jueves, 29 de septiembre de 2016

2.13.Voces atrapadas que aprenden y olvidan. La escuela

2.13.Voces atrapadas que aprenden y olvidan.
 L’Hospitalet de Llobregat, ISSN 2462-6325
“Nadie educa a nadie, nadie se educa a sí mismo, los hombres se educan unos a otros con la mediación del mundo.”[1]
Platón en sus “Diálogos”, nos explicó el método con el que Sócrates enseñaba: la Mayéutica, que significa “el arte de ayudar a dar a luz” (la madre de Sócrates era comadrona) Consiste en preguntar, discutir, dialogar para descubrir la verdad que todos llevamos dentro; en cambio, con los que se aferraban a sus prejuicios y posicionamientos, Sócrates utilizaba la ironía para mostrar lo erróneo y falso. Se opone así a los sofistas que daban sus explicaciones a los alumnos para que estos aprendieran de ellos.
Hay voces que ayudan a dar la propia voz, son voces que escuchan y hay voces que las acallan, son voces que dictan, más que hablan, voces que predican, que juzgan sin comprender, que halagan a unos y menosprecian a otras, voces altivas, voces que siguen esquemas, normas y prejuicios en los que otras voces quedan atrapadas, pierden la voz.
Devolver la capacidad de hablar, “la voz”, a alguien que la ha perdido, por problemas neurobiológicos, como los ictus o emocionales, como las depresiones debidas a complejos o traumas, es tarea de psicoterapeutas, logopedas… Enseñar una segunda lengua será tarea de los que nos dedicamos a ello. Pero, tanto en el caso de las dificultades como en el de los nuevos aprendizajes, todos podemos colaborar tejiendo la red que dé soporte al nuevo hablar, como hacemos con el niño que empieza, se trata de mirar y de escuchar, de atender, de cuidar, de abrirnos a la relación que nos ayudará a liberarnos de nuestros prejuicios y a conocernos mejor.
La experiencia con niños y adultos con dificultades de lenguaje por diferentes causas, nos enseña que lo que más ayuda –o entorpece, si falta o es inconsistente- es la relación emocional. Desde la apertura, el afecto y la estima he visto niños que han conseguido, por fin, leer, sentados sobre la falda; personas que se han lanzado a hablar el nuevo idioma cuando se han sentido reconocidas y alentadas y, entre otros más, a Roser[2], que siendo una niña brillante perdió la facultad de hablar debido a un ictus y la recuperó, así como el arte de escribir, gracias a su esfuerzo, al vínculo especial que mantuvo con su madre y a su especial empatía. A pesar de las dificultades consiguió expresarse, existenciarse. Incluyo estos versos como ejemplo y recuerdo.
 “Somos un trozo de historia
con caminos dispares, pero unidos.
La desgracia y la felicidad son los hilos
que dan color a las personas.
Somos las hierbas de hoy, frágiles,
como las hojas del libro que se está terminando,
Poco a poco, tantos días interminables, tanto trabajo…
se acaba nuestro tiempo...”[3]
Ese “arte de dar a luz” es el arte de abrir los sentidos y salir al encuentro, el arte de abrir los brazos y acoger, el de sostener y arrullar, el de sonreír y entender, es el arte de permitir la expresión y la relación.
·       Pensamiento y lenguaje.
“El fin último, justo y honesto de la educación es la dedicación al prójimo y el fin  inmediato es comprendernos.”[4]
En un sentido básico, lo cognitivo precedería lo lingüístico, igual que precede cualquier tipo de simbolización, nos dice Piaget y podemos observar que los hándicaps mentales comportan retardos y déficits lingüísticos. Bruner explica que, a la inversa, el lenguaje facilita lo cognitivo. En todo caso son procesos con influencias mutuas, el lenguaje es la forma más importante de simbolización y el determinante más importante del desarrollo cognitivo.
Vygotski nos explica la formación del concepto, en el que intervienen los dos aspectos. Nuestros conceptos se basan en nuestro conocimiento del mundo y en nuestras ideas sobre como es el mundo.
La formación del concepto está dividida, para efectos de estudio y según Vigotsky[5], en 3 partes: el predominio de la imagen sincrética del niño pequeño, el pensamiento complejo que relaciona e integra las percepciones  desde lo concreto y el del concepto o abstracción. La formación del concepto se da cuando los rasgos abstraídos son sintetizados y esa síntesis se utiliza para pensar. El lenguaje mediaría entre el pensamiento y la formación del concepto.
La adquisición del lenguaje, nos dice Chomsky, es uno de los componentes del sistema intelectual aplicable a la resolución de problemas y a la formación de conceptos, pero reacciona también automáticamente a los estímulos propiamente lingüísticos, en lo que él centra sus estudios, como parte del estudio biológico del cerebro[6].
Las investigaciones sobre las lesiones neurológicas han permitido los avances de la neurociencia que ya no podemos dejar de considerar. Actualmente se reconoce que los aspectos sintácticos son específicos del lenguaje y autónomos con respecto a los sistemas cognitivos no lingüísticos como son la percepción, la memoria o el razonamiento.
Se consideran los aspectos de la lengua en tres módulos:
Ø  Uso o pragmática de la lengua: Comunicación y “Actos del habla”
Ø  Contenido: Léxico y Semántica. Relación con el desarrollo cognitivo.
Ø  Forma:           Aspectos fonéticos y ortográficos.
Aspectos sintácticos (más específicos del lenguaje)
Podemos observar la evolución que hace el bebé y el niño y la niña emitiendo sonidos, juntando palabras, generando frases… comparándolo con la involución que provoca una enfermedad neurodegenerativa como el Alzheimer que va deconstruyendo el conocimiento. Normalmente se asocia esta enfermedad a la pérdida de la memoria, pero hay otras pérdidas más decisivas como son: la capacidad de hacer tareas cotidianas, la de orientarse, la de reconocer y reconocerse, la de razonar… y sin embargo, en medio de esas pérdidas tan importantes que impiden la autonomía, hay una fase, más o menos larga, en la que los que se encuentran con estas personas creen que los reconocen y que los entienden… ¿Cómo puede ser? Quizás porque conservan frases generadas gramaticalmente aunque no dispongan ya de contenido conceptual alguno, lo que llamamos “frases hechas”.
El lenguaje, aunque facilita el pensamiento, es una capacidad independiente.
Hay una función del lenguaje, la fática, que consiste en manifestar que mantenemos el canal comunicativo abierto. Cuando decimos en el ascensor: - ¡Qué mal tiempo hace hoy!, o - ¿Qué tal? no pretendemos expresar, ni informar ni comunicar nada concreto, simplemente establecemos contacto, indicamos que estamos abiertos a la comunicación. Esta función, que será de las últimas incorporaciones del niño o la niña, porque cuando empiezan a decir palabras o a generar frases lo hacen sobre algo concreto (real o imaginado), persiste cuando vamos perdiendo la capacidad de razonamiento.
“… - ¡Adiós, guapa!, le dice la panadera a mi madre cuando recojo el pan, pago y nos disponemos a salir - ¡Ah! ¿Te vas ya?, pregunta mi madre a la panadera. Mi madre ya no va ni viene, ha perdido la orientación, permanece en un ser intemporal.”
·       Memoria, Olvido y Creatividad.
Todas las cosas nos hacen guiños para que las sintamos.
En cada gesto nos dicen: ¡No te olvides!
Y un día por el que hemos pasado como extraños
se acaba convirtiendo, cuando el tiempo pasa, en un regalo.[7]
La memoria es una función compleja del conocimiento y del aprendizaje.
Básicamente, tiene dos vías: la automática que se favorece con el ejercicio y la repetición, como sucede en las praxis (aprender a conducir…) y la significativa que necesita de una organización mental con la que los conocimientos sean percibidos, reconocidos, generalizados, incorporados y transferidos.
La memoria necesita de unas condiciones físicas como alimentación y sueño suficientes y requiere de unas estrategias como pueden ser: la asociación por similitud, diferencia o contigüidad; la capacidad de síntesis; la visualización del contexto, la re expresión…  El aprendizaje verbal memorístico, útil para aprendizajes orales, mejora con la musicalización mediante rimas y ritmos.
Las pérdidas de memoria en los enfermos de Alzheimer son muy importantes, ya que, entre otras, pierden la capacidad de realizar tareas básicas que tenían incorporadas, la de reconocerse o reconocer a sus seres queridos…. A veces, cuando se ha perdido todo esto sólo quedan las retahílas, dichos, oraciones, canciones… todos esos textos orales aprendidos en la infancia se siguen hilvanando por esos otros caminos de la memoria, con los que aún podemos seguir manteniendo la relación. Y la mirada, y los otros sentidos.
El interés, la atención y las emociones juegan un papel importante, hay cosas que no podemos evitar de recordar y cosas que olvidamos o guardamos en nuestro inconsciente. El olvido es una parte de la memoria, no podemos recordarlo todo, nuestro cerebro selecciona y guarda de una manera u otra. Hablamos de “ejercitar la memoria” y con ello nos referimos a ejercicios verbales memorísticos a corto plazo o a técnicas que favorecen el recuerdo de conocimientos almacenados, pero una buena ayuda para la memoria es, también, “olvidarse”, cuando no nos sale un nombre, cuando buscamos un recuerdo remoto… conviene hacernos preguntas, pensarlo… pero es cuando “lo dejamos correr” y nos relajamos o cuando dormimos, cuando “nos viene” lo que buscábamos; lo mismo sucede con la creatividad, quizás ésta no es más que una forma de memoria, un “rehacer” de nuevo lo aprendido… La memoria no sólo es el recuerdo de algo, con la memoria nos anticipamos a lo que puede venir, nos proyectamos, la memoria es el “hilo de Ariadna” que alguien nos dio para encontrar el camino de vuelta.
