2.13.Voces atrapadas que aprenden y olvidan.
L’Hospitalet de
Llobregat, ISSN 2462-6325
“Nadie educa a nadie, nadie se
educa a sí mismo, los hombres se educan unos a otros con la mediación del
mundo.”[1]
Platón
en sus “Diálogos”, nos explicó el método con el que Sócrates enseñaba: la Mayéutica, que significa “el arte de
ayudar a dar a luz” (la madre de Sócrates era comadrona) Consiste en preguntar,
discutir, dialogar para descubrir la verdad que todos llevamos dentro; en
cambio, con los que se aferraban a sus prejuicios y posicionamientos, Sócrates
utilizaba la ironía para mostrar lo
erróneo y falso. Se opone así a los sofistas que daban sus explicaciones a los
alumnos para que estos aprendieran de ellos.
Hay
voces que ayudan a dar la propia voz, son voces que escuchan y hay voces que
las acallan, son voces que dictan, más que hablan, voces que predican, que
juzgan sin comprender, que halagan a unos y menosprecian a otras, voces
altivas, voces que siguen esquemas, normas y prejuicios en los que otras voces
quedan atrapadas, pierden la voz.
Devolver
la capacidad de hablar, “la voz”, a alguien que la ha perdido, por problemas
neurobiológicos, como los ictus o emocionales, como las depresiones debidas a
complejos o traumas, es tarea de psicoterapeutas, logopedas… Enseñar una
segunda lengua será tarea de los que nos dedicamos a ello. Pero, tanto en el
caso de las dificultades como en el de los nuevos aprendizajes, todos podemos
colaborar tejiendo la red que dé soporte al nuevo hablar, como hacemos con el
niño que empieza, se trata de mirar y de escuchar, de atender, de cuidar, de
abrirnos a la relación que nos ayudará a liberarnos de nuestros prejuicios y a
conocernos mejor.
La experiencia con niños y
adultos con dificultades de lenguaje por diferentes causas, nos enseña que lo
que más ayuda –o entorpece, si falta o es inconsistente- es la relación
emocional. Desde la apertura, el afecto y la estima he visto niños que han
conseguido, por fin, leer, sentados sobre la falda; personas que se han lanzado
a hablar el nuevo idioma cuando se han sentido reconocidas y alentadas y, entre
otros más, a Roser[2],
que siendo una niña brillante perdió la facultad de hablar debido a un ictus y
la recuperó, así como el arte de escribir, gracias a su esfuerzo, al vínculo
especial que mantuvo con su madre y a su especial empatía. A pesar de las
dificultades consiguió expresarse, existenciarse. Incluyo estos versos como
ejemplo y recuerdo.
“Somos un trozo de historia
con caminos
dispares, pero unidos.
La desgracia
y la felicidad son los hilos
que dan
color a las personas.
Somos las
hierbas de hoy, frágiles,
como las
hojas del libro que se está terminando,
Poco a poco,
tantos días interminables, tanto trabajo…
se acaba
nuestro tiempo...”[3]
Ese “arte de dar a luz” es el arte de abrir los
sentidos y salir al encuentro, el arte de abrir los brazos y acoger, el de
sostener y arrullar, el de sonreír y entender, es el arte de permitir la
expresión y la relación.
·
Pensamiento y
lenguaje.
“El fin último, justo y honesto de la educación es la dedicación al prójimo
y el fin inmediato es comprendernos.”[4]
En un sentido básico, lo
cognitivo precedería lo lingüístico, igual que precede cualquier tipo de
simbolización, nos dice Piaget y podemos observar que los hándicaps mentales
comportan retardos y déficits lingüísticos. Bruner explica que, a la inversa,
el lenguaje facilita lo cognitivo. En todo caso son procesos con influencias
mutuas, el lenguaje es la forma más importante de simbolización y el
determinante más importante del desarrollo cognitivo.
Vygotski nos explica la
formación del concepto, en el que intervienen los dos aspectos. Nuestros
conceptos se basan en nuestro conocimiento del mundo y en nuestras ideas sobre
como es el mundo.
