viernes, 7 de diciembre de 2018

Egeria, viajera, fraternal

La voz de las mujeres:   L’HOSPITALET DE LLOBREGAT ISSN2462-6325

Mª Àngels García-Carpintero Sánchez-Miguel

·         El primer libro de viajes fue escrito por una mujer hispana.
Egeria, la primera mujer escritora de Hispania, es prácticamente una desconocida. Escribió el relato de su viaje de peregrinación a Tierra Santa en forma de cartas para sus “dominae et sórores” (“estimadas hermanas”) donde va narrando todo lo que ve, en las postrimerías del S. IV, en su travesía por la “Vía Domitia” hasta llegar a la “pars orientis” del Imperio, Constantinopla, desde donde recorrerá lugares bíblicos como el monte Sinaí y visitará ermitas y ermitaños.
En el S. XI algún buen monje copió los restos de algunas de estas cartas en un pergamino que permaneció relegado hasta que fue hallado en una biblioteca italiana en 1884 y, tras una ardua investigación, se pudo poner nombre a esta matrona hispana que escribió el primer libro de viajes en el que nos da una idea de la circulación de creencias, esas de las que las palabras son portadoras, en un incipiente medio de transmisión escrito, la carta, de manera amena y precisa para que pudiera ser recreada al leer, contar y propagar de forma oral su contenido.
Egeria, de noble estirpe, fue, sin duda y a pesar de su posición, una mujer osada y valiente, culta en toda la amplitud del concepto, modesta en sus maneras pues no pretende lucirse ella con su erudición sino conocer y comunicar, tierna y servicial pues va a ver a los ermitaños ancianos que no pueden salir a recibirla, una mujer que disfruta de un viaje que le permite abrirse y conectar, realizando un itinerario espiritual desde la realidad que siente, percibe e interpreta.
Las frescas cartas de Egeria, su aproximación a Oriente, a los lugares sagrados, su deseo de conocer para hacer saber, su veneración a los monjes y santos contrastan con las lecciones de los primeros padres de la iglesia en las que se dará cuenta de las complejidades de los primeros concilios para establecer unos dogmas que más que unir, separan, con honrosas excepciones, claro está.
Os invitamos a leer la edición de Carlos Pascual, con la que, además de la frescura de los restos de sus textos, tendremos una magnífica introducción que nos situará en el contexto del cambio de era en que vivió Egeria, así como las peripecias de un escrito que permaneció anónimo y olvidado hasta que alguien se empeñó en rescatarlo y darlo a conocer.


