martes, 6 de septiembre de 2016

1.1. La voz de las mujeres. Preámbulo. Ecos de voces perdidas.

Ecos de voces perdidas.   
 L’Hospitalet de Llobregat, ISSN 2462-6325
"El lenguaje es la casa del ser. En su morada habita el hombre. Los pensadores y los poetas son los guardianes de esa morada.”

[1] Heidegger, Martín (Alemania, 1889-1976) Carta sobre el humanismo” 1947[1]
Inicio este viaje por la vida tradicional de la mayoría de mujeres de todos los tiempos, con su cuidado de lo cotidiano y su transmisión del lenguaje mediante el vínculo emocional, recordando el duro trabajo que muchas han realizado mientras cantaban y contaban, aunque fuera para ellas mismas. Una misma ya contiene a los demás.
Esta introducción es también un pequeño homenaje para todos los que se interesaron en recoger y transmitirnos sus testimonios.
El texto de inicio escogido es de Eduardo Galeano, lo escribió en 2013, en el día internacional de las lenguas maternas, que fue proclamado por la Unesco el 21 de febrero del 2000.
·     “El mundo encoge”[2].
“Hoy es el Día de las lenguas maternas.
Cada dos semanas, muere una lengua.
El mundo disminuye cuando pierde sus humanos decires, como pierde la diversidad de sus plantas y sus bichos.
En 1974 murió Ángela Loij, una de las últimas indígenas onas de la Tierra del Fuego, allá en el fin del mundo; y la última que hablaba su lengua.
Solita cantaba Ángela, para nadie cantaba, en esa lengua que ya nadie recordaba:     
Voy andando por las pisadas
de aquellos que se fueron.
Perdida estoy.
En tiempos idos, los onas adoraban varios dioses.
El dios supremo se llamaba Pemaulk.
Pemaulk significaba Palabra.”                 E. Galeano.

Anne Chapman (1922-2010) viajó, durante 40 años, de Europa al extremo sur americano para estudiar a las últimas etnias que lo habitaron: los selk’nam (onas) y los yaganes. No era lo que más le interesaba, pero se encontró con la evidencia de los últimos testimonios directos de esa cultura y nadie más que los recogiera. La paciencia y la dedicación de esta etnóloga norteamericana le han permitido reconstruir la vida de esos pueblos, que fueron arrasados por la “invasión blanca” con una velocidad aterradora, a través de las dos informantes de sus campañas, Lola Kiepja y Angela Loij, las últimas selk’nam. 
En una entrevista con Sonia Santoro publicada en 2004, Anne, nos dice:
     ¿Cómo era la vida de las mujeres?
     Bueno, hacían el trabajo que siempre hacen las mujeres. Y lo más difícil, lo más arduo, era llevar todo el cargamento en sus espaldas cuando iban de un campamento a otro. Todas esas pieles de guanaco que usaban en sus carpas, todo eso lo cargaba la mujer.
Lola se quejaba de que tenía tanto frío en las manos, le dolían; pasaron tantos años e igual se acordaba de eso.
(…)
-       “Quiero acordarme de Ángela sonriendo como la última vez que la vi. Y me acordaré de sus manos hermosas, de su humor, de su coraje, de su placer al hacerme participar de aquella cultura milenaria que fue, en los tiempos paleolíticos, la de la humanidad entera”.


 
                                     Niños onas                                  Anne Chapman
     
                                 
“… Las mujeres caminan con sus cargas y sus cantos. Aunque sus voces se pierdan, nos resuenan, son las nuestras, de nuevo las alumbramos…”




[1] Heidegger, Martín
[2] Galeano, Eduardo 21/02/2013 recogido en “Mujeres”, Ed. s. XXI, 2015, pág. 21

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