viernes, 2 de septiembre de 2016

1.8. Voces que se alzan unidas. La fuente de las mujeres.

1.8. Voces que se alzan unidas.   
 L’Hospitalet de Llobregat, ISSN 2462-6325
“Las mujeres, cuando trabajan en equipo, actúan de manera más inteligente que los hombres.”[1] Lo afirman investigadores del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts) y de la Universidad Carnegie Mellon (EEUU)
“Al final se ha demostrado que las mujeres, cuando trabajan en equipo, actúan de manera más inteligente que los hombres. Lo han comprobado investigadores del Instituto de Tecnología de Massachusetts y de la Universidad Carnegie Mellon (EE.UU.) que han pedido a 192 grupos de voluntarios que resolvieran problemas complejos.
A partir de los resultados obtenidos en las pruebas, los investigadores han podido calcular la inteligencia colectiva de cada grupo. Esta inteligencia, han descubierto, depende poco de las inteligencias individuales de cada miembro del grupo. De lo que depende, según resultados presentados esta semana por la revista Science, es de tres variables: de la sensibilidad social de los miembros del grupo (cuanta más capacidad para captar los sentimientos y pensamientos ajenos, más inteligencia colectiva); de la capacidad de dialogar entre ellos (cuando todos participan en el diálogo hay más inteligencia que cuando una o dos personas lo dominan); y del número de mujeres que hay en el grupo (cuantas más mujeres, más inteligencia colectiva).”[2]
Este estudio está hecho para mejorar la eficacia del trabajo en equipo en las empresas y las pruebas que han utilizado están diseñadas para ello. Hemos de aceptar que el interés económico hace avanzar la ciencia, porque con ello han constatado algo evidente: que las mujeres funcionamos mejor colectivamente, pero que nos aumenta nuestra, a menudo socavada, autoestima. Según este estudio funcionamos mejor en grupo porque tenemos más sensibilidad social y más capacidad de dialogar, claro que no se puede generalizar, no todas las mujeres podemos o sabemos funcionar así y todas conocemos elementos masculinos muy competentes socialmente y con los que el trabajo en equipo es mucho mejor, en todo caso los colectivos de mujeres que se dan apoyo mutuo y con los que trabajamos conjuntamente mientras nos comunicamos, nos relajamos y nos divertimos son muchos e importantes a lo largo de nuestro proceso vital. Un ejemplo son las AMPAS de los colegios, formadas, mayoritariamente, por madres, con razón se cambió el nombre de APAS a AMPAS.
“Las mujeres vivimos esos dos tiempos, el de Cronos y el de Kairós, el de la prisa y el del sentido. Pero, en muchísimas culturas, hemos sido y somos las depositarias especiales del segundo, del tiempo que atesora los momentos significativos, los momentos del ser: los momentos que sustentan cualitativamente la vida y la cultura humana.”[1]




[1]  Rivera, M-M “Mujeres en relación. Feminismo 1970-2000.” pág. 59
A modo de ejemplo y para ilustrar este aspecto de la voz de las mujeres en colectividad
·        “La fuente de las mujeres”.
“La fuente divina de las mujeres no es el agua, la fuente divina de las mujeres es el amor.”
En 2014, con Natalia Palomar dinamizamos un grupo de madres del “Casal al Vent” de la “Fundació la Vinya”. Una de las sesiones que hicimos consistió en visionar la película “La fuente de las mujeres”, Natalia, profesora de filología clásica en la UB hizo, posteriormente, un interesante trabajo sobre la literatura coral, comparando esta película con la obra helénica de Lisístrata[3].
El film se presenta como un cuento donde la voz de las mujeres se alza unánime en su reivindicación ante los hombres, como cuento, acaba con el final feliz de la reconciliación, aunque deja temas abiertos. Elegimos esta película por la conexión que se da entre las mujeres, no siempre favorable o placentera: hay discusiones, salidas de tono, incomprensión… pero, en todo caso, cargada de un fuerte vínculo emocional que, finalmente, les lleva a unirse y a resolver el conflicto. El grupo estaba formado por mujeres marroquís, latinoamericanas y alguna catalana, después de visionarla pasamos a comentarla. Fue muy interesante compartir las emociones que nos despertó y las actitudes y opiniones que generó.
El agua que se va a buscar a la fuente, lugar de encuentro, el lavado compartido de la ropa en el río o en los lavaderos, el baño conjunto… me lleva a lo más remoto de mi pasado femenino, me devuelve a mi abuela y su patio con el lavadero compartido, o a los baños de adolescentes en el río, cuando íbamos de campamentos.
El agua es fuente de vida, en ella, en grupo, compartimos intimidad, se nos despega la lengua, contamos chismes, reímos, integramos a la que se queda aparte, clamamos con sed de justicia, lloramos… A menudo se habla con desdén de este “fer safareig[4] pero, al final, lo hablado se lo lleva la corriente, quedan las risas, los llantos y la relación. Claro que el cotilleo no es algo exclusivamente femenino, pero si es el único del que se habla peyorativamente.
El antropólogo Robin Dunbar explica la función del cotilleo: “el lenguaje sirve para la transmisión de información sobre lo que hacen otros miembros del grupo, lo que ayuda al grupo a mantener la cohesión social.”[1] Es algo primario con lo que nos informamos mejor de cómo resolver nuestras necesidades y, consecuentemente, nos cohesionamos a un grupo que puede ayudarnos.
 [1] Citado por Castro, L. y Toro M. A. en “La evolución del lenguaje” en Diálogo Filosófico, nº53 (2002) 275-290 http://www.ciudadredonda.org/admin/upload/files/1cr_t_adjuntos_36.pdf
“… Cuando acabo mi sesión terapéutica en la piscina, me sumerjo en lo profundo, regreso al útero materno, donde todo era paz… salgo de él y me encuentro a mis compañeras, con las que me relaciono y comunico, con las que lloro, me enfado y me río…”




[2] Corbella, Josep (La Vanguardia) 02 Octubre 2010
[4] El safareig es el lavadero. “Fer safareig” quiere decir chismorrear.
[5] Castro Nogueira, Laureano y Toro Ibáñez, Miguel A. “La evolución del lenguaje” en Diálogo Filosófico, nº53 (2002) 275-290

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