2.4. Con voz propia nombrando el entorno.
Evolución del lenguaje.
Cosas, contrastes y acciones.
L’Hospitalet
de Llobregat, ISSN 2462-6325I
“Toda acción necesita un
interés, el deseo nace de las dificultades y de las necesidades con las que nos
encontramos.”[1]
¿Enseñamos la lengua a los
niños y niñas? ¿Cómo lo hacemos? Ninguna de nuestras madres o abuelas se lo
preguntó, y sin embargo parece que lo hicieron, igual que lo seguimos haciendo,
lo cierto es que, si no hay algún trastorno importante, la incorporamos. ¿Hay
una sabiduría ancestral que nos guía? ¿Aprendimos de las que nos precedieron?
Si se tuviera en cuenta lo que las madres y demás familiares hacemos con
nuestros pequeños quizás enseñaríamos[2]
mejor las segundas lenguas en las escuelas…
Después
de los arrullos que se unen a sus balbuceos y de los juegos físicos con sonidos
compartidos vamos introduciendo palabras concretas llenas de significado: agua,
pan… vocalizamos bien, gesticulamos, exageramos la entonación, les pedimos que
lo digan, obtienen lo que piden. Cargamos significado los sonidos que emiten,
les valoramos sus intentos…
A
partir del interés y del vínculo, con algunos nombres concretos, unas cuantas
acciones y algunos atributos entablamos una atención y ejercemos una acción
conjunta sobre las cosas que nos rodean[3]. –
Esto ¿qué es?, nos preguntan,
mientras nos señalan el objeto, o nosotros les indicamos: - ¡Mira! y ellos siguen nuestra mirada, con lo que interactúan y
aprenden a reconocer, junto con las palabras, otros aspectos como las
intenciones o a hacer predicciones.
El
lenguaje sirve para expresar las necesidades que son, así, mucho mejor
resueltas. Mediante frases de dos palabras, por ejemplo “nene-agua”,
manifestará sus necesidades más inmediatas y nosotros se las devolveremos
utilizando más lenguaje. Esta etapa, llamada de la “holofrase” de
los niños de 2 años se correspondería con el protolenguaje del que hablábamos
en los orígenes. La evolución ontogenética del desarrollo lingüístico del niño
sigue la evolución filogenética de la especie.
En
la evolución del lenguaje del niño, como en el de la adquisición de una segunda
lengua, la comprensión siempre va por delante de la expresión.
Aunque les vamos mostrando
palabras concretas y las cosas que designan, no se nos ocurre explicarles la
gramática y la formación de frases, ellos mismos lo infieren y lo desarrollan,
más adelante lo veremos, lo que aquí queremos resaltar es la importancia de la
interacción, acogiendo sus sonidos y transformándolos en palabras con sentido
que recogerán en su poderosa memoria y extendiendo sus primeras palabras a
frases sencillas con las que ellos generarán nuevas palabras y frases que nos
sorprenderán. Si la escucha me hace hablar, la interpretación, comprender.
Con
el léxico concreto que van adquiriendo, una gramática correcta y simple por
nuestra parte, una marcada entonación y, de nuevo, el vínculo, la relación y la
escucha, adquirirán un lenguaje correcto e irán conquistando el mundo que les
rodea.
“… Antes de
que el Alzheimer te dejara sin palabras, cuando apenas cocinabas, dedicabas, incansablemente, tiempo y libretas a hacer “sopas de letras” luchando contra
el olvido…”
[1] Dewey, J. “Teoría de la
valoración” Ed. Siruela, Madrid, 2008 pág. 46
[3] J.
Bruner “importancia de la relación
madre-hijo desde antes de nacer, de los esquemas de atención y acción conjunta
que favorecen la puesta en marcha del DAL de Chomsky y del entorno
sistemático y rutinario que facilita al niño la comprensión de lo que le pasa”.
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