lunes, 10 de septiembre de 2018

Nosotras y los sesudos


Nosotras y los sesudos
He leído a bastantes filósofos, lingüistas, psicólogos, educadores, teólogos, historiadores… para saber más acerca del lenguaje, de la educación y de las grandes preguntas de la humanidad, especialmente. Esto es lo que he encontrado en referencia a la mujer:
La mayoría de ellos, simplemente nos omite, por todas partes encuentras la palabra “hombre” como genérico, ¿del ser humano?, me suena más de “ellos”.
En todo caso, cuando hablan de la mujer, lo hacen en términos sexistas o de cosificación. Por ejemplo, el lingüista Coseriu (1921-2002), en su tratado de lingüística general, no nombra ni una vez a las madres, sólo dice: “El niño aprende generalmente el idioma de sus padres, que le enseñan la norma dominante en su comunidad”.[1] Aun aceptando las generalizaciones, ¿no es extraño que en todo su tratado no nombre a las madres como transmisoras del lenguaje? y ¿realmente de lo que se trata es de enseñar una norma “dominante” cuando favorecemos el uso del lenguaje? La única vez que utiliza la palabra “mujer” es para poner una frase de ejemplo acerca de “una mujer con las piernas bonitas”.
Chomsky sí reconoce la importancia de los dos primeros años para el establecimiento del lenguaje, pero minimiza su importancia, cosa en la que discrepamos profunda y demostradamente, pero eso es ya un ensayo en sí.
No son más que ejemplos que expongo en mi trabajo sobre “El lenguaje de las madres” porque me han hecho gracia o me han resultado chocantes. La mayoría de mensajes misóginos, sexistas y vilipendiadores con respecto a nosotras no he podido recogerlos, duele demasiado, por otra parte tampoco querría repetirlos, están ahí, en los libros de los sesudos.
Lo que más duele es que eso ha revertido en la sociedad, como la creencia de que son las madres las culpables de todo. ¿Os imagináis el dolor de una madre con una criatura con síntomas autistas leyendo a Betthelheim en “La fortaleza vacía”? Yo sí y no puedo soportarlo.
Ha habido algunos honrados filósofos que sí que han reconocido las valiosas aportaciones de las mujeres que han tenido a su lado, como hizo John Stuart Mill con respecto a su segunda mujer Harriet Taylor Mill (1807-1858), feminista que influyó en su pensamiento, algo que, aunque él siempre reconoció, no transcendió.
Otras muchas fueron también silenciadas, si no por sus mismos compañeros de pensamiento, por sus coetáneos, expondré dos ejemplos más:
Isabel de Bohemia (1618-1680), pidió a Descartes que le diera clases de filosofía, mantuvo después con él una asidua correspondencia en la que se mostró crítica, especialmente con el dualismo de intentar separar la razón de la pasión, el cuerpo y el alma, considerando ésta como la facultad de pensar que debía ejercer un dominio sobre las pasiones. Ella le hace observar la importancia de la experiencia y de lo que vendría a ser “el sentido común”. Descartes conversa con ella, no lo rechaza, pero no ve cómo integrarlo. Los razonamientos de Isabel son valorados por el filósofo, como otros que mantuvo con otras amigas, pero él siempre se mostrará como el maestro de ellas.
Anne Finch Conway (1631-1679), mujer de amplios intereses científicos y filosóficos, pretendía aunar las observaciones empíricas con los principios filosóficos y morales. Consideraba que la naturaleza estaba constituida por mónadas[2], sustancias indivisibles de toda materia, dotadas de fuerzas vitales e integradas en el orden universal. Su tratado «Principios de la Más Antigua y Moderna Filosofía», publicado anónima y póstumamente en 1690, propone una ontología del espíritu. A la muerte de Ana Finch, Jan Baptista van Helmont viajó a Hanover y presentó la obra a Leibniz que incorporó ideas de Ana a sus sistema filosófico contrario al mecanicismo, dando origen al Vitalismo. Aunque Leibniz reiteró las referencias a la condesa de Conway, como fuente de sus ideas, su obra fue atribuida a van Helmont. 

