2.5. El lenguaje que generamos.
L’Hospitalet
de Llobregat, ISSN 2462-6325
“El lenguaje es innato y creativo. La
gramática no se enseña, se genera.”[1]
Después
de juntar dos palabras con sentido, los niños y niñas irán acoplando los
elementos gramaticales de una manera rápida, espontánea y acertada.
Chomsky se aparta de la línea
descriptiva que utilizan estructuralistas y conductistas. Él dice que las
facultades lingüísticas son innatas y se van desarrollando con unos estímulos mínimos
y asistemáticos. Se acepta que esos “mínimos” estímulos se basan en la
exposición al lenguaje humano y en los aspectos emocionales del vínculo y la
relación, aunque, como mínimos y asistemáticos, se dan por supuesto y no se
habla más de ellos. Él, mediante el análisis lógico, intenta dar una explicación causal de los universales
lingüísticos utilizando fórmulas o “transformaciones”.
En
sus inicios (1957), siguiendo la línea del análisis científico del significado de
Zelling Harris, estableció que nacemos equipados con una facultad lingüística
de base (LAD: Dispositivo de Adquisición del Lenguaje) que nos permite
seleccionar lo que escuchamos, procesarlo y producir competencia gramatical,
combinando e inventando palabras y frases que siguen las normas gramaticales de
la lengua materna, sin
que nadie nos las haya enseñado. El lenguaje es fundamentalmente creativo, nos
dice, y los orígenes son patrimonio genético. Los niños “saben” tácitamente
combinar los elementos, aunque les fