lunes, 26 de septiembre de 2016

2. 11. Voces armónicas. Voces disonantes. Las amigas.

2.  11. Voces armónicas. Voces disonantes. Las amigas.
l’Hospitalet de Llobregat ISSN 2462-6325
“El sujeto no habla para comunicarse; el sujeto habla porque encuentra un goce que lo empuja; porque lo inconsciente lo determina y, entonces, hablando, goza.”[1]
Heidegger aborda el lenguaje no como una herramienta de la que disponemos sino como algo que experimentamos y a lo que pertenecemos. “El lenguaje no se habla, se escucha”[2], escuchamos el “decir” del lenguaje. El “decir” en cuanto a “mostrar”. La actitud fundamental del hombre ante el lenguaje es la de apertura. El lenguaje “nos habla” y con ello nos posibilita la apertura y la apropiación del mundo en nuestro devenir histórico. El hablar de la persona acontece en la forma de interlocutor, es un diálogo permanente con el mismo lenguaje, un camino en el que ya estamos porque en él sucede nuestra vida. “La reflexión consiste, pues, en la experiencia de recorrer el propio camino.”[3]
Las amigas y los amigos representan, quizás más que ninguna otra relación, ese camino del que venimos y al que nos encaminamos, el del vínculo existencial, el del lenguaje que permite la presencia velada de todo lo que acontece. Es el fruto de la apertura que nos llama al cuidado del ser.
Con los amigos accedemos a esos “otros” que nos constituyen, son los rostros en los que vemos el reflejo idealizado de nosotros mismos. El “yo” en crecimiento necesita rodearse de otros, semejantes y diferentes de nosotros mismos, otros que, en todo caso, formaran parte de mi ser en el mundo.
El sentido grupal o de pertinencia es necesario para construir la personalidad. Hay quien sigue fiel a las primeras pertinencias y hay quien se va distanciando de las antiguas y creando otras nuevas. La soledad, la no buscada, nos aterra y es, realmente la más penosa situación que nos sobreviene en los momentos de más vulnerabilidad. La crueldad del “bullyng” consiste, principalmente, en aislar. La necesidad de aceptación es tan grande que nos puede llevar al no-cuidado del otro, al rechazo directo o indirecto, ese no-cuidado me disgrega a mí también, conlleva angustia al que la sufre y al que la provoca o la consiente.
El camino hacia la esencia del ser, que explica Heidegger, pasa por la apertura, por el dejar que algo sea libre en su propia esencia, por el cuidado de lo que nos fundamenta, por la protección del ser que se descubre en su apariencia velada de misterio. La escucha del otro permite recoger, comprender y interactuar. La esencia del lenguaje es la de “posada que recoge y liga”[4], nos dice Heidegger desgranando el “Logos”, pero sólo lo alcanzamos a vislumbrar “emplazándonos en la tempestad del ser”[5], y en el cuidado del Otro, añade Lévinas.[6]
Hay una película “Tierra de ángeles”[7] que explica muy bien, mediante el lenguaje musical, las dificultades que nos creamos cuando nos cerramos al diferente o cuando no dejamos ir nuestros prejuicios y la armonía que resulta cuando emprendemos el camino del ser, el de la abertura que recoge y liga.
 “… Cuando ya no abrías la boca ni para comer, te recitaba los nombres de tus seres queridos, asentías, sonreías…”  



[1] Lacan, J.
[2] Heidegger “El camino al habla” http://www.olimon.org/uan/heidegger-el_camino_al_habla.pdf
[3] Rocha de la Torre “Más allá de las palabras: El lenguaje en la filosofía de Heidegger”.
[4] Heidegger, M. “Logos”
http://www.ub.edu/las_nubes/archivo/uno/wunderkammer/Texto/Filosofia/Logos.pdf
[5] Heidegger, M. “Logos”
[6] Lévinas, E. (1906-1995)

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