A veces ese “hilo” nos lleva por caminos insospechados, volver la vista atrás y hacer las paces con el pasado, permite enfocar mejor el “por-venir”, pero es un camino de ida y vuelta nada fácil, mejor si tenemos ayuda. Recuperar nuestros recuerdos inconscientes nos aterra, supone acercarnos a ese centro donde habita el monstruo, el de nuestros miedos más antiguos. Cuando lo encontramos, sólo con verlo ya lo ganamos, si lo abrazamos, mejor, es nuestro, lo teníamos escondido y pugnaba por salir, abrazándolo se hace pequeño, lo podemos dejar ir, es entonces cuando nos vemos perdidos, ya no somos los mismos, nos desorientamos, hemos de volver aunque no sabemos muy bien a qué, ni cómo hacerlo, sólo nos queda seguir el hilo, escuchar ese lenguaje que nos habla sin palabras en el silencio, es el Sentido el que nos guía, el que nos alumbra un poco las sombras para seguir, luego, en su penumbra.
La Creatividad es fundamentalmente apertura, para que se dé esta apertura se tienen que deshacer, primero, los “nudos” que se nos forman en nuestro interior debido a complejos o traumas, mediante la ayuda terapéutica, la consciencia…
·        Con buena letra. La escuela.
“Lo que oigo, olvido, lo que veo, recuerdo, lo que hago, aprendo”[8]
“… A las 11 de la mañana, se alzan las voces de los niños sobre las vallas de los colegios, inundando el barrio de algarabía, tal como unas horas antes lo hicieron las gaviotas que después rebuscarán en el patio los restos de comida. Entonces oyes el silencio…”
A la escuela se va a aprender a callar. Antes del patio, cuando  pasas cerca de un colegio, sólo se oyen las voces de maestras y profesores. A hablar se aprende hablando, pero hay poca escucha hacia los alumnos que lo posibilite. Hay docentes que hacen esfuerzos por incorporar el diálogo en las clases, muchas veces son las condiciones las que lo ponen difícil…
En la escuela se prima el lenguaje escrito, aún se cree que escribir significa hacer buena caligrafía y enseñar lengua significa enseñar gramática. Se utilizan las nuevas tecnologías con las técnicas de antaño: el profesor explica, el alumno atiende. Se pretende que hagan buenos textos, sin haberles ayudado a hacerlo. Se aburren con las lecturas impuestas. Se aburren oyéndose leer unos a otros cuando aún no saben descifrar bien. Se aburren…
El tema de la escuela es un tema abierto, complejo y en cambio. Nos sumamos a las optimistas expectativas de José Antonio Marina que, en su libro “Despertad al diplodocus”[9], propone realizar un cambio educativo en tan sólo cinco años, ¿cómo?, “con la conspiración de numerosos agentes. Todos podemos participar, lo que nos hace a la vez humildes y poderosos.[10]
La escuela tendría que, en primer lugar y en bien de todos, compensar las carencias de las familias con menos recursos socioculturales, pero no siempre es así, afortunadamente disponemos de otras entidades como las bibliotecas, las AMPAS o los centros de tiempo libre que realizan un papel importante en el desarrollo infantil y juvenil; en este sentido corroboramos la “conspiración” educativa que en barrios obreros, como Bellvitge, hemos experimentado[11].
He dedicado prácticamente toda mi vida a aprender y a enseñar, treinta de ellos de manera profesional, escribir sobre la escuela daría para otro ensayo. Me limitaré a constatar algunas experiencias sobre el lenguaje escrito, ese que prima en la escuela y, quizás, en la sociedad, no así en las relaciones.
Mi abuelo fue peón caminero y poeta. Su cabeza componía tiernas rimas que nos enviaba por nuestras onomásticas. Tenía muy buena letra. Antes se valoraba mucho ese aspecto porque las cartas, en general, se copiaban. Conservo las cartas que nos escribía, son una crónica certera de la transición política y de mis propios avatares. No era de hablar mucho, sólo decía “chascarrillos” y se reía silenciosamente, sin embargo comprendió lo que sucedía a su alrededor y nos lo relató. Además de la buena letra con la que le ponía por escrito a mi abuela sus recetas de cocina, mi abuelo, escribía.
Mi madre apenas aprendió a escribir, eran los tiempos de la guerra y posguerra y tuvo que dedicarse a otros quehaceres, pero le gustaba hacerlo y  aprender, reflexionaba sobre lo que oía aquí, en la parroquia y dejó constancia de esas reflexiones por escrito, con la letra cursiva que aprendió a hacer. Cuando el Alzheimer se fue adueñando de su cerebro, se pasó a la “letra de palo” con la que se posibilita, en infantil, que se pueda empezar a escribir. Nadie le enseñó a hacerlo así, el deterioro neuronal la llevó por estos derroteros. ¡Cuántas frustraciones se han dado en la escuela por empeñarse en que los pequeños hagan la letra cursiva cuando aún no tienen madurez neurológica suficiente, o cuando tienen dificultades para ello!
Mi ahijado, al que tutelé durante 13 años, vino a vivir conmigo y, en un inicio, con mis padres y hermano cuando tenía 7 años, no sabía leer  debido al absentismo escolar. No pensé en enseñarle, tenía bastante con mostrarle los hábitos cotidianos de una vida ordenada, que él absorbía como una esponja, pero nos veía a mi hermano y a mí leyendo cada día, también le leía, cada noche, un capítulo del Pinocho[1] original. Un día cogió un libro e hizo ver que leía en voz alta, con una especie de “lalismo”[2] infantil, a partir de aquel día comenzó a leer. Necesitó un modelo a imitar y su propio deseo.




