jueves, 1 de septiembre de 2016

1.3. Orígenes del lenguaje. El grito y el canto.

1.3.   Orígenes del lenguaje. El grito y el canto.  
 L’Hospitalet de Llobregat, ISSN 2462-6325
La educación de las madres sobre las crías.
 “La originalidad, no nace de la nada sino que se encuentra en el “nuevo uso de cosas conocidas”.[1]

Hay muchas y variadas teorías sobre el origen del lenguaje que son, en todo caso, difíciles de demostrar.

Como dato curioso exponemos algunas, recogidas por Jespersen en 1922, tras la publicación, en 1859, del “Origen de las especies” de Darwin.

-       La teoría del guau-guau: Suponía que el lenguaje procedía de la imitación de los sonidos de la naturaleza, es decir, tendría una base onomatopéyica. El argumento en contra es que las onomatopeyas son diferentes en cada lengua.
-       La teoría del ay-ay: La aparición del lenguaje se debería en primera instancia a la producción de sonidos instintivos causados por el dolor u otras emociones. Sin embargo, no son muchas las interjecciones con las que contamos.
-       La teoría del ding-dong: Afirma que el lenguaje se derivaría de las respuestas dadas por los primeros humanos a los estímulos externos con que se encontraban en el medioambiente.
-       La teoría del hip-hop: Indica que el lenguaje pudo aparecer a partir de la producción de gruñidos rítmicos debido al trabajo en grupo.
-       La teoría del la-la-la: Añadida por el mismo Jespersen. Los sonidos del habla procederían del juego, la risa, los arrullos, cortejos, susurros…, es decir de la actividad poética, lúdica y festiva del ser humano.

Aunque hemos encontrado otras, éstas recogen bastante bien la proliferación de especulaciones sin posibilidad de investigación que surgieron en el siglo XIX, de tal manera que la Sociedad Lingüística de París prohibió, en 1886, cualquier referencia al tema de la evolución del lenguaje en artículos y ponencias.

Actualmente contamos con los avances científicos de la neurociencia, la paleontología, la genética… que, junto con las teorías lingüísticas, psicológicas y filosóficas, pueden arrojar nueva luz a un tema tan interesante como éste.

Según un artículo del profesor José Luis Pérez Mantero[2] básicamente podríamos considerar dos tesis: las continuistas basadas en la evolución natural y las discontinuistas, como la que propugna Chomsky en el sentido de que un fenómeno tan complejo como el lenguaje humano no se desarrolla naturalmente sino que habría habido una “exaptación”, un cambio de una función que sería optimizado por la adaptación. En todo caso, los saltos, que parece ser que sí que han habido, no han salido de la nada sino que se han producido sobre conquistas ya logradas.

Las tesis actuales aceptan que primeramente existió un “protolenguaje” (Bickerton, 1994) con signos, gestos y sonidos o inicios de palabras que designan cosas concretas. Esto implicaría la existencia de la capacidad simbólica y de la capacidad de señalar. Podrían haberse dado dos mutaciones, una relacionada con el léxico (centrada en el área temporal del cerebro, donde también está la audición) y otra relacionada con las acciones (verbos) en el área frontal, donde se sitúan las capacidades de atención, planificación y control, es decir del aprendizaje. Lo decisivo serían las nuevas conexiones neuronales. Ésta última mutación propiciaría la sintaxis a partir del léxico, fruto de la cohesión social entre grandes grupos de homínidos que tenían que comunicarse de una manera eficiente.

Resulta interesante y sugestiva una investigación del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts) de 2013. Según la cual el origen del lenguaje humano puede tener que ver mucho con el canto de los pájaros. “Fue una combinación accidental lo que provocó el lenguaje humano”, dice Shigeru Miyagawa, profesor de lingüística del MIT en la facultad de Lingüística y Filosofía y co-autor del estudio, basándose en un análisis de la comunicación animal y en un estudio anterior de Miyagawa, donde detalló que el lenguaje tiene dos capas: una de expresión (organización de frases) y otra de léxico (contenido central de las oraciones). Los autores aseguraron que el canto de las aves se parece mucho a la capa de expresión, mientras que los mensajes cortos y audibles –pero esenciales para decir algo– de los primates, son más parecidos a la capa de léxico. “Así, en los humanos se puede apreciar la existencia de una comunicación esencial (léxico) –como en los primates–además de una expresión melódica mediante la que podemos combinar y recombinar distintas palabras de forma infinita, tal como hacen las aves con las distintas melodías y sonidos. En consecuencia, se desprende que en algún momento, estos dos tipos de lenguaje se fusionaron[3].

Además de concretar los dos aspectos fundamentales del lenguaje: el del léxico o contenido y el de expresión en el que se incluiría la comunicación, la forma (fonética y sintáctica) y la intención, este estudio muestra la importancia de la melodía, el tono, la voz… aspectos que queremos resaltar en este trabajo.

En otro artículo sobre la evolución del lenguaje[1] los doctores en biología y en investigación: Castro Nogueira y Toro Ibáñez nos exponen la hipótesis de que sería la capacidad conceptual de categorizar una conducta en “buena” o “mala”, juicios de valor que se darían, principalmente, entre las madres y sus crías,” junto con la capacidad de aprender mediante la imitación, la instrucción y la colaboración (entre los grupos de homínidos), las que habrían actuado en favor del desarrollo del lenguaje.

El profesor de lingüística de la Complutense de Madrid, Angel Alonso-Cortés, en el capítulo X (II Origen del lenguaje)[2] de su tratado de Lingüística, establece que “el lenguaje y la gramática son el resultado emergente de la organización cognoscitiva de los humanos dotada de una teoría de la mente o empatía, consciencia de las cosas o estar enterado de ellas, atención, memoria, imitación y de su necesariamente restrictiva transmisión cultural (necesidad de sintetizar y agilizar la información) y pueden haber surgido de las circunstancias que lo hayan hecho necesario.” Él establece la base de estas necesidades en la división del trabajo que trajo consigo un cambio de dieta (más vegetales y alimentos cocinados), el desarrollo cognitivo y de la capacidad simbólica y en la necesidad de coordinar los intercambios. Dewey[3] nos dice que el deseo produce interés y el interés conduce a actuar. Toda motivación (fundamental para aprender) nace de la necesidad, en este sentido puede entenderse que la necesidad de cooperar, propia del vulnerable ser humano que camina en grupo, sea el origen del lenguaje. La necesidad de transmitir la cultura a las crías, la de comunicarse, informando de un peligro o del hallazgo de comida, la de expresarse para reconocerse o la de dialogar para llegar a acuerdos, habrían reforzado los mecanismos del lenguaje.




[1] Castro Nogueira, L. y Toro Ibáñez, M. A. 2002 La evolución del lenguaje.
[2] Alonso-Cortés, A. 2008. Lingüística
[3] Dewey, J. (2008) Teoría de la valoración, pág. 47
 “… Vi a tu hermana arrullar a mi bebé y pensé, así lo haré yo, y así lo hice, no sólo con mis hijos…´”



[1] Dewey, J. “Democràcia i escola” Eumo ed. Pág. 83
[2] Pérez Mantero, J. L.  ¿Qué sabemos del origen del lenguaje?
[3] https://paleorama.wordpress.com/2013/02/26/segun-el-mit-el-origen-del-lenguaje-humano-tiene-que-ver-mucho-con-el-canto-de-los-pajaros/The Emergence of Hierarchical Structure in Human Language”, estudio de investigadores del MIT y estudiantes de la Universidad de Tokio, publicado en la revista Frontiers in Psychology en 2013
[4] Castro Nogueira, Laureano y Toro Ibáñez, Miguel A. “La evolución del lenguaje” en Diálogo Filosófico, nº53 (2002) 275-290

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