miércoles, 12 de octubre de 2016

2.16. La voz de la clase social. Voces que se liberan, construyen y transforman.

2.16. La voz de la clase social. Voces que se liberan y construyen.
“Los otros me incumben desde el primero hasta el último. Aquí, la fraternidad precede a la comunidad de una especie. Mi relación con el Otro como prójimo da sentido a mis relaciones con todos los otros”.[1]

 L’Hospitalet de Llobregat, ISSN 2462-6325
            Mi madre desde niña, cuidó de la casa y de las personas que la habitaban,  trabajó un poco en el campo, no le gustó, aprendió a coser y se hizo “modistilla”, cosía en las casas de “los señoritos”, era discreta, pulida y   hacendosa y la llamaban a menudo. Me enseñó a coser, yo prefería leer.
            Con 16 años yo podía seguir estudiando, pero tenía que compaginar trabajo y estudios y ayudar a mi madre en casa, trabajaba en una oficia de una pequeña fábrica del cinturón industrial que rodea mi barrio y estudiaba por la noche. Si no hubiéramos vivido en un barrio obrero de una gran ciudad, no hubiera podido hacerlo. Normalmente desayunaba sola en la oficina, con mis libros y     apuntes, hasta que empecé a ir con las chicas y mujeres de la fábrica, ellas me acogieron, me sentía bien con ellas. Aprendí cosas de la vida.
Aunque todas las mujeres, en general, hemos sufrido y sufrimos discriminación de género, lo cierto es que la clase social y la época o el lugar en que vivimos nos condicionan tanto o más, como refleja muy bien la película Sufragistas[2].
La percepción está ligada al pensamiento, nos dice Lowe[1], pero el pensamiento se ve limitado por una serie de factores biológicos y sociales, como son los sentidos o los medios de comunicación. En cada época predominaría un sentido y un medio de comunicación, nos dice: en la Edad Media y la Antigüedad, sería el lenguaje oral, en el Renacimiento, con la imprenta, el medio escrito y en el s. XX, la radio y la televisión. En el nuevo siglo incorporaríamos las “redes sociales”.
Las mujeres de la primera parte del s. XX escuchaban la radio, oían cantar y contar y cantaban y contaban, el predominio del lenguaje recibido y transmitido era oral, como lo había sido desde siempre, especialmente entre las mujeres. Ese era el lenguaje que, mediante el vínculo, la escucha y la relación hacía hablar a niños y niñas antes de ir a la escuela, en el caso de que fueran.
En la segunda mitad del siglo XX se fue imponiendo la televisión. La imagen fue desplazando lo auditivo; aunque la televisión utiliza los dos medios, el poder de la imagen es mucho más rápido y global, más potente, la televisión hace pasivo al espectador, no así la radio, que exige una concentración, ni siquiera el cine con el que tenemos que establecer una mejor sintonía. Se hacía, se hace, callar a los niños para escuchar la televisión, muchos de mis alumnos han aprendido a hablar en la escuela.
Entramos en el siglo XXI en plena época tecnológica. Las mujeres pasamos del - “me lo dijo mi vecina” al - “lo han dicho en la tele” y al actual: - “lo he visto en facebook”. La percepción visual sigue ganando terreno a la auditiva en la transmisión de la información, no tanto, aún, en las relaciones, para la que sigue siendo fundamental el contacto personal. Son de sobras conocidos los malentendidos que se dan en las redes sociales con el escaso y mal uso del lenguaje escrito. Las mujeres seguimos necesitando y buscando grupos donde relacionarnos y hablar. Nuestras voces en red nos facilitan, de alguna manera, la relación, el establecer o mantener contacto. Lo importante seguirá siendo los criterios para escoger lo que nos conviene y evitar lo que nos perjudica, así como la capacidad para “sobreentender” en confianza y bien, o no, lo que no está bien expresado. Con las redes sociales podemos incorporarnos a la voz del poder: la de las estrellas rutilantes del espectáculo y la moda, la de lo banal que circula por doquier… o podemos abrirnos a la corriente crítica de la consciencia de la realidad, la única que permite que se generen cambios.



[1] Lowe, Donald M. (1986) Historia de la percepción burguesa.
Si “el conocimiento es poder”, la tiranía se ejerce eliminando o disfrazando el conocimiento. “Dar a conocer” es contrarrestar  el dominio que impera sobre en el mundo en cada época. Esa voz de la información veraz se transmite por una corriente subterránea, de boca en boca, se sabe, pero no se dice públicamente, el que se atreve a hacerlo sufre, a menudo, el menosprecio y el silenciamiento.
Cuando el poder incorpora eso que se dice de boca en boca, lo “domestica”, el poder no soporta la crítica, pero sólo con ella avanza el mundo. Los que hemos sufrido más de cerca la actual crisis y participamos en movimientos como los del “15-M”[4] decíamos las cosas que actualmente ya dicen, públicamente, muchos expertos, señal de que algo cambiará.
·         Voces que se liberan.
El feminismo, con el sufragio universal, supuso más la emancipación de la mujer que la liberación. Ésta última es una meta hacia la que todos estamos en camino. Se abolió la esclavitud, se independizaron países… pero la tiranía se sigue imponiendo en nuestras democracias de manera más solapada.
Cuando esta tiranía impone el silencio se alzan los juegos de sentido de humor. La sátira es el género literario favorito de los oprimidos políticos. Así se visibilizan, muchas veces, los excluidos, a través de viñetas como las de nuestro Forges.[5]
Mi madre, mientras cosía con otras “modistillas”, cantaba y reía. Desayunando con mis compañeras de la fábrica, contábamos chismes y reíamos. Cuando mis padres se reunían con  mis tíos, de tanto en tanto oíamos como mi madre y mi tía lanzaban un grito y a continuación reían, no sabíamos de qué. Con el grupo de madres celebramos una fiesta: se sirvió té, se degustaron pastelillos caseros, intercambiamos recetas, compartimos música y bailamos lanzando el grito que hacen las mujeres marroquís, - ¡eso sí fue liberador!
Pablo Freire decía: “nadie educa a nadie, nadie se educa a sí mismo, los hombres –las personas- se educan unas a otras con la mediación del mundo”[6], es decir en el diálogo y la relación. ¿Entonces de que servimos los educadores? Carl Rogers[7] nos dijo que los educadores somos “facilitadores”.
Pablo Freire, en su método de alfabetización de adultos, nos explica que lo primero es tomar conciencia de la realidad: “la lectura del mundo precede siempre a la lectura de la palabra y la lectura de esta implica la continuidad de la lectura del mundo.”[8] Con la lectura y la escritura de palabras que el alumno o la alumna trae consigo, se produce un distanciamiento que propicia el pensamiento crítico que nos puede llevar a transformar el mundo.
La alfabetización de mujeres, en los años 80, que no pudieron ir a la escuela a causa de la guerra, del aislamiento o de la pobreza, propició una toma de conciencia con la realidad que forma parte del camino de la liberación de la mujer en España, no podemos olvidarlo ni dejar de reconocerlo. Fueron mujeres valientes que trabajaron duramente por los suyos y abrieron nuevos caminos en situaciones muy difíciles, por la represión social que vivieron y el machismo que imperaba sin trabas.
Con la nueva alfabetización y enseñanza del castellano a personas inmigrantes se trata de aprender la lengua en sí y de aprehender la realidad del mundo al que se incorporan, desde el espíritu crítico que les permita incorporar aquello que crean oportuno y mantener los aspectos de su cultura con los que se identifiquen.
Podemos enseñar la lengua o aspectos de nuestra cultura, pero sólo se “integrarán” en la nueva cultura cuando puedan compartir y aportar. En el grupo de madres dedicamos una sesión a compartir lecturas, fue muy interesante y hermoso ver los diferentes libros que trajeron: de recetas de cocina, de religión, policiacos… en su lengua de origen y en la del país que las acogió hace un tiempo. Sólo cuando ellas/ellos nos muestran sus saberes y nosotros escuchamos, comprendemos e incorporamos algo de lo que traen consigo, se produce la tan reclamada integración.
La voz que libera y transforma es la voz que toma conciencia de la realidad y se alza reclamando justicia, la voz que el poder querrá acallar, la voz que asume las consecuencias de sus actos y es también la voz del afecto y la estima, la voz que expresa su dolor y la voz que calla, recoge y piensa, es la voz del sentido del humor y de la risa liberadora y es la voz de la verdad, que muchas veces no es la nuestra sino la de la causa común, la que escuchamos en los únicos que realmente dicen la verdad: los niños, los locos (en el mejor sentido de la palabra) y los pobres que no tienen nada que perder, la voz que libera y transforma es la voz que se une a otras voces buscando la justicia que comprende y repara, la voz que integra otras voces y empieza algo nuevo.
·         Voces que transforman y construyen.
“El amor es responsabilidad de un yo por un tú; en esto consiste la igualdad de todos los que se aman.” “Sólo aceptando la responsabilidad por el otro que me incumbe como la de mi vida misma se podrá verificar el encuentro del individuo con sus compañeros en el diálogo por la organización de una vida en común y podremos constituir un “nosotros” que supere el nosotros de la utilidad y la similitud.”[9]
 “No se puede llamar feliz a quien no participa en las cuestiones públicas, nadie es libre si no conoce por experiencia lo que es la libertad pública y nadie es libre ni feliz si no tiene ningún poder, es decir, ninguna participación en el poder político.[10] Hannah Arent fundamenta su pensamiento en el nacimiento, como el inicio de la gran tarea del individuo: la de configurar el mundo en conexión con las demás personas. La condición humana es la de la vida activa, que consiste en trabajar y en participar activamente de la vida política. La comunicación, como capacidad de encontrar la palabra adecuada en el momento oportuno, ya es acción. También lo es el pensamiento que cuestiona los principios de lo político, las condiciones de la libertad y las limitaciones de la vida humana. Reconoce la revolución como posibilidad de comenzar algo nuevo y de actuar en común. Considera más adecuados los “consejos obreros” para la participación del pueblo en la política que la democracia partidista.
Un aspecto importante es el poder compaginar el trabajo en el ámbito laboral con el familiar y la participación en el espacio público. Es preciso reconocer el trabajo doméstico y el cuidado de las personas como parte del trabajo social de un estado o país, sea quien sea que las realice. Exponemos, para mostrar nuestra postura, parte de una entrevista a la profesora Silvia Federici[11]
            “El trabajo que la mayoría de mujeres hacen en el mundo, que es el trabajo        reproductivo y doméstico, es ignorado. Y ese trabajo es la base del capitalismo          porque es la forma en la que se reproducen los trabajadores. (…) si el trabajo           doméstico para, todo lo demás para. Por eso el capitalismo tiene que devaluar             este trabajo constantemente para sobrevivir: ¿por qué ese trabajo no está           pagado si mantiene nuestras vidas en marcha? La corriente de la que yo         provengo vimos que si el capitalismo tuviera que pagar por este trabajo no     podría seguir acumulando bienes. Y al menos que lidiemos con este asunto no   produciremos ningún cambio en ningún otra plano.
            ¿Defiende el salario para el trabajo doméstico?
            Sí. Muchas feministas nos acusan de institucionalizar a las mujeres en casa       porque entienden que esta demanda es una forma de congelar a las mujeres en los hogares, pero es exactamente lo contrario, es la forma en que podemos liberarnos. Porque si este trabajo es considerado como tal los hombres también             podrán hacerlo. El salario sería para el trabajo, no para las mujeres.”
“… Cuando ya no tenías capacidad para hacer vestidos, te dedicaste a hilvanar trapos y cuando ya no pudiste, doblabas la ropa, hasta que ya, sin hada que hacer movías los dedos como una rueca sentada en el sofá…”




