2. 11.
Voces armónicas. Voces disonantes. Las amigas.
l’Hospitalet
de Llobregat ISSN 2462-6325
“El sujeto no habla para
comunicarse; el sujeto habla porque encuentra un goce que lo empuja; porque lo inconsciente
lo determina y, entonces, hablando, goza.”[1]
Heidegger
aborda el lenguaje no como una herramienta de la que disponemos sino como algo
que experimentamos y a lo que pertenecemos. “El
lenguaje no se habla, se escucha”[2], escuchamos el
“decir” del lenguaje. El “decir” en cuanto a “mostrar”. La actitud fundamental
del hombre ante el lenguaje es la de apertura. El lenguaje “nos habla” y con
ello nos posibilita la apertura y la apropiación del mundo en nuestro devenir
histórico. El hablar de la persona acontece en la forma de interlocutor, es un
diálogo permanente con el mismo lenguaje, un camino en el que ya estamos porque
en él sucede nuestra vida. “La reflexión
consiste, pues, en la experiencia de recorrer el propio camino.”[3]
Las amigas y
los amigos representan, quizás más que ninguna otra relación, ese camino del
que venimos y al que nos encaminamos, el del vínculo existencial, el del
lenguaje que permite la presencia velada de todo lo que acontece. Es el fruto
de la apertura que nos llama al cuidado del ser.
Con los amigos
accedemos a esos “otros” que nos constituyen, son los rostros en los que vemos
el reflejo idealizado de nosotros mismos. El “yo” en crecimiento necesita
rodearse de otros, semejantes y diferentes de nosotros mismos, otros que, en
todo caso, formaran parte de mi ser en el mundo.
El sentido
grupal o de pertinencia es necesario para construir la personalidad. Hay quien
sigue fiel a las primeras pertinencias y hay quien se va distanciando de las
antiguas y creando otras nuevas. La soledad, la no buscada, nos aterra y es,
realmente la más penosa situación que nos sobreviene en los momentos de más
vulnerabilidad. La crueldad del “bullyng” consiste, principalmente, en aislar.
La necesidad de aceptación es tan grande que nos puede llevar al no-cuidado del
otro, al rechazo directo o indirecto, ese no-cuidado me disgrega a mí también,
conlleva angustia al que la sufre y al que la provoca o la consiente.
El camino
hacia la esencia del ser, que explica Heidegger, pasa por la apertura, por el
dejar que algo sea libre en su propia esencia, por el cuidado de lo que nos
fundamenta, por la protección del ser que se descubre en su apariencia velada
de misterio. La escucha del otro permite recoger, comprender y interactuar. La
esencia del lenguaje es la de “posada que recoge y liga”[4],
nos dice Heidegger desgranando el “Logos”, pero sólo lo alcanzamos a
vislumbrar “emplazándonos en la tempestad del ser”[5], y
en el cuidado del Otro, añade Lévinas.[6]
Hay una
película “Tierra de ángeles”[7]
que explica muy bien, mediante el lenguaje musical, las dificultades que nos
creamos cuando nos cerramos al diferente o cuando no dejamos ir nuestros
prejuicios y la armonía que resulta cuando emprendemos el camino del ser, el de
la abertura que recoge y liga.
“… Cuando ya no abrías la boca ni para comer,
te recitaba los nombres de tus seres queridos, asentías, sonreías…”
[1] Lacan, J.
[2]
Heidegger “El camino al habla” http://www.olimon.org/uan/heidegger-el_camino_al_habla.pdf
[3] Rocha de
la Torre “Más allá de las palabras: El lenguaje en la filosofía de Heidegger”.
[4]
Heidegger, M. “Logos”
http://www.ub.edu/las_nubes/archivo/uno/wunderkammer/Texto/Filosofia/Logos.pdf
[5]
Heidegger, M. “Logos”
[6] Lévinas,
E. (1906-1995)
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