miércoles, 7 de septiembre de 2016

2.2. Voces familiares. Juego físico y desarrollo del lenguaje.

2.2. Voces familiares.  
 L’Hospitalet de Llobregat, ISSN 2462-6325I
Juego físico y desarrollo del lenguaje.  
“No olvidemos, para ayudar a construir la resiliencia, la importancia de asegurar las necesidades físicas de base (…) Los fundamentos son el vínculo y el sentido.”[1]
El primer sentido que desarrollamos, ya desde el útero materno, es el del oído.  Cuando nace el bebé reconoce nuestra voz y algunos sonidos. Los primeros juegos que realizamos con el niño incluyen el contacto, el movimiento y la voz: lo mecemos, lo balanceamos o él mismo se gira, rueda…con lo que va adquiriendo noción de sí mismo. Cuando lo aseamos, lo alimentamos o lo arrullamos, establecemos contacto físico, realizamos movimientos suaves, jugamos los objetos, contactamos visualmente, respondemos a sus sonidos…
Con la estimulación sensorial favoreceremos la integración perceptiva… y con ésta la capacidad de representación y simbolización, fundamental para el lenguaje. El bebé nace con el registro de todos los sonidos en su haber. Los emitirá y nosotros se los devolveremos diferenciándolos; así, poco a poco los reconocerá y los integrará. Adquirimos el cuadro fónico de nuestra lengua materna, mediante la oposición de sus unidades fónicas, las sílabas y de las subsiguientes relaciones asociativas que establecemos: PA PA… MA MA… 
Esta relación de sonidos y juegos, conecta nuestra capacidad de emitir y interpretar sonidos con la capacidad de relacionamos y conocer el mundo. El juego, nos dice Bühler, será una actividad básica para el desarrollo perceptivo, cognitivo, lingüístico y social, propia del niño, pero también válida para el adulto.[1] El placer en el niño es más fuerte, más vital y espontáneo. Mediante el vínculo que se establece con el juego: tirándonos con ellos por el suelo, llevándolos a caballito sobre nuestra espalda o haciéndoles saltar sobre nuestra falda mientras les cantamos, les realzamos sonidos corporales y del entorno o les mostramos los primeros símbolos sonoros elaborados, como las onomatopeyas de nuestra lengua y les decimos palabras y frases que ellos van imitando, o reproducimos las suyas transformándolas.
Estos sonidos que se escuchan, se reconocen y se imitan, cumplen la misma función que las miradas: la de descubrir al otro y establecer un vínculo, a partir del cual nos reconocemos. Mediante las vocalizaciones y sonidos específicos se llega a la comprensión de palabras, que podemos observar cuando dirige la mirada a las cosas o señala lo que le decimos.
María Montessori (1870-1952), doctora, pedagoga y científica, revolucionó la educación infantil y la educación especial diseñando materiales para permitir el desarrollo sensoriomotriz que precede a la percepción y a la simbolización, desde un auténtico respeto por el niño. Nada da más seguridad a los niños y a las niñas que sentirse capaces de realizar cosas por sí mismos.
Piaget (1896-1980), tras el minucioso análisis de sus observaciones sobre el desarrollo psicoevolutivo de sus tres hijos, demostró que “La comprensión está ligada a la acción”. Mediante la acción y las sucesivas asimilaciones y acomodaciones, el niño irá reorganizando el conocimiento.
Vygostky[2] considera los aspectos sociales generadores del lenguaje y del pensamiento. Por ejemplo, según él, el lenguaje egocéntrico del niño pequeño, el que emite mientras juega sólo, cumple una función reguladora que posibilitará el pensamiento interno y la comunicación, discrepa, así, de Piaget que lo trata como un simple acompañamiento de la acción.
Bruner sigue la línea de Vygostky afirmando que la adquisición del lenguaje comienza antes de que empiece la comunicación con palabras. Estimular su acción y, con ello, su comprensión del mundo y su autoestima, es algo que permitimos ofreciéndoles diferentes situaciones de juego físico, de exploración de los objetos y de utilización del lenguaje.
Hay un aspecto importante que a veces descuidamos y es que tras los momentos de juego y de actividad ha de venir un momento de calma. Aprender a dejar de hacer, a encontrar placer relajándose, como se ha encontrado en la acción, es una de las mejores habilidades que les podemos regalar.
  “… Aquellas canciones y juegos orales perdidos de la infancia, fue el último lenguaje que compartimos: - Tengo una muñeca vestida de azul, con su camisita y su canesú…”



[1] Bühler, K. Comenzó como psicólogo de la Gestalt, creó su propia teoría “Funcionalista”.
[2] Vygotsky, L. (Rusia, 1896-1934), psicólogo del desarrollo.


[1] Vanistendael, Stefan, BICE “La resiliencia: desde una inspiración hacia cambios prácticos.” 

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