Pero lo peor es cuando son vilipendiadas y no por sus escritos, que si perduran es porque son válidos, sino por su aspecto personal. A Simone Weil (1909-1943) filósofa, activista sindical, obrera, maestra…  todo el mundo le reconoce su gran valía intelectual, pero lo que se rememora una y otra vez son los descalificativos que se dieron a su persona desde círculos reaccionarios. ¿Cómo se atreven? Se puede y se debe criticar las ideas pero no repitiendo insultos, eso demuestra la escasa talla intelectual y moral de quien lo hace. Pero se hace, especialmente con las mujeres, aunque también con otros colectivos, como los de homosexuales. (Si una es mujer y homosexual, el colmo del desprecio cae sobre ella)
No fue siempre así en la antigüedad. Las civilizaciones antiguas tenían diosas de la fertilidad y de la fecundidad que adoptaron diferentes nombres según la procedencia: las “damas” ibéricas encontradas en zonas del Mediterráneo, el culto a Tànit de los cartagineses o Astarté para los fenicios parecen provenir de la Isis egipcia. En el mundo helénico, los “misterios eleusinos” fundamentados en el reencuentro de la diosa Deméter y su hija Perséfone (o Kore), estaban muy extendidos y representaban la fertilidad de la vida y de la tierra y el Amor entre madre e hija. Los griegos no sólo tenían diosas que luego pasaron al mundo romano, también profetisas y mujeres que, reales o imaginadas, impregnaban de sabiduría tanto como las figuras masculinas. Platón hace intervenir a Diotima de Mantinea en “El Banquete”, un diálogo sobre el amor en el que también hace intervenir a Sócrates. Aunque las mujeres griegas estaban tan relegadas como otras, tenían su representación.
El imperio romano, incorporó algunas de estas figuras, pero su régimen de patriarcado unido al de los hebreos con la romanización del cristianismo, acabó despreciando totalmente a la mujer. El cristianismo tuvo que aceptar aquellas deidades femeninas míticas para extenderse y las adaptó a la figura de María, la madre de Jesús. Una figura que representa la maternidad pero que ya nunca tuvo una hija en brazos, con lo que el poderoso vínculo madre-hija por el que circula la vida, quedó relegado tanto como la mujer.
En la Edad Media hubo mujeres que ejercían su autoridad y sus amplios y variados conocimientos desde los monasterios, la noble cuna o las asociaciones laicas como las de las beguinas que ofrecían consuelo y educación y que fueron arrasadas por la Inquisición. Las brujas eran mujeres que ayudaban en los partos o en los abortos, ayudaban a nacer y morir.
Silvia Federici[3] relaciona la caza de brujas que se produjo entre los siglos XIV y XVII[4] con el desarrollo contemporáneo de una nueva división sexual del trabajo que confina a las mujeres al trabajo reproductivo al servicio de los que dominan el mundo, para lo cual la Iglesia tomó el control sobre el cuerpo de las mujeres. Tras la peste y otras enfermedades que redujeron la población, se permitió la violación y la prostitución.
El paso de una economía de subsistencia de la sociedad feudal a una economía de acumulación y especulación trajo consigo la degradación del trabajo, que pasó a ser asalariado para el varón y relegó a la mujer al ámbito reproductivo o a la prostitución, dado el aumento del hambre entre la población y las escasas posibilidades de la mujer, a la que se le impedía la educación. En dos siglos se consiguió someter a la mujer mediante la violencia, las leyes y el juicio moral establecido por las iglesias y asumido por ellas mismas.
Nos indigna la violencia feroz, primitiva y contundente, la que acaba con la vida de las mujeres o las somete a base de golpes e insultos, pero lo que se lee en los libros escritos por los sesudos es mucho más preocupante, ellos marcaron las tendencias. ¿Cómo cambiar siglos de opresión?
Será difícil, pero lo vamos a hacer. Lo primero es combatir los micromachismos que se dan continuamente a nuestro alrededor, descubrir las falacias que se esconden tras el lenguaje sexista, relegar aquellos desprecios que nos duelen y dar valor a los y a las que reconocen el valor de la vida de todos y de todas.
¿He encontrado ese reconocimiento en lo que llevo leído? Sí, algo.
Lo he encontrado en algunos –pocos- pedagogos que basan su educación (teoría y práctica) en lo que aprendieron de sus madres, como Pestalozzi (Suiza, 1746-1827) que fue uno de los primeros educadores que dio importancia al papel de las madres en la educación de los primeros años de vida, lo que consideraba fundamental para el buen desarrollo humano. Él, no sólo lo pensó y lo escribió, sino que lo aplicó entre los huérfanos, intentando educar en un ambiente de hogar, con el amor y buen criterio con que su madre lo había educado a él.
Lo he encontrado en algunos grandes autores (grandes como escritores y como personas, como Eduardo Galeano), en mujeres filósofas que trabajan con perspectiva de género, como en la UB o en lingüistas como Julia Kristeva (Bulgaria, 1941)... lo bueno es que ellas (y algunos conscientes compañeros) critican ideas respetando personas. Si no me creéis, leerl@s.
También en los místicos y las místicas de cualquier religión. La mística siempre es la misma y lleva a volver la mirada al otro. Pero eso será otro ensayo.
Aún hay mucho camino por recorrer. Ahí andamos.
Mª Àngels García-Carpintero
L’Hospitalet, septiembre, 2018

Alguna bibliografia:
Arendt, H. (2011) La condición humana. Barcelona: Paidós, 1ª ed. 1958
(2016) La última entrevista y otras conversaciones. Bcn.: Página Indómita.
Àvila i Serra, Martí (2006) Breu història del cristianisme. Barcelona: Publicacions de l’abadia de Montserrat. Bibl. Serra d’or.
Birulés, F., Rius, R.(2011) Pensadoras del S. XX. Aportaciones al pensamiento filosófico femenino. Publicación 114 de la Adm. General del Estado. Instituto de la mujer.
Borges, J. L. (1996) Historia de la eternidad. Madrid: Alianza (1ª ed. 1971).
Bruzzese, M. y Demartino, G. (2000) Las filósofas. Las mujeres protagonistas en la historia del pensamiento. Madrid: Cátedra.
Camps, Victoria. (2003) El siglo de las mujeres. Madrid: Cátedra. (1ª ed. 1998)
Chiaia, M. y otras. (2006) Mujeres místicas, desde Hildegarda a Simone Weil. Narcea.
Egeria (2017), Viaje de Egeria. El primer relato de una viajera hispana. Ed., prólogo y trad. Carlos Pascual. La línea del horizonte.
Ferry, L. y Jerphagnon, L. (2010) La tentación del cristianismo. De secta a religión. Paidós.
Galeano, E. (2015) Mujeres. Madrid: S. XXI
Goldman, Emma (2017) Feminismo y Anarquismo.  Madrid: Enclave
Federici, Silvia (2017. 7ª ed.). Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria. Ed. Traficantes de Sueños. Historia.
Gleichauf, Ingeborg (2005) Vull comprendre, historia de dones filòsofes. La Desclosa.
Institut Català de les dones. (2009) Moments històrics de les dones a Catalunya.
Llinàs, Masó i Sánchez (2002) Les dones i les filosofies. Col. D+1, 4 Dip. de Barcelona.
Mitre, E. (2000) Las herejías medievales de Oriente y Occidente. Madrid: Arco Libros. Cuadernos de historia.
Murano, Luisa (1994) El orden simbólico de la madre. Madrid: Ed. Horas y horas. Col. Cuadernos inacabados.
Paz, Octavio (1982) Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe. Méjico: Fondo de cultura económica.
Pestalozzi, J. H. Cómo Gertrudis enseña a sus hijos. Fines y métodos de la educación del pueblo. Cartas dirigidas a Gessner. Versión española de J. Tadeo Sepúlveda

Pizán, C. (2013) La ciudad de las damas. Madrid: Siruela pról. V. Cirlot.
Porete, M. (2005) El espejo de las almas simples. Madrid: Siruela, trad. i ed. B. Garí.
Rivera, María-Milagros. (2003) Mujeres en relación. Feminismo 1970-2000. Barcelona: Icaria (1ª ed. 2001)
Rodriguez Madga, Rosa Ma.  (ed.) (1997) Mujeres en la historia del pensamiento. Revista Anthropos, núm. 94
Tommasi, W. (2002) Filósofos y mujeres. La diferencia sexual en la historia de la filosofía. Madrid: Narcea
Varis autors (1995) Quinze pedagogs. La seva influència avui. UOC



[1] Coseriu, E. (1986) Introducción a la lingüística, 4.3.2. La realidad del lenguaje.
[2] Concepto que deriva de la Cábala (mística judía).
[3] Federici, Silvia (2017. 7ª ed.). Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria. Ed. Traficantes de Sueños. Historia.
[4] Aunque aún se producen “cazas de brujas” como explica Federici en una entrevista de 2017:

jueves, 30 de agosto de 2018

¿Eutanasia o asistencia?


·      Eutanasia no y... asistencia sanitaria cuando más se necesita???
El 31 de diciembre de 2008 a las 18:30 me llama la cuidadora de mi madre. Al salir del Centro de Día del barrio mi madre casi se cae, no se ha caído porque ella la ha sujetado, pero se venía abajo y no puede caminar. Voy. Está en un banco, le duele la pierna. Llamamos a una ambulancia.
– A esta señora no le pasa nada.… Es noche vieja.
– Vale, ayúdenme a ponerla de pie y me la llevo.
La intentamos levantar, mi madre grita, lo reconsideran y la llevan al hospital que está a 5 minutos. Una doctora me pregunta con cara de desconfianza:
- Así, ¿no se ha llegado a caer?
No, porque la han sujetado, pero le duele y no puede caminar.
Y ¿cómo sabe que le duele si tiene Alzheimer?... ¿Es doctora?, me pregunto.
Compruébelo usted misma.
Le levanta la pierna buena, mi madre mira beatíficamente el techo. Le intenta levantar la mala, mi madre grita y se encoge de dolor. La doctora hace un mohín de disgusto.
RX: – Pues sí, tiene el fémur roto, la ingresaremos. … Nos miramos. Callamos.
Las 3:00, seguimos en el box de urgencias, le pregunto si sabe si nos queda mucho. Me mira y me espeta:
- ¡Usted puede irse si quiere! … Se piensa que me quiero ir de fiesta.
- No me voy a ningún sitio, sólo preguntaba.
Me responde que no sabe con un tono más moderado.
Pasa el largo fin de semana. Un día laboral de entre fiestas viene un médico joven.
– No sé si la operaremos, somos pocos y sólo cubrimos las urgencias importantes, como si alguien joven se rompe una pierna ¿lo entiende?
Y ¿la van a dejar con el dolor?, me atrevo a preguntar.
De nuevo:
- ¿Cómo sabe que tiene dolor?… No contesto, ¿ Cómo pueden ser tan ineptos?
Después de Reyes la operan.
Le hemos puesto una pieza de titanio, me mira el operador y me hace saber lo que cuesta en euros, le mantengo la mirada. No quiero pensar en lo que dice.
Mi madre ya está llagada.
Me llama la trabajadora social del hospital:
- Se la tendrá que llevar a una residencia.
Le digo que tengo concedida una plaza en la residencia pública del barrio donde ha estado yendo, hasta ahora, al Centro de Día. A principios de enero, es decir durante esos días había de entrar, después de años de lista de espera.
Llama a la residencia y dicen que, si se ha roto el fémur no puede ir allí sin hacer primero recuperación, que vaya al sociosanitario.
La trabajadora social del Hospital me dice que al sociosanitario no irá porque no tiene recuperación que me busque una residencia privada. Llama desde su despacho a una residencia de la Diagonal, allí tienen plazas.
Le digo que no, que llevo muchos años cuidando de mi madre, que la veo cada día y necesito seguir viéndola, que si va allí no podré ir a verla porque después de trabajar ya no tengo fuerzas, que tengo una disminución reconocida. Insisto en que ya tengo concedida la plaza en la residencia pública del barrio y que es la que me corresponde. Allí tienen a muchos imposibilitados, no veo por qué no puede ir mi madre.
Voy a ver a la trabajadora social de la residencia del barrio y me dice que, si se rompe el fémur alguno de sus residentes que antes andaba, como es el caso de mi madre, ellos se preocupan de que los operen enseguida porque sólo así pueden tener posibilidad de recuperación. Me dice que, aunque tenga la plaza adjudicada, sólo puede ir cuando haya hecho la recuperación.
Pasa otra doctora del Hospital por la habitación, me pregunta si antes caminaba bien, le digo que sí. Dice que intentaran la rehabilitación, pero aún no la han puesto de pie, como hacen con las otras que operan.
Finalmente la envían al sociosanitario. - Sólo por unos días, aclaran.
Me llama la trabajadora social del sociosanitario:
-  Tiene que buscar residencia. La próxima semana.
- Pero ya tengo concedida la  plaza en la residencia pública.
- Sí pero allí no la quieren en estas condiciones. No podemos hacer nada más, en dos semanas  como máximo se la tiene que llevar a su casa o a donde quiera.
Me da una lista de residencias. Ninguna a la que yo pueda ir fácilmente excepto la residencia a la que había de ir. A casa no puedo traerla, no puedo moverle ni una pierna, he tenido cuidadora mientras he podido substituir a las cuidadoras, tenerla sin poder cuidarla me genera una angustia tan grande que prefiero morir con ella.
Lo pensé entonces, lo digo ahora.
Salgo a la calle. Sollozo a raudales mientras los coches pasan a mi lado. ¿Por qué no se puede ni hablar de eutanasia y en cambio no se dispone de sistema sanitario cuando más se precisa? Pasan muchas cosas por mi cabeza, tan rápidas como el tráfico. Subo a la habitación de mi madre. Me mira con su sonrisa beatífica. Me siento a su lado. Me sobrevienen de nuevo los sollozos. Callo de golpe cuando oigo a mi madre llorar de la misma manera angustiosa que yo.
Una enfermera me ve y me explica que el sociosanitario es para tres cosas: recuperación, para cuidarles cuando se han llagado o para paliativos. Le digo a la trabajadora social que el segundo caso también corresponde a mi madre. Me dice que ella ha entrado por recuperación y no por “larga duración” que hubiera sido el segundo caso y que como no hay recuperación, me la tengo que llevar.
Llama delante de mí a una residencia de otro barrio de l’Hospitalet, les miente descaradamente delante de mí diciendo que mi madre tiene un Alzheimer medio, cuando es un Alzheimer grado 7 (el último), la única cosa que hacía era andar llevada de la mano. Le hago ver que ha mentido y me dice que… ¡es para ayudarme!
Me voy indignada. Ya no lloro. Llamo a todos los resortes que puedo.
Finalmente, desde el Ayuntamiento, una enfermera y trabajadora social me dice que no la pueden echar de allí si se llagó en el hospital.
Mi madre se queda allí, 6 meses, el tiempo medio a partir del cual todos se van: a su casa, más o menos rehabilitados, a una residencia o al tanatorio, como fue el caso.
Yo le hubiera ahorrado esos seis meses.
Al cabo de un tiempo me cruzo con la trabajadora social de la residencia del barrio, me dice que siente mucho todo lo que pasó. Le doy las gracias y me voy. Hice lo que tenía que hacer y, a pesar vuestro, acompañé a mi madre hasta el final.
Mª Ángeles García-Carpintero
Después de 10 años lo hago público por si a alguien le sirve mi experiencia.

miércoles, 7 de marzo de 2018

- ¡Socorro…! ¿Hay alguien ahí?


-     -  ¡Socorro…! ¿Hay alguien ahí?
La voz de las mujeres. Lenguaje compartido y transmitido.

Mª Àngels García-Carpintero Sánchez-Miguel
L’HOSPITALET DE LLOBREGAT, ISSN 2462-6325


Cuando hemos estado hospitalizados o acompañando a algún familiar directo sabemos que, aunque agradezcamos al médico que ha acertado en un diagnóstico o que ha concluido bien una intervención, quienes se han cuidado realmente de nosotros son las enfermeras y auxiliares. Sabemos, también que en la “Seguridad Social” no hay seguridad laboral, los empleados suelen ir encadenando contratos, uno detrás de otro, mientras puedan, así funciona nuestro sistema de salud que, si no va aún a peor es porque ellos y ellas están aguantando un edificio minado que se desmorona. Pero las fuerzas se acaban.
Ella es una auxiliar clínica y de geriatría que a sus 56 años no ha conseguido una estabilidad laboral, ha ido encadenando contratos. En 2010 corre a atender el timbre del baño de un enfermo, se resbala, se rompe los tendones y un hueso del hombro, pero durante mes y medio continúa trabajando porque según la mutua: “es una contusión”. Será el primer accidente laboral que la mutua no reconoce hasta dos años más tarde en los que ha ido pasando por diferentes situaciones traumáticas de las que su salud se resiente. En 2012 le hacen una revisión, en un informe se hace constar que durante 6 meses no puede hacer esfuerzos, informe que ella desconoce, informe que no le llega hasta el 2017 después de reclamar al Síndic de greuges y apelar a la “Llei de transparencia”. En 2012, sin saber los resultados de ese informe que desconoce, atiende a un anciano en el baño que se le cae encima desde la precaria silla donde le asea. Nuevo accidente laboral no reconocido. Nueva rotura del otro hombro. Nueva operación. Esta vez ha habido también un desprendimiento de retina del que tiene que costearse una operación para no perder el ojo. Nuevo calvario pasando por la humillación del ICAM, por la agonía de no ser atendida como cualquier persona merece.
Ella está ya destrozada, en estos dos años ha desencadenado una fibromialgia que ahora ya es severa, aun así sigue con sus contratos, necesita trabajar, no hay problema, tiene un buen currículum, lo único que sucede que ella ya no es la misma, sucede que ya no aguanta el doblar turnos, sucede que tiene que mantenerse a base de calmantes del dolor, sucede que le da vergüenza seguir explicando sus miserias a amigos y familiares que ya le ayudaron a pagar su operación ocular, sucede que se va aislando, que no se atreve a dejar que lo noten en el trabajo porque en cualquier momento le pueden rescindir el contrato alegando que “no da el perfil”. Sucede que su vida que antes era alegre y activa ha cambiado, no puede mantener el ritmo y condiciones de su trabajo, sucede que después de una vida dedicada a atender personas, su situación laboral es tremendamente precaria. Sucede que sus mínimos ingresos no le dan para pagar su alquiler… Sucede que se siente sola, que no sabe dónde acudir porque sabe que si va a urgencias la dejarán en una camilla, porque su caso no es de urgencias hospitalarias, pero ¿hay alguien para su caso? Mala salud y precariedad laboral tras haber trabajado y cotizado largos años ¿cómo se resuelve? ¿Dejando que se mueran de pena y de miseria?
Por lo menos seamos conscientes de que tenemos un sistema de mierda.
8 de marzo de 2018

lunes, 19 de febrero de 2018

Unidos somos más


La voz de las mujeres:       L’HOSPITALET DE LLOBREGAT ISSN2462-6325
Mª Àngels García-Carpintero Sánchez-Miguel

Unidos somos más
¿Fibromialgia (FM)?, ¿Síndrome de Fatiga Crónica (SFC)?, ¿Hipersensibilidad múltiple?, ¿Encefalomielitis miálgica…?[1] ¿Cuál es mi síndrome? o… ¿los tengo todos?
El mío no era ninguno de esos, yo tenía uno propio “Arnold-Chiari II”, intervenido cuando era adolescente y aún no había resonancias magnéticas. Las secuencias: cansancio, mareos, debilidad muscular… Por lo menos ya sabía lo que me pasaba, no estaba loca, que fue mi angustia principal en los cinco años anteriores a la intervención, desde que todo comenzó a manifestarse con virulencia.
Me quedé sola. “Si te cansas, te aguantas”, decidí, ya sabía lo que me pasaba, viviría con ello evitando que se notara. A nadie le gustan los enfermos y yo era muy joven y tenía ideales e ilusión. Mis nuevos amigos no lo supieron, hasta ahora. La familia sí, pero no se hablaba. En el trabajo, con algunas compañeras-amigas empezó a aflorar.
Finalmente tuve que hacerle frente de nuevo: terapias naturales para mejorar unos síntomas que habían crecido y me estaban invadiendo por entero. Psicoterapia para deshacer los nudos internos. Diversos especialistas de los múltiples síntomas: hipotirodismo, dificultades serias con el sueño, dolores, rigideces… y el nuevo diagnóstico: FM y SFC crónico y severo.
Me resistí a ese diagnóstico tan común, el mío era otro, pero aquellas secuelas en mi lado izquierdo no eran nada más que unos restos que la FM y el SFC habían engullido. Aunque lo acepte, os digo que yo no soy FM y SFC, yo soy Arnold-Chiari II, el II es importante porque es el que dice que mi síndrome comenzó en la infancia, mi síndrome tiene nombre y apellidos, saber lo que soy ha formado parte de mi equilibrio mental, ha sido mi eje y no me desharé de él.
Cumplí con mis proyectos y responsabilidades, hice todo lo que tenía que hacer para cuidar de los míos y todo lo que apasionadamente he querido hacer: ser maestra, madre… renuncio continuamente a hacer cosas por puro gusto, para lo que el cuerpo ya no da de sí. El ejercicio de un pequeño gusto: una charla con amigos, una ópera al año, una salidita, un buen teatro –mejor por la tarde-, las lecturas… ¡resulta tan agradable! Lo saboreo lentamente.
Finalmente acabé pasando por el ICAM, yo iba con mi verdad por delante y me encontré tratada como una criminal. Me acabaron hundiendo. Pienso en las humillaciones a las que me sometieron y lloro. No es justo, no me lo merezco, deberían haberme dado un premio al sobre esfuerzo. No es justo, no nos lo merecemos, deberían darnos un premio al esfuerzo.
Comprendí que lo que me pasó era general y entré a participar, en la medida que puedo, del PAICAM, al menos para dar apoyo a los que sufren como yo. En PAICAM he ido viendo que hay otros síndromes como el de  post cáncer, o el de post polio, o las enfermedades mentales… Cada uno tenemos el nuestro en nuestra psique y en nuestro cuerpo, todos somos dolientes, enfermos, cansados… y nos vamos haciendo resilientes, empáticos, críticos, solidarios, combativos, militantes de la verdad. No tenemos mucho que perder. Perdimos la salud y vamos aprendiendo a vivir con esa pérdida. Aprendemos de lo que nos enseña esa pérdida: la verdad desnuda de lo vulnerables que somos, la verdad del maltrato que se ejerce desde el poder, la verdad de los que mienten, la verdad de nuestra dignidad, la verdad de que unidos somos más.
Mª Ángeles García-Carpintero
L’Hospitalet de Ll., 13/02/2018
A vosotros, los cansados, unidos somos más.


martes, 9 de enero de 2018

Deméter y Perséfone (Kore). Los misterios Eleusinos.

