miércoles, 14 de septiembre de 2016

2.4. Con voz propia nombrando el entorno. Evolución del lenguaje.

2.4.    Con voz propia nombrando el entorno.
Evolución del lenguaje. Cosas,  contrastes y acciones.  
 L’Hospitalet de Llobregat, ISSN 2462-6325I
“Toda acción necesita un interés, el deseo nace de las dificultades y de las necesidades con las que nos encontramos.”[1]
¿Enseñamos la lengua a los niños y niñas? ¿Cómo lo hacemos? Ninguna de nuestras madres o abuelas se lo preguntó, y sin embargo parece que lo hicieron, igual que lo seguimos haciendo, lo cierto es que, si no hay algún trastorno importante, la incorporamos. ¿Hay una sabiduría ancestral que nos guía? ¿Aprendimos de las que nos precedieron? Si se tuviera en cuenta lo que las madres y demás familiares hacemos con nuestros pequeños quizás enseñaríamos[2] mejor las segundas lenguas en las escuelas…
Después de los arrullos que se unen a sus balbuceos y de los juegos físicos con sonidos compartidos vamos introduciendo palabras concretas llenas de significado: agua, pan… vocalizamos bien, gesticulamos, exageramos la entonación, les pedimos que lo digan, obtienen lo que piden. Cargamos significado los sonidos que emiten, les valoramos sus intentos…
A partir del interés y del vínculo, con algunos nombres concretos, unas cuantas acciones y algunos atributos entablamos una atención y ejercemos una acción conjunta sobre las cosas que nos rodean[3]. – Esto ¿qué es?, nos preguntan, mientras nos señalan el objeto, o nosotros les indicamos: - ¡Mira! y ellos siguen nuestra mirada, con lo que interactúan y aprenden a reconocer, junto con las palabras, otros aspectos como las intenciones o a hacer predicciones.
El lenguaje sirve para expresar las necesidades que son, así, mucho mejor resueltas. Mediante frases de dos palabras, por ejemplo “nene-agua”, manifestará sus necesidades más inmediatas y nosotros se las devolveremos utilizando más lenguaje. Esta etapa, llamada de la “holofrase” de los niños de 2 años se correspondería con el protolenguaje del que hablábamos en los orígenes. La evolución ontogenética del desarrollo lingüístico del niño sigue la evolución filogenética de la especie.
En la evolución del lenguaje del niño, como en el de la adquisición de una segunda lengua, la comprensión siempre va por delante de la expresión.
Aunque les vamos mostrando palabras concretas y las cosas que designan, no se nos ocurre explicarles la gramática y la formación de frases, ellos mismos lo infieren y lo desarrollan, más adelante lo veremos, lo que aquí queremos resaltar es la importancia de la interacción, acogiendo sus sonidos y transformándolos en palabras con sentido que recogerán en su poderosa memoria y extendiendo sus primeras palabras a frases sencillas con las que ellos generarán nuevas palabras y frases que nos sorprenderán. Si la escucha me hace hablar, la interpretación, comprender.
Con el léxico concreto que van adquiriendo, una gramática correcta y simple por nuestra parte, una marcada entonación y, de nuevo, el vínculo, la relación y la escucha, adquirirán un lenguaje correcto e irán conquistando el mundo que les rodea.
“… Antes de que el Alzheimer te dejara sin palabras, cuando apenas cocinabas,  dedicabas, incansablemente, tiempo  y libretas a hacer “sopas de letras” luchando contra el olvido…” 




[1] Dewey, J. “Teoría de la valoración” Ed. Siruela, Madrid, 2008 pág. 46
[2] Utilizamos el verbo enseñar en su acepción de “mostrar” más que la de “instruir”.
[3] J. Bruner  “importancia de la relación madre-hijo desde antes de nacer, de los esquemas de atención y acción conjunta que favorecen la puesta en marcha del DAL de Chomsky y del entorno sistemático y rutinario que facilita al niño la comprensión de lo que le pasa”.

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