[1] Collodi, C. (1982) Las aventuras de Pinocho. Ed. Juventud
[2] lalismo significa hablar o parlotear. Las dislalias son dificultades con el habla.

Mi nieta, con 5 años, me escuchó explicar un cuento en la biblioteca. Después, cuando vino a casa, cogió papel y lápiz y se puso a escribir, con letra de palo y sin separaciones. – ¿Qué haces?, le pregunté. – Estoy haciendo un cuento para ti, para que lo leas por la noche y te ayude a dormir. Terminó enseguida. Cogí el papel y me puse a leer lo que había escrito: - “ERASE UNA VEZ” Ella me miraba con los ojos abiertos, muy sorprendida de oír lo que ella había pensado. Cuando terminé de leer le dije: - Muy bonito, ¿eso haces en la escuela? Se puso sería y me dijo: - No, en la escuela no puedo.
·         Aprendizaje y cooperación.
“La educación verdadera es praxis, reflexión y acción de los seres humanos sobre el mundo para transformarlo.”[12]
Las teorías sobre cómo se produce el aprendizaje son un reflejo de cómo entendemos el mundo. Van desde el conductismo, con el estímulo respuesta, el refuerzo positivo o negativo, la necesaria iniciación e inhibición de conductas y su consecuente regulación; pasan por la perspectiva holística que remarca la importancia de la percepción y de la re-estructuración del pensamiento; el constructivismo psicogenético basado en la acción y adaptación del propio sujeto; hasta el aprendizaje significativo de las teorías sistémicas en las que se tienen en cuenta los diferentes elementos que intervienen y sus relaciones. Un sistema inteligente (el ser humano, un grupo…) sería, básicamente, abierto, adaptativo, dinámico, capaz de dar respuestas a las necesidades planteadas y de anticiparse y proyectarse de una manera colaborativa. Esta última explicación es la más completa porque contempla todos los factores, desde los más simples a los más complejos: la imitación, el refuerzo, el ejercicio, la motivación, la empatía, los roles, el contexto, la cohesión…
En el informe de la UNESCO para la educación del S. XXI se incluye el llamado informe Delors[13] de 1996, donde se reflejan los cuatro pilares básicos que orientarán los nuevos currículos educativos: Aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir juntos y aprender a ser. En definitiva se trata de que las personas mejoremos nuestro sentido crítico y nuestra responsabilidad con el entorno. El aprendizaje colaborativo es una herramienta que se intenta introducir en las escuelas para formar las personas de la nueva sociedad: abierta, cambiante y cooperativa.
En 2001 se aprobó el marco común europeo de referencia para las lenguas: aprendizaje, enseñanza, evaluación[14], sobre el que se elaboran las programaciones de los currículos; es también una orientación de las nuevas metodologías basadas en los aprendizajes en contextos significativos y en la comunicación. Es el marco que guía las eficientes estrategias de enseñanza de una segunda lengua para alumnos provenientes de la inmigración, pero aún no funciona en la enseñanza general de segundas lenguas.
Ni el currículo, ni la tecnología, por sí solos lograrán cambiar la escuela y sus enseñanzas, tendrán que mejorar las condiciones y tendremos que colaborar reforzando la red por el lado que nos corresponda, como siempre lo hemos hecho las madres y mujeres, apoyándonos en las diversas causas.

El problema viene cuando se relega el aprendizaje y uso de la lengua, fruto de la relación, así como el resto de aprendizajes: de conocer, de hacer, de vivir y de ser junto a otros, en manos de las instituciones que organizan actividades y/o de los medios tecnológicos. 
Se tendrá que exigir a la sociedad que contemple el tiempo de crianza, el de jugar en familia, libremente, con los amigos, el de respirar aire puro, el de aburrirse y respetar las necesidades que permitan los deseos y la invención, pero sólo se hará con la voluntad de hacerlo.





[1] Freire, Paulo en Pedagogia del Oprimido, ed. S. XXI, 1975
[2] Massaguer Martín, Roser, L’Hospitalet, 08/09/1967–28/01/1999
[3] Massaguer Martín, Roser “Somos un trozo de historia”, 1995
[4] Alumnos de la escuela de Barbiana. “Carta a una maestra”. Ed. Nova Terra. pàg. 93
[5] Ivic I. “LEV SEMIONOVICH VYGOTSKY (1896-1934)” Publicado en Perspectivas: revista trimestral de educación comparada (París, UNESCO: Oficina Internacional de Educación), vol. XXIV, 1994, págs. 773-799. http://www.ibe.unesco.org/sites/default/files/vygotskys.PDF
[6] Barón L. y Müller, O. “La Teoría Lingüística de Noam Chomsky: del Inicio a la Actualidad.” http://www.scielo.org.co/pdf/leng/v42n2/v42n2a08.pdf
[7] Rilke, R.M. Poema “Todas las cosas nos hacen guiños”
[8] Confucio
[9] Marina, J.A. Despertad al diplodocus. Ed. Ariel, 2015
[10] Marina, J.A. Despertad al diplodocus. Ed. Ariel, 2015
 [12] P. Freire “La educación como práctica de la libertad.”
 [13] http://www.unesco.org/education/pdf/DELORS_S.PDF

martes, 27 de septiembre de 2016

2.12. La voz que discute y opina. De madres a hijas.


2.12.  La voz que discute y opina. De madres a hijas.
L’Hospitalet de Llobregat, ISSN 2462-6325
“… Las feministas fuimos muy exigentes con nuestras madres. (…) Por eso se dio la circunstancia de que decidiéramos a veces ser madres en contra de nuestras madres, para enmendar y mejorar su obra. La paradoja fue que su obra éramos nosotras.”[1]
“La emancipación de la mujer trajo consigo la pérdida del diálogo con la madre”[2], leer esto me ha liberado de un peso que sentía como personal. Realmente las dificultades (no pérdida) de diálogo que experimenté con mi madre  durante la adolescencia, fueron, en buena parte, fruto de la época que nos tocó vivir. Si entre padres e hijos, en general, hubo distancia entre los estudios de unos y otros, entre madres e hijas, en mi generación y en la España que se industrializaba, esta distancia fue abismal. Cuando las mujeres proletarias empezamos a acceder a la universidad, en las ciudades más que en los pueblos, nuestras madres apenas sabían leer y escribir. No se rompió el vínculo por ello, pero las relaciones no fueron fáciles. Mi madre esperaba de mí que fuera una buena “ama de casa”, yo me pasaba el día inventando juegos o leyendo con mi hermano: - ¡Esos libros!, me gritaba o - ¡Quién te va a querer a ti, siempre leyendo, pareces un chico! Los tabús eran enormes, no se hablaba ni de política, ni de sexo, la única religión era la católica. Yo quería que mi madre me entendiera y le intentaba explicar lo que pensaba, pero aún lo empeoraba más… ni a mí, ni a muchas de mi generación, nos fue fácil encontrarnos con nuestra propia manera de “ser mujer”. Quizás nunca lo es, en fin, cuando fui madre y sobretodo cuando, poco después, mi madre se hizo niña, nos reencontramos en la ternura de los inicios.
Puede que esas dificultades de diálogo entre madres e hijas sea algo generacional por lo que se tiene que pasar, forma parte de esos deseos de apego y autoafirmación con los que nos existenciamos. La madre permite que hagas tu propio camino porque el vínculo emocional que nos une está ahí, nos mantiene aún en la distancia.
Las madres son las principales transmisoras del lenguaje y de la cultura, nos enseñan a hablar, a comportarnos, a ser más autónomos, a ordenar, a limpiar, a cocinar, a coser… prácticas interesantes que no deberían descuidarse.
Pero también nos transmiten los tabús y los condicionantes sociales del momento, como fue el machismo en nuestra época o puede ser la satisfacción inmediata de los deseos en otra. Lo importante es que con la madre podemos discutir, oponernos…, buscando así nuestra propia identidad en el mundo.
Cuando no se hablaba demasiado, dada la represión que había, los juegos y sus canciones nos informaban de la sociedad a la que pronto accederíamos. Los juegos más propios de niñas como los de corro o de cuerda en grupo o los juegos de picar palmas entre dos…,  traían, traen, consigo retahílas y dichos de otras épocas que nos anunciaban, como los cuentos, algo que estaba por llegar. “Al pasar la barca, me dijo el barquero, las niñas bonitas no pagan dinero. Yo no soy bonita, ni lo quiero ser, arria la barca que te pagaré…” Más adelante empezamos a compartir juegos con los chicos, eran juegos de ellos como “Churro, media manga, mango entero, adivina lo que tengo en el puchero”. Las madres nos reñían dejándonos el misterio del porqué.
Si de algo estoy contenta es de haber pasado todas las etapas con mi madre. La del maternaje: el inicial y el final cambiándonos los papeles y entre medias todas las vicisitudes: los tabús y sus interrogaciones sin respuestas, el cambio de modelo social que se produjo en nuestra etapa, las discusiones, mi rebeldía, su incondicional entrega cuando fui madre… “Sólo las madres perdonan los éxitos”, leí una vez… Sólo el amor de los padres y el que es como ese amor, el que busca el bien del otro, por encima de todo, es el auténtico amor. Por eso al Amor se le ha llamado “Dios”, no es extraño ese nombre asociado al “padre”, en unas sociedades patriarcales, como han sido las religiones denominadas “del libro”. Aunque quizás tendríamos que cambiar el nombre y llamarlo simplemente Amor, Vida…
 “…Las últimas palabras con sentido que dijo mi madre, las repitió en varias ocasiones, eran: – Nena, tú tienes que estar bien… Después dejó de hablar, pero lo siguió diciendo con sus miradas y sus sonrisas.


[1] Rivera, María-Milagros “Mujeres en relación. Feminismo 1970-2000” Ed. Icaria. 1ª ed. 2001
[2] Rivera, María-Milagros “Mujeres en relación. Feminismo 1970-2000” Ed. Icaria. 1ª ed. 2001

lunes, 26 de septiembre de 2016

2. 11. Voces armónicas. Voces disonantes. Las amigas.

2.  11. Voces armónicas. Voces disonantes. Las amigas.
l’Hospitalet de Llobregat ISSN 2462-6325
“El sujeto no habla para comunicarse; el sujeto habla porque encuentra un goce que lo empuja; porque lo inconsciente lo determina y, entonces, hablando, goza.”[1]
Heidegger aborda el lenguaje no como una herramienta de la que disponemos sino como algo que experimentamos y a lo que pertenecemos. “El lenguaje no se habla, se escucha”[2], escuchamos el “decir” del lenguaje. El “decir” en cuanto a “mostrar”. La actitud fundamental del hombre ante el lenguaje es la de apertura. El lenguaje “nos habla” y con ello nos posibilita la apertura y la apropiación del mundo en nuestro devenir histórico. El hablar de la persona acontece en la forma de interlocutor, es un diálogo permanente con el mismo lenguaje, un camino en el que ya estamos porque en él sucede nuestra vida. “La reflexión consiste, pues, en la experiencia de recorrer el propio camino.”[3]
Las amigas y los amigos representan, quizás más que ninguna otra relación, ese camino del que venimos y al que nos encaminamos, el del vínculo existencial, el del lenguaje que permite la presencia velada de todo lo que acontece. Es el fruto de la apertura que nos llama al cuidado del ser.
Con los amigos accedemos a esos “otros” que nos constituyen, son los rostros en los que vemos el reflejo idealizado de nosotros mismos. El “yo” en crecimiento necesita rodearse de otros, semejantes y diferentes de nosotros mismos, otros que, en todo caso, formaran parte de mi ser en el mundo.
El sentido grupal o de pertinencia es necesario para construir la personalidad. Hay quien sigue fiel a las primeras pertinencias y hay quien se va distanciando de las antiguas y creando otras nuevas. La soledad, la no buscada, nos aterra y es, realmente la más penosa situación que nos sobreviene en los momentos de más vulnerabilidad. La crueldad del “bullyng” consiste, principalmente, en aislar. La necesidad de aceptación es tan grande que nos puede llevar al no-cuidado del otro, al rechazo directo o indirecto, ese no-cuidado me disgrega a mí también, conlleva angustia al que la sufre y al que la provoca o la consiente.
El camino hacia la esencia del ser, que explica Heidegger, pasa por la apertura, por el dejar que algo sea libre en su propia esencia, por el cuidado de lo que nos fundamenta, por la protección del ser que se descubre en su apariencia velada de misterio. La escucha del otro permite recoger, comprender y interactuar. La esencia del lenguaje es la de “posada que recoge y liga”[4], nos dice Heidegger desgranando el “Logos”, pero sólo lo alcanzamos a vislumbrar “emplazándonos en la tempestad del ser”[5], y en el cuidado del Otro, añade Lévinas.[6]
Hay una película “Tierra de ángeles”[7] que explica muy bien, mediante el lenguaje musical, las dificultades que nos creamos cuando nos cerramos al diferente o cuando no dejamos ir nuestros prejuicios y la armonía que resulta cuando emprendemos el camino del ser, el de la abertura que recoge y liga.
 “… Cuando ya no abrías la boca ni para comer, te recitaba los nombres de tus seres queridos, asentías, sonreías…”  



[1] Lacan, J.
[2] Heidegger “El camino al habla” http://www.olimon.org/uan/heidegger-el_camino_al_habla.pdf
[3] Rocha de la Torre “Más allá de las palabras: El lenguaje en la filosofía de Heidegger”.
[4] Heidegger, M. “Logos”
http://www.ub.edu/las_nubes/archivo/uno/wunderkammer/Texto/Filosofia/Logos.pdf
[5] Heidegger, M. “Logos”
[6] Lévinas, E. (1906-1995)

domingo, 25 de septiembre de 2016

2.10.Rituales y acurrucos. Cuentos fantásticos y maravillosos.

2.10.Rituales y acurrucos.
L’Hospitalet de Llobregat, ISSN 2462-6325
¡Alicia! Recibe este cuento infantil
y deposítalo con mano amable
allí donde descansan los sueños de la niñez
entrelazados en mística guirnalda de la Memoria
como las flores ya marchitas
ofrenda de un peregrino
que las recogiera en una lejana tierra.[1]
Si algo nos atemoriza es la oscuridad, lo desconocido, es algo que saben los directores de películas de terror. La oscuridad representa el vacío, la soledad… El momento del sueño puede representar para el niño o la niña, lo que los psicólogos denominan “angustia de la separación”, muchas veces ésta es la causa de los terrores nocturnos que suelen suceder en periodos críticos de cambio de etapa: los tres años, la pubertad… Para hacer más agradable y relajado el momento del sueño solemos utilizar rituales de “ir a dormir”, como explicar o leer cuentos. Con ello les dedicamos un tiempo precioso con el que mantenemos y reforzamos el vínculo que les da la seguridad afectiva que necesitan para entrar en el mundo del sueño, ese que no podemos controlar.
Nuestro cerebro, nuestra memoria… necesita de un sueño reparador, hay que favorecer las condiciones óptimas para ello. El sueño, como la alimentación son temas recurrentes de preocupación de los padres que preguntan angustiados qué tienen que hacer. Es bueno leer libros, consultar con expertos, compartir con otros padres… pero lo que nos indicará el camino mejor será la atención hacia nuestro hijo o hija, nuevamente, la escucha, desde la calma.
Ya sabemos que ser madre o padre no es fácil, genera tensión y equívocos, entre otras cosas porque es difícil para los niños poner palabras a lo qué les pasa. El miedo es un mecanismo de defensa muy arraigado que se puede disparar sin motivo que lo sustente, sería el “miedo al miedo”, La paciencia, el vínculo afectivo, la seguridad en las separaciones, la confianza, la comunicación… nos irán guiando en un caminar sin camino, que es el que hacemos con cada uno de nuestros hijos y de nuestras hijas.
Los sueños y pesadillas pueden expresarse al despertar con imágenes, con palabras, con juegos… aunque no tengamos respuestas para ellos, seguro que nos ayudan a hacernos preguntas. Si más no, es bueno liberarse de ellos.
“… No eras pródiga en muestras de afecto, mendiga de ellos como tú misma habías sido. Una vez me desperté llorando, había tenido una pesadilla. Allí estabas tú y tu ternura. La que el Alzheimer te liberó…”
·       Cuentos fantásticos y maravillosos.
“Lejos de exigir nada, el cuento de hadas proporciona seguridad, da esperanzas respecto al futuro y mantiene la esperanza de un final feliz.”[2]
El cuento, el que se lee o explica antes de dormir o el que se cuenta en cualquier momento, es un buen instrumento para ayudar a los niños y niñas a afrontar sus miedos, ilusiones, tristezas…
Actualmente los cuentos “de hadas” suelen ser defenestrados por considerar que, con ellos, se inculca a la mujer la necesidad del “príncipe azul”, esta interpretación resulta superficial y puede deberse a que no se han leído las versiones más originales que podemos tener (algunos son recopilaciones de diferentes versiones orales), mientras que, en cambio, sí tenemos muy presentes las películas versionadas de factorías cinematográficas que han edulcorado y tergiversado estos cuentos.
Los cuentos contribuyen al crecimiento interior, ya que es el oyente mismo el que extrae conclusiones con las que irá interpretando el mundo y definiendo sus opciones. Son una transmisión adaptada a la mentalidad simbólica del receptor. Representan personajes tipificados con los que nos podemos identificar aunque pasen por situaciones poco corrientes, a diferencia de los héroes de los mitos, que se enfrentan a situaciones naturales, pero resultan ellos mismos atípicos. Han tenido una función indispensable en las sociedades orales como es la de prevenir de los peligros. No siempre tienen un final feliz, en todo caso éste llega después de atravesar dificultades y de enfrentarse a miedos o maldades. Son terapéuticos porque ayudan a reconocer, expresar y liberar temores. El cuento plasma en imágenes fantásticas lo que el niño vive en su interior. “Al identificarse con los distintos personajes, los niños comienzan a experimentar por ellos mismo sentimientos de justicia, fidelidad, amor, valentía, no como lecciones impuestas, sino como descubrimiento, como parte orgánica de la aventura de vivir.”[3]
Es cierto que, cuando el protagonista es masculino, la mayoría de estos cuentos reflejan el camino que éste debe recorrer lleno de pruebas y retos hasta conseguir el objetivo, ese camino suele partir de una decisión previa por parte del protagonista. Cuando la protagonista es una mujer, ésta se enfrenta a peligros que le vienen del exterior. La Caperucita Roja nos muestra que no se ha de ser confiada con los extraños. En Blancanieves o la Cenicienta, la bondad de la inocencia triunfa después de haber sido puesta a prueba por la maldad de un personaje adulto femenino que la intentaba doblegar, dando forma, así, a un nuevo modelo. Si en los cuentos con protagonista masculino lo que prima es la aventura y la lucha, en los que la protagonista es una niña o una joven lo que prima son los valores morales como la bondad, la prudencia, el cuidado…, justamente lo que se quería inculcar a las mujeres, lo que necesitaban para sobrevivir. Eso no quiere decir que no sigan teniendo su sentido y su valor, con todo ello va elaborando el niño y la niña su propio destino, identificándose u oponiéndose a los personajes, además les encantan.
Quizás el cuento del “príncipe azul” por excelencia es el de la “Bella Durmiente”, es un cuento de iniciación para las niñas, muestra, simbólicamente, la llegada de la sangre, la espera hasta que se den las condiciones de madurez necesarias para establecer relaciones… Igualmente el cuento de la Bella y la Bestia nos muestra la iniciación en la sexualidad, el descubrimiento de una belleza interior que resulta ser mejor que la exterior… También encontramos personajes femeninos que se disfrazan de lo masculino para acceder a la acción o figuras femeninas que tutelan a personajes inmaduros (hada madrina de Pinocho).
Los cuentos se van transformado, son frutos de sus épocas y lugares. Nadie como Andersen para encender la llama de la esperanza en circunstancias de miseria, con cuentos como “El patito feo” o “La pequeña vendedora de fósforos”. 
La Sirenita, de Andersen, es un ser mitológico que entrega su voz y su poder, a cambio de cumplir con su deseo de ser humana. Se enamora de un humano, pero no consigue que éste se enamore de ella, lo que no explica la película de Disney es que sus hermanas le ofrecen un cuchillo para acabar con el humano prometiéndole que así recuperará la voz y su atracción. La sirenita escoge el amor, el que desea el bien del otro. Las hadas del viento se la llevan convirtiéndola en un ser que dará consuelo a los humanos. Es una decisión terrible, como las que nos sucederán en la vida.
Nos vemos abocados a seguir las leyes de la gravedad, como nos explica Simone Weil[1], pero podemos hacerlo protegidos con una mentira o podemos aceptar la verdad y permitir que se den esos destellos luminosos que ella nos explica, como cuando se impone la generosidad hacia el enemigo, se enfrenta el propio destino con coraje, se llora por los vencidos…Esa es la auténtica esencia moral que conllevan los cuentos, como la filosofía, el arte, la poesía y el lenguaje que escuchamos y con el que nos existenciamos.
Afortunadamente, los cuentos de hadas, aunque no son despreciables, no son los únicos de los que disponemos hoy en día. Contamos con un gran repertorio de posibilidades y con un gran medio aliado nuestro en muchos aspectos, pero principalmente en este de los cuentos: La red de bibliotecas públicas, servicio gratuito que compensa las carencias de familias con menos recursos y nos enriquece a todas.



[1] Weil, Simone (1940) La Ilíada o el poema de la fuerza.

¿Qué representa un cuento para un niño o niña?
Ø  Placer de escuchar y de volver a escuchar el cuento.
Ø  Favorecen la organización mental gracias a las estructuras cíclicas, las fórmulas de entrada y salida, las repeticiones y/o encadenamientos...
Ø  Desarrollan las estrategias de memoria y atención, el lenguaje, la interiorización de las normas y los valores sociales...
Ø  Interiorización de los deseos, temores y aspiraciones más profundos: la lucha por la vida, el paso por la muerte, el renacer a una nueva etapa, el crecimiento de la persona, la identificación.
“… Cuando ya no abrías la boca ni para comer, te recitaba los nombres de tus seres queridos y los de los personajes de los cuentos que nos contabas: - ¡Garbancito…!... asentías, sonreías…”  



[1] Carroll, L. “Alicia en el país de las Maravillas”, poesía introductoria.
[2] Bettelheim, Bruno Psicoanálisis de los cuentos de hadas. Grijalbo, 1977
[3] Bettelheim, Bruno Psicoanálisis de los cuentos de hadas. Grijalbo, 1977