Ecos de voces perdidas.
L’Hospitalet de Llobregat, ISSN 2462-6325
L’Hospitalet de Llobregat, ISSN 2462-6325
"El lenguaje es la casa del ser. En su morada habita el hombre. Los pensadores y los poetas son los guardianes de esa morada.”
Inicio este viaje por la vida tradicional de
la mayoría de mujeres de todos los tiempos, con su cuidado de lo cotidiano y su
transmisión del lenguaje mediante el vínculo emocional, recordando el duro
trabajo que muchas han realizado mientras cantaban y contaban, aunque fuera
para ellas mismas. Una misma ya contiene a los demás.
Esta introducción es también
un pequeño homenaje para todos los que se interesaron en recoger y
transmitirnos sus testimonios.
El texto de inicio escogido
es de Eduardo Galeano, lo escribió en 2013, en el día internacional de las
lenguas maternas, que fue proclamado por la Unesco el 21 de febrero del 2000.
“Hoy es el Día de las lenguas maternas.
Cada dos semanas, muere
una lengua.
El mundo disminuye
cuando pierde sus humanos decires, como pierde la diversidad de sus plantas y
sus bichos.
En 1974 murió Ángela
Loij, una de las últimas indígenas onas
de la Tierra del Fuego, allá
en el fin del mundo; y la última que hablaba su lengua.
Solita cantaba Ángela, para nadie cantaba, en esa lengua
que ya nadie recordaba:
Voy andando por las pisadas
de aquellos que se fueron.
Perdida
estoy.
En tiempos idos, los onas adoraban varios dioses.
El dios supremo se llamaba Pemaulk.
Pemaulk significaba Palabra.” E. Galeano.
Anne Chapman (1922-2010) viajó, durante
40 años, de Europa al extremo sur americano para estudiar a las últimas etnias
que lo habitaron: los selk’nam (onas) y los yaganes. No era lo que más le
interesaba, pero se encontró con la evidencia de los últimos testimonios
directos de esa cultura y nadie más que los recogiera. La paciencia y la
dedicación de esta etnóloga norteamericana le han permitido reconstruir la vida
de esos pueblos, que fueron arrasados por la “invasión blanca” con una
velocidad aterradora, a través de las dos informantes de sus campañas, Lola Kiepja y
Angela Loij, las últimas selk’nam.
En una entrevista con Sonia
Santoro publicada en 2004, Anne, nos dice:
–
¿Cómo era la vida de las mujeres?
–
Bueno, hacían el trabajo que siempre hacen las mujeres. Y lo más
difícil, lo más arduo, era llevar todo el cargamento en sus espaldas cuando
iban de un campamento a otro. Todas esas pieles de guanaco que usaban en sus
carpas, todo eso lo cargaba la mujer.
Lola se quejaba de que tenía tanto frío en las manos, le dolían;
pasaron tantos años e igual se acordaba de eso.
(…)
-
“Quiero acordarme de Ángela sonriendo como la
última vez que la vi. Y me acordaré de sus manos hermosas, de su humor, de su
coraje, de su placer al hacerme participar de aquella cultura milenaria que
fue, en los tiempos paleolíticos, la de la humanidad entera”.
Niños onas Anne Chapman
“…
Las mujeres caminan con sus cargas y sus cantos. Aunque sus voces se pierdan,
nos resuenan, son las nuestras, de nuevo las alumbramos…”


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