[1] Lèvinas, E., Humanismo del otro hombre, Ed. S. XXI, 2005, 1ª ed., 1974
[2] “Sufragistas” de Sarah Gravon, R.U. 2015 http://www.filmaffinity.com/es/film904562.html
[3] Lowe, Donald M. Historia de la percepción burguesa, 1986
[4] Movimiento surgidos el 15 de mayo de 2011 en España, también llamados “movimientos de los indignados”, por el primer libro de los tres escritos por Stéphane Hessel: “Indigneu-vos”
[5] “Forges”, seudónimo de Antonio Fraguas de Pablo, Madrid, 1942
[6] Freire, P. (1975) Pedagogo Brasileño destacado por su método de educación de adultos.
[7] Rogers, C. (EEUU 1902-1987) Psicólogo humanista y personalista.
[8] Freire, P. (1987)  L’Educació com a pràctica de la llibertat” Eumo ed. Col. Textos pedagògics, “la importància de l’acte de llegir”

[9] Buber, M. “Yo y Tú”
[10] Arent, H.  “La condición humana actual” Ed. Paidós, 2003 Ed. original, 1958
[11] Silvia Federici Italia, 1942, profesora, escritora y activista. Entrevista de 24/05/2014: http://www.eldiario.es/economia/engano-trabajo-asalariado-liberar-mujeres_0_262823964.html

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