La formación del concepto está
dividida, para efectos de estudio y según Vigotsky[5], en 3 partes: el
predominio de la imagen sincrética
del niño pequeño, el pensamiento complejo que
relaciona e integra las percepciones desde lo concreto y el del concepto o
abstracción. La formación del concepto se
da cuando los
rasgos abstraídos son sintetizados y esa síntesis se
utiliza para pensar. El lenguaje mediaría entre el pensamiento y la formación
del concepto.
La
adquisición del lenguaje, nos dice Chomsky, es uno de los componentes del
sistema intelectual aplicable a la resolución de problemas y a la formación de
conceptos, pero reacciona también automáticamente a los estímulos propiamente
lingüísticos, en lo que él centra sus estudios, como parte del estudio
biológico del cerebro[6].
Las
investigaciones sobre las lesiones neurológicas han permitido los avances de la
neurociencia que ya no podemos dejar de considerar. Actualmente se reconoce que los aspectos sintácticos son específicos
del lenguaje y autónomos con respecto a los sistemas cognitivos no lingüísticos
como son la percepción, la memoria o el razonamiento.
Se
consideran los aspectos de la lengua en tres módulos:
Ø Uso o pragmática de la lengua: Comunicación y “Actos del
habla”
Ø Contenido: Léxico y Semántica. Relación con el desarrollo
cognitivo.
Ø Forma: Aspectos
fonéticos y ortográficos.
Aspectos sintácticos (más específicos del lenguaje)
Podemos observar la
evolución que hace el bebé y el niño y la niña emitiendo sonidos, juntando
palabras, generando frases… comparándolo con la involución que provoca una
enfermedad neurodegenerativa como el Alzheimer que va deconstruyendo el
conocimiento. Normalmente se asocia esta enfermedad a la pérdida de la memoria,
pero hay otras pérdidas más decisivas como son: la capacidad de hacer tareas
cotidianas, la de orientarse, la de reconocer y reconocerse, la de razonar… y
sin embargo, en medio de esas pérdidas tan importantes que impiden la
autonomía, hay una fase, más o menos larga, en la que los que se encuentran con
estas personas creen que los reconocen y que los entienden… ¿Cómo puede ser?
Quizás porque conservan frases generadas gramaticalmente aunque no dispongan ya
de contenido conceptual alguno, lo que llamamos “frases hechas”.
El lenguaje, aunque facilita
el pensamiento, es una capacidad independiente.
Hay una función del
lenguaje, la fática, que consiste en manifestar que mantenemos el canal
comunicativo abierto. Cuando decimos en el ascensor: - ¡Qué mal tiempo hace hoy!, o - ¿Qué tal? no pretendemos expresar,
ni informar ni comunicar nada concreto, simplemente establecemos contacto,
indicamos que estamos abiertos a la comunicación. Esta función, que será de las
últimas incorporaciones del niño o la niña, porque cuando empiezan a decir
palabras o a generar frases lo hacen sobre algo concreto (real o imaginado),
persiste cuando vamos perdiendo la capacidad de razonamiento.
“… - ¡Adiós,
guapa!, le dice la panadera a mi madre cuando recojo el pan, pago y nos
disponemos a salir - ¡Ah! ¿Te vas ya?,
pregunta mi madre a la panadera. Mi madre ya no va ni viene, ha perdido la
orientación, permanece en un ser intemporal.”
·
Memoria, Olvido y
Creatividad.
Todas las cosas nos hacen guiños para que las sintamos.
En cada gesto nos dicen: ¡No te olvides!
Y un día por el que hemos pasado como extraños
se acaba convirtiendo, cuando el tiempo pasa, en un regalo.[7]
En cada gesto nos dicen: ¡No te olvides!
Y un día por el que hemos pasado como extraños
se acaba convirtiendo, cuando el tiempo pasa, en un regalo.[7]
La memoria es una función compleja del conocimiento
y del aprendizaje.
Básicamente, tiene dos vías: la automática que se
favorece con el ejercicio y la repetición, como sucede en las praxis (aprender
a conducir…) y la significativa que necesita de una organización mental con la
que los conocimientos sean percibidos, reconocidos, generalizados, incorporados
y transferidos.
