
lengua en sí y de aprehender la realidad del mundo al que se incorporan, desde
el espíritu crítico que les permita incorporar aquello que crean oportuno y
mantener los aspectos de su cultura con los que se identifiquen.
Podemos
enseñar la lengua o aspectos de nuestra cultura, pero sólo se “integrarán” en
la nueva cultura cuando puedan compartir y aportar. En el grupo de madres
dedicamos una sesión a compartir lecturas, fue muy interesante y hermoso ver
los diferentes libros que trajeron: de recetas de cocina, de religión,
policiacos… en su lengua de origen y en la del país que las acogió hace un
tiempo. Sólo cuando ellas/ellos nos muestran sus saberes y nosotros escuchamos,
comprendemos e incorporamos algo de lo que traen consigo, se produce la tan
reclamada integración.
La
voz que libera y transforma es la voz que toma conciencia de la realidad y se alza
reclamando justicia, la voz que el poder querrá acallar, la voz que asume las
consecuencias de sus actos y es también la voz del afecto y la estima, la voz
que expresa su dolor y la voz que calla, recoge y piensa, es la voz del sentido
del humor y de la risa liberadora y es la voz de la verdad, que muchas veces no
es la nuestra sino la de la causa común, la que escuchamos en los únicos que
realmente dicen la verdad: los niños, los locos (en el mejor sentido de la
palabra) y los pobres que no tienen nada que perder, la voz que libera y
transforma es la voz que se une a otras voces buscando la justicia que comprende
y repara, la voz que integra otras voces y empieza algo nuevo.
·
Voces que transforman
y construyen.
“El
amor es responsabilidad de un yo por un tú; en esto consiste la igualdad de
todos los que se aman.” “Sólo
aceptando la responsabilidad por el otro que me incumbe como la de mi vida
misma se podrá verificar el encuentro del individuo con sus compañeros en el
diálogo por la organización de una vida en común y podremos constituir un
“nosotros” que supere el nosotros de la utilidad y la similitud.”[9]
“No se puede llamar feliz a quien no participa
en las cuestiones públicas, nadie es libre si no conoce por experiencia lo que
es la libertad pública y nadie es libre ni feliz si no tiene ningún poder, es
decir, ninguna participación en el poder político.[10]”
Hannah Arent fundamenta su pensamiento en el nacimiento, como el inicio de la
gran tarea del individuo: la de configurar el mundo en conexión con las demás
personas. La condición humana es la de la vida activa, que consiste en trabajar
y en participar activamente de la vida política. La comunicación, como
capacidad de encontrar la palabra adecuada en el momento oportuno, ya es
acción. También lo es el pensamiento que cuestiona los principios de lo
político, las condiciones de la libertad y las limitaciones de la vida humana.
Reconoce la revolución como posibilidad de comenzar algo nuevo y de actuar en
común. Considera más adecuados los “consejos obreros” para la participación del
pueblo en la política que la democracia partidista.
Un
aspecto importante es el poder compaginar el trabajo en el ámbito laboral con el
familiar y la participación en el espacio público. Es preciso reconocer el
trabajo doméstico y el cuidado de las personas como parte del trabajo social de
un estado o país, sea quien sea que las realice. Exponemos, para mostrar nuestra
postura, parte de una entrevista a la profesora Silvia Federici[11]
“El
trabajo que la mayoría de mujeres hacen en el mundo, que es el trabajo reproductivo y doméstico, es ignorado. Y
ese trabajo es la base del capitalismo porque
es la forma en la que se reproducen los trabajadores. (…) si el trabajo doméstico para, todo lo demás para.
Por eso el capitalismo tiene que devaluar este
trabajo constantemente para sobrevivir: ¿por qué ese trabajo no está pagado si mantiene nuestras vidas en
marcha? La corriente de la que yo provengo
vimos que si el capitalismo tuviera que pagar por este trabajo no podría seguir acumulando bienes. Y al menos
que lidiemos con este asunto no produciremos
ningún cambio en ningún otra plano.
¿Defiende
el salario para el trabajo doméstico?
Sí.
Muchas feministas nos acusan de institucionalizar a las mujeres en casa porque entienden que esta demanda es una
forma de congelar a las mujeres en los
hogares, pero es exactamente lo contrario, es la forma en que podemos liberarnos. Porque si este trabajo es
considerado como tal los hombres también podrán
hacerlo. El salario sería para el trabajo, no para las mujeres.”
“…
Cuando ya no tenías capacidad para hacer vestidos, te dedicaste a hilvanar
trapos y cuando ya no pudiste, doblabas la ropa, hasta que ya, sin hada que
hacer movías los dedos como una rueca sentada en el sofá…”
[1] Lèvinas, E., Humanismo
del otro hombre, Ed. S. XXI, 2005, 1ª ed., 1974
[2] “Sufragistas” de Sarah Gravon, R.U. 2015
http://www.filmaffinity.com/es/film904562.html
[4] Movimiento surgidos el 15 de mayo de 2011 en España,
también llamados “movimientos de los indignados”, por el primer libro de los
tres escritos por Stéphane Hessel: “Indigneu-vos”
[6] Freire, P. (1975) Pedagogo Brasileño destacado por su
método de educación de adultos.
[7] Rogers, C. (EEUU 1902-1987) Psicólogo humanista y
personalista.
[8] Freire, P. (1987) L’Educació com a pràctica de la llibertat”
Eumo ed. Col. Textos pedagògics, “la importància de l’acte de llegir”
[9] Buber,
M. “Yo y Tú”
[10] Arent,
H. “La condición humana actual” Ed. Paidós,
2003 Ed. original, 1958
[11] Silvia
Federici Italia, 1942, profesora, escritora y activista. Entrevista de
24/05/2014: http://www.eldiario.es/economia/engano-trabajo-asalariado-liberar-mujeres_0_262823964.html
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