Deméter y Perséfone (Kore). Los misterios Eleusinos.
Deméter era una diosa de la naturaleza, solía vivir lejos del Olimpo, dedicada a plantar semillas y cultivar plantas. Tuvo una hija con Zeus: Perséfone (o Kore).
Un día en que Kore estaba recogiendo flores con unas ninfas, surgió Hades, el rey de la muerte, de una grieta del suelo, la raptó y se la llevó al inframundo.
Deméter, diosa de la vida, la agricultura y la fertilidad, descuidó sus deberes mientras buscaba a su hija, por lo que la Tierra se heló y la gente pasó hambre: era el invierno.
Finalmente, Zeus, viendo la agonía de la tierra, envió a Hermes a rescatar a Perséfone, con la condición de que no probara bocado en su viaje de regreso, pero Hades la engañó y Perséfone probó unas semillas de granada que éste le había dado.
Deméter pudo reunirse con su hija y la tierra volvió a la vida: llegó la primavera. Desafortunadamente, Perséfone no podía permanecer indefinidamente en la tierra de los vivos, pues había comido semillas (símbolos de la vida) mientras estuvo en el inframundo (a muerte, como las semillas en invierno).
Se llegó a un acuerdo por el que Perséfone permanecería con Hades durante un tercio del año (el invierno, puesto que los griegos solo tenían tres estaciones, omitiendo el otoño) y con su madre los restantes ocho meses. En Eleusis, una ciudad agrícola productora de trigo y cebada a unos 30 km de Atenas, se celebraban los “misterios” eleusinos para festejar el regreso de Perséfone, pues este era también el regreso de las plantas y la vida a la tierra.
Este mito, símbolo de la vida, con su muerte y con su posterior renacer, tal como sucede en toda la vida vegetal y, por extensión, en la vida sobre la tierra, también puede ser interpretado como una alegoría de los rituales matrimoniales, una especie de rapto de la novia por parte del novio, lo que nos lleva a considerar los orígenes del patriarcado y la pérdida para las mujeres de la pertenencia al linaje de nuestras madres y abuelas.
Deméter es la madre que llora porque sus hijos violan la tierra y violan a su hija. El desconsuelo de Deméter obliga a los dioses a volver su mirada sobre la tierra y Perséfone vuelve, pero la materia y su necesidad, de la que estamos hechos los humanos como seres vivos de este planeta, nos llevará de nuevo al subsuelo. El amor de la madre no muere jamás, como el deseo de vida, ese amor nos llama una y otra vez a elegir, pese a todo, volver a la vida.
Deméter representa un vínculo ancestral con toda la genealogía de las madres, tías y abuelas. El vínculo madre-hija no necesita separación, no es un vínculo excluyente. Puede que no tengamos hijos, pero tenemos madres, aunque no las conozcamos, aunque nos haya ayudado la ciencia a nacer. El vínculo de las madres es poderoso, abierto y acogedor, fuente de vida para todas y todos.
Ese vínculo nos mantiene en relación cuando todo lo demás se pierde.
Deméter puede ser,  en algunos tristes casos, un símbolo del gran dolor de una madre ante la pérdida de una hija (el dolor sería el mismo en el caso de un hijo, pero hay mucha simbología que expresa ese dolor, pensemos en “la Piedad”) No lo hay para la relación madre-hija, ni para su desgraciada pérdida.
M.ª A G.ª- C.
L’H Gener, 2018-abril, 2018
revisado en enero de 2020










lunes, 8 de enero de 2018

La nena que miraba...

 La voz de las mujeres:       L’HOSPITALET DE LLOBREGAT ISSN2462-6325
Mª Àngels García-Carpintero Sánchez-Miguel

La nena que miraba esperando ser mirada es la mujer que ve.

Cuando uno escribe lo hace fundamentalmente para sí, para entenderse, aunque quizás con la tímida y secreta ambición de decir “algo” a alguien...
Hoy escribo para ti, la que siempre ha ido persiguiendo, no tanto mi palabra, sino mi mirada y una indulgente sonrisa, a ti, que en todas las fotos te veía asomada con los ojos muy abiertos.
¿Qué mirabas?, siempre me preguntaba, pensando qué habría en el exterior de tu mirada, de mi mirada infantil, recordando paisajes de infancia, el patio de la casa, con el pozo en medio por el que corrías, aquel perro grande...
De maestra, entendí, si un niño no entiende la lengua en la que le hablamos, cree que tampoco lo entendemos a él y no habla, si a un niño pequeño le tapamos los ojos para que no pueda ver, cree que no lo ven, si espera que lo vean, contrariamente, abrirá mucho sus ojos….
Era tu mirada, madre, la que buscaba y esperaba, tu mirada y tu cariño. No es que no nos quisieras, lo dabas todo por nosotros, pero, mendiga de afecto como tú misma habías sido, no ibas a prodigarlos.
Recuerdo una vez que me recosté en tus brazos y sentí tu ternura, había tenido una pesadilla y me desperté llorando, tenía miedo y, sí, ahí estabas tú, pero ¿y las risas? ¿y los juegos? ¿y los apretados abrazos? ¿y las caricias gratuitas?
Venimos de tiempos grises… y de una tierra austera. No pasa nada, lo entendí. Con aquellos ojos vi, más tarde y en otras gentes, demostraciones de afecto y de ternura que incorporé a mi repertorio. Lo que no tuve, pero deseé, eso di.
El Alzheimer te hizo tratarme como deseabas. Dando esa ternura retenida, la recibiste, por fin. Fui, para ti, tu “niña madre” y pudiste tú venir a mis brazos con un “mamá” libre ya de todos los complejos y ataduras que te angustiaron.
Hoy te hablo a ti, niñita de ojos abiertos, te veo, te miro y te sonrío, te reconozco, estás dentro de mí. Mira, tuviste alguna carencia y estabas necesitada, pero lo que querías, eso das: sonrisas y risas y juegos y caricias, lo que diste a raudales, eso recogiste.
Ahora estás conmigo y te veo, por fin, en mi propio seno materno, ahora tú miras sólo para jugar y para ver, porque yo, ya te veo.