La memoria necesita de unas condiciones físicas como
alimentación y sueño suficientes y requiere de unas estrategias como pueden
ser: la asociación por similitud, diferencia o contigüidad; la capacidad de
síntesis; la visualización del contexto, la re expresión… El aprendizaje verbal memorístico, útil para
aprendizajes orales, mejora con la musicalización mediante rimas y ritmos.
Las pérdidas de memoria en
los enfermos de Alzheimer son muy importantes, ya que, entre otras, pierden la
capacidad de realizar tareas básicas que tenían incorporadas, la de reconocerse
o reconocer a sus seres queridos…. A veces, cuando se ha perdido todo esto sólo
quedan las
retahílas, dichos, oraciones, canciones… todos esos textos orales aprendidos en
la infancia se siguen hilvanando por esos otros caminos de la memoria, con los
que aún podemos seguir manteniendo la relación. Y la mirada, y los otros
sentidos.
El interés, la atención y las emociones juegan un
papel importante, hay cosas que no podemos evitar de recordar y cosas que
olvidamos o guardamos en nuestro inconsciente. El olvido es una parte de la
memoria, no podemos recordarlo todo, nuestro cerebro selecciona y guarda de una
manera u otra. Hablamos de “ejercitar la memoria” y con ello nos referimos a
ejercicios verbales memorísticos a corto plazo o a técnicas que favorecen el
recuerdo de conocimientos almacenados, pero una buena ayuda para la memoria es,
también, “olvidarse”, cuando no nos sale un nombre, cuando buscamos un recuerdo
remoto… conviene hacernos preguntas, pensarlo… pero es cuando “lo dejamos
correr” y nos relajamos o cuando dormimos, cuando “nos viene” lo que
buscábamos; lo mismo sucede con la creatividad, quizás ésta no es más que una
forma de memoria, un “rehacer” de nuevo lo aprendido… La memoria no sólo es el
recuerdo de algo, con la memoria nos anticipamos a lo que puede venir, nos
proyectamos, la memoria es el “hilo de Ariadna” que alguien nos dio para
encontrar el camino de vuelta.
A veces ese “hilo” nos lleva por caminos
insospechados, volver la vista atrás y hacer las paces con el pasado, permite
enfocar mejor el “por-venir”, pero es un camino de ida y vuelta nada fácil,
mejor si tenemos ayuda. Recuperar nuestros recuerdos inconscientes nos aterra,
supone acercarnos a ese centro donde habita el monstruo, el de nuestros miedos
más antiguos. Cuando lo encontramos, sólo con verlo ya lo ganamos, si lo
abrazamos, mejor, es nuestro, lo teníamos escondido y pugnaba por salir,
abrazándolo se hace pequeño, lo podemos dejar ir, es entonces cuando nos vemos
perdidos, ya no somos los mismos, nos desorientamos, hemos de volver aunque no
sabemos muy bien a qué, ni cómo hacerlo, sólo nos queda seguir el hilo,
escuchar ese lenguaje que nos habla sin palabras en el silencio, es el Sentido
el que nos guía, el que nos alumbra un poco las sombras para seguir, luego, en
su penumbra.
La Creatividad es
fundamentalmente apertura, para que se dé esta apertura se tienen que deshacer,
primero, los “nudos” que se nos forman en nuestro interior debido a complejos o
traumas, mediante la ayuda terapéutica, la consciencia…
·
Con buena letra. La escuela.
