1.5. La comunicación no verbal. El silencio.
L’Hospitalet de Llobregat, ISSN 2462-6325
L’Hospitalet de Llobregat, ISSN 2462-6325
“Sólo en la medida en que los
hombres pertenecen al son del silencio son capaces de un modo que a ellos les
es propio del hablar que hace sonar el habla.”[1]
Al protagonista de la novela “Desgracia”, el profesor de Universidad
de la asignatura de Lenguas, ahora llamada “Comunicación”, se le antoja absurda
la premisa del manual que imparte: “La
sociedad humana ha creado el lenguaje con la finalidad de que podamos
comunicarnos unos a otros nuestros pensamientos, sentimientos e intenciones.” Él
cree que “el origen del habla radica en
la canción y el origen de la canción en la necesidad de llenar, por medio del
sonido, la inmensidad y el vacío del alma humana.”[1]
En la novela, mientras le
sobrevienen las “desgracias” y se va cargando de palabras y razones que se
confunden, se exploran otros lenguajes con los que logra alguna mínima, pero
auténtica, comunicación: el corporal, el animal, el gutural, con sonidos que
expresan las emociones más primarias, el del llanto, el de los monosílabos, el
de la lengua materna, el gestual, el de la expresión facial y las miradas, el
de la música que intenta componer y, finalmente, el del silencio.
El silencio desde el cual “los perros olfatean los pensamientos”, el
silencio que precede al momento de dejar la existencia. Atravesando ese
silencio encontrará la nota que faltaba en su canción.
Los que nos comunicamos con
personas que aprenden una segunda lengua o que han tenido problemas que les
dificulta su uso, conocemos la importancia del lenguaje gestual: de la mirada
atenta que transmite confianza, de la expresiva entonación, de los movimientos
precisos de las manos, de la
escucha con la que captamos lo que nos quieren decir y comprendemos.
La comunicación no verbal resulta,
necesariamente, muy básica; sin palabras no se pueden expresar pensamientos y
sentimientos complejos, pero, al mismo tiempo es significativa y fundamental,
ya que, a menudo, las palabras no muestran toda la realidad o la tergiversan.
Resulta especialmente
elocuente el silencio como parte de la comunicación. Sabemos la importancia de
los silencios en las narraciones y declamaciones orales para captar la atención
y seguir un ritmo. Pero el silencio va más allá del hecho de callar o de permitir
pausas. El silencio es significativo.
El silencio puede ser tenso cuando esconde palabras que
necesitan salir o cuando éstas se disfrazan o se malinterpretan. El silencio
puede dañar más que las palabras. El silencio puede ser, también, armonioso, abierto
a lo nuevo y lleno de un entendimiento que no se puede expresar con palabras.
Con el protagonista de nuestra novela descubriremos que no
necesitamos llenar el vacío, sino adentrarnos en él, sólo así podremos abrirnos
a la escucha, a la comprensión, a la autenticidad y a la re-creación, de él
nacerán las palabras veraces con las que expresarnos.
El Silencio sería ese punto
entre el ocaso y el alba que no alcanzamos a abarcar, la luz que se deja
entrever entre la niebla, el lugar donde, aceptando la angustia y la muerte,
nos dejamos llevar cogiendo el hilo que nos devuelve a la vida.
En “La sociedad del cansancio”, Byung-Chul Han[2], profesor de filosofía en
Berlín, nos explica que el cansancio, la fatiga y la asfixia son el resultado
de la hiperactividad a la que nos sometemos a nosotros mismos.
La curación viene por reconocer y asumir este cansancio
profundo. Es el tiempo del “no hacer”, o el de dejar hacer, el “entre tiempo” a
partir del cual abrimos los ojos y contemplamos el mundo, escuchamos y
expresamos, estamos ahí, tocamos y nos dejamos tocar. Es el cansancio de
nuestro propio ego que nos permite salir del Yo y relacionarnos con el mundo y
con el otro.
La realidad vivida nos
desborda, no podemos llegar a expresarla y al mismo tiempo el lenguaje y la
imaginación pueden superar la realidad, con las palabras y signos damos vida a
pensamientos o ideas que sólo así logran ser. ¿Entonces? El filósofo y filólogo
J. L. Ramírez nos dice que siempre queda algo indecible, inabarcable “un resto de silencio, un algo sentido,
inexpresable o inexpresado, quizá connotado, pero no denotado”.[3]
Éste Silencio, como metáfora de lo inefable o inexpresable, tiene connotaciones
metafísicas y existenciales. La poesía sería el lenguaje que más se acercaría a
expresar la totalidad vivida. “El Decir
de un poeta permanece en lo no dicho. Ningún poema individual, ni siquiera en
su conjunto, lo dice todo. Sin embargo, cada poema habla de la totalidad del
Poema único, desde el cual se poetiza.”[4]
J.L. Ramírez expone, en su
artículo, algunos poemas sobre el Silencio, como el de Lorca, de “Elegía al silencio”: … Huyendo del sonido,
eres sonido mismo… Nosotros
recordamos
también el “Jo vinc d’un silenci, antic i molt llarg” de Raimon, en 1975, refiriéndose
al largo silencio que nos impuso la dictadura franquista, aunque podemos usarlo
como metáfora.
Como nota curiosa e
ilustrativa remitimos a una noticia sobre John Cage “el hombre que compuso el
silencio”.[5] Sólo el silencio permite
la escucha.
“…El silencio forma parte de esa comunicación vital, de la que venimos, la que mantuvimos con nuestra madre en su seno. De él nacerá el grito que expresa nuestra necesidad y el canto con el que nos reciben, el que compartimos con los que caminan a nuestro lado y con el que recordamos a los que ya nos dejaron…”
[1]
Coetzee, J.M., Nobel de literatura
2003, (2010) Desgracia, pág. 10
[4]
Heidegger El habla en el poema Sobre
un poema de Georg Trakl Una tarde de
invierno.
[5]
Joan Cage, el hombre que compuso el
silencio. http://www.abc.es/20120208/archivo/abci-john-cage-pieza-silenciosa-201202071414.html
[1] Heidegger,
“De camino al habla”, “El habla”, analizando un poema de Georg Trakl “Una tarde
de invierno”, sobre este poema despliega su comprensión del habla como el “son”
del silencio, al cual accedemos por la correspondencia y la escucha.
[2] Coetzee,
Nobel de literatura 2003, “Desgracia”, Debolsillo, 2009, 1ª edición 1999
[4]Ramírez, J. L., conferencia
en Cádiz en 1989: “El significado del silencio y el silencio del
significado Publicada en Castilla del Pino, Carlos
(Compilador). El silencio. Madrid: Alianza Editorial, 1992
[5] Heidegger “El habla en el poema” Sobre un poema de
Georg Trakl “Una tarde de invierno”
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