“Lo que oigo, olvido, lo que veo, recuerdo,
lo que hago, aprendo”[8]
“… A las 11 de la mañana, se alzan las voces de los
niños sobre las vallas de los colegios, inundando el barrio de algarabía, tal
como unas horas antes lo hicieron las gaviotas que después rebuscarán en el
patio los restos de comida. Entonces oyes el silencio…”
A la escuela se va a
aprender a callar. Antes del patio, cuando
pasas cerca de un colegio, sólo se oyen las voces de maestras y
profesores. A hablar se aprende hablando, pero hay poca escucha hacia los
alumnos que lo posibilite. Hay docentes que hacen esfuerzos por incorporar el
diálogo en las clases, muchas veces son las condiciones las que lo ponen
difícil…
En la escuela se prima el
lenguaje escrito, aún se cree que escribir significa hacer buena caligrafía y
enseñar lengua significa enseñar gramática. Se utilizan las nuevas tecnologías
con las técnicas de antaño: el profesor explica, el alumno atiende. Se pretende
que hagan buenos textos, sin haberles ayudado a hacerlo. Se aburren con las
lecturas impuestas. Se aburren oyéndose leer unos a otros cuando aún no saben
descifrar bien. Se aburren…
El tema de la escuela es un
tema abierto, complejo y en cambio. Nos sumamos a las optimistas expectativas
de José
Antonio Marina que, en su libro “Despertad al diplodocus”[9], propone realizar un
cambio educativo en tan sólo cinco años, ¿cómo?, “con la conspiración de numerosos agentes. Todos podemos participar, lo
que nos hace a la vez humildes y poderosos.[10]
La escuela tendría que, en
primer lugar y en bien de todos, compensar las carencias de las familias con
menos recursos socioculturales, pero no siempre es así, afortunadamente
disponemos de otras entidades como las bibliotecas, las AMPAS o los centros de
tiempo libre que realizan un papel importante en el desarrollo infantil y
juvenil; en este sentido corroboramos la “conspiración” educativa que en
barrios obreros, como Bellvitge, hemos experimentado[11].
He dedicado prácticamente
toda mi vida a aprender y a enseñar, treinta de ellos de manera profesional,
escribir sobre la escuela daría para otro ensayo. Me limitaré a constatar
algunas experiencias sobre el lenguaje escrito, ese que prima en la escuela y,
quizás, en la sociedad, no así en las relaciones.
Mi abuelo fue peón caminero
y poeta. Su cabeza componía tiernas rimas que nos enviaba por nuestras
onomásticas. Tenía muy buena letra. Antes se valoraba mucho ese aspecto porque
las cartas, en general, se copiaban. Conservo las cartas que nos escribía, son una
crónica certera de la transición política y de mis propios avatares. No era de
hablar mucho, sólo decía “chascarrillos” y se reía silenciosamente, sin embargo
comprendió lo que sucedía a su alrededor y nos lo relató. Además de la buena
letra con la que le ponía por escrito a mi abuela sus recetas de cocina, mi
abuelo, escribía.
Mi madre apenas aprendió a
escribir, eran los tiempos de la guerra y posguerra y tuvo que dedicarse a
otros quehaceres, pero le gustaba hacerlo y
aprender, reflexionaba sobre lo que oía aquí, en la parroquia y dejó
constancia de esas reflexiones por escrito, con la letra cursiva que aprendió a
hacer. Cuando el Alzheimer se fue adueñando de su cerebro, se pasó a la “letra
de palo” con la que se posibilita, en infantil, que se pueda empezar a escribir.
Nadie le enseñó a hacerlo así, el deterioro neuronal la llevó por estos
derroteros. ¡Cuántas frustraciones se han dado en la escuela por empeñarse en
que los pequeños hagan la letra cursiva cuando aún no tienen madurez
neurológica suficiente, o cuando tienen dificultades para ello!
Mi ahijado, al que tutelé
durante 13 años, vino a vivir conmigo y, en un inicio, con mis padres y hermano
cuando tenía 7 años, no sabía leer
debido al absentismo escolar. No pensé en enseñarle, tenía bastante con
mostrarle los hábitos cotidianos de una vida ordenada, que él absorbía como una
esponja, pero nos veía a mi hermano y a mí leyendo cada día, también le leía,
cada noche, un capítulo del Pinocho[1] original. Un día
cogió un libro e hizo ver que leía en voz alta, con una especie de “lalismo”[2]
infantil, a partir de aquel día comenzó a leer. Necesitó un modelo a imitar y su
propio deseo.
[1] Collodi, C. (1982) Las aventuras de Pinocho. Ed. Juventud
[2] lalismo significa hablar o
parlotear. Las dislalias son dificultades con el habla.
·
Aprendizaje y
cooperación.
“La educación verdadera es praxis, reflexión y acción de
los seres humanos sobre el mundo para transformarlo.”[12]
Las
teorías sobre cómo se produce el aprendizaje son un reflejo de cómo entendemos
el mundo. Van desde el conductismo, con el estímulo respuesta, el refuerzo
positivo o negativo, la necesaria iniciación e inhibición de conductas y su
consecuente regulación; pasan por la perspectiva holística que remarca la
importancia de la percepción y de la re-estructuración del pensamiento; el
constructivismo psicogenético basado en la acción y adaptación del propio sujeto;
hasta el aprendizaje significativo de las teorías sistémicas en las que se
tienen en cuenta los diferentes elementos que intervienen y sus relaciones. Un
sistema inteligente (el ser humano, un grupo…) sería, básicamente, abierto,
adaptativo, dinámico, capaz de dar respuestas a las necesidades planteadas y de
anticiparse y proyectarse de una manera colaborativa. Esta última explicación
es la más completa porque contempla todos los factores, desde los más simples a
los más complejos: la imitación, el refuerzo, el ejercicio, la motivación, la
empatía, los roles, el contexto, la cohesión…
En
el informe de la UNESCO para la educación del S. XXI se incluye el llamado
informe Delors[13] de
1996, donde se reflejan los cuatro pilares básicos que orientarán los nuevos currículos
educativos: Aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir juntos y
aprender a ser. En definitiva se trata de que las personas mejoremos nuestro
sentido crítico y nuestra responsabilidad con el entorno. El aprendizaje
colaborativo es una herramienta que se intenta introducir en las escuelas para
formar las personas de la nueva sociedad: abierta, cambiante y cooperativa.
En 2001 se aprobó el marco
común europeo de referencia para las lenguas: aprendizaje, enseñanza,
evaluación[14],
sobre el que se elaboran las programaciones de los currículos; es también una
orientación de las nuevas metodologías basadas en los aprendizajes en contextos
significativos y en la comunicación. Es el marco que guía las eficientes
estrategias de enseñanza de una segunda lengua para alumnos provenientes de la
inmigración, pero aún no funciona en la enseñanza general de segundas lenguas.
Ni
el currículo, ni la tecnología, por sí solos lograrán cambiar la escuela y sus
enseñanzas, tendrán que mejorar las condiciones y tendremos que colaborar
reforzando la red por el lado que nos corresponda, como siempre lo hemos hecho
las madres y mujeres, apoyándonos en las diversas causas.
El problema viene cuando se
relega el aprendizaje y uso de la lengua, fruto de la relación, así como el
resto de aprendizajes: de conocer, de hacer, de vivir y de ser junto a otros, en
manos de las instituciones que organizan actividades y/o de los medios
tecnológicos.
Se tendrá que exigir a la sociedad que contemple el tiempo de
crianza, el de jugar en familia, libremente, con los amigos, el de respirar
aire puro, el de aburrirse y respetar las necesidades que permitan los deseos y
la invención, pero sólo se hará con la voluntad de hacerlo.
[1] Freire,
Paulo en Pedagogia del Oprimido, ed. S. XXI, 1975
[2]
Massaguer Martín, Roser, L’Hospitalet,
08/09/1967–28/01/1999
[3]
Massaguer Martín, Roser “Somos un trozo de historia”, 1995
[4] Alumnos de la escuela de
Barbiana. “Carta a una maestra”. Ed. Nova Terra. pàg. 93
[5] Ivic I. “LEV
SEMIONOVICH VYGOTSKY (1896-1934)” Publicado en Perspectivas: revista trimestral
de educación comparada (París, UNESCO: Oficina Internacional de Educación),
vol. XXIV, 1994, págs. 773-799. http://www.ibe.unesco.org/sites/default/files/vygotskys.PDF
[6] Barón L.
y Müller, O. “La Teoría Lingüística de Noam Chomsky: del Inicio a la
Actualidad.” http://www.scielo.org.co/pdf/leng/v42n2/v42n2a08.pdf
[7] Rilke,
R.M. Poema “Todas las cosas nos hacen guiños”
[8] Confucio
[9]
Marina, J.A. Despertad al diplodocus. Ed. Ariel,
2015
[10]
Marina, J.A. Despertad al diplodocus. Ed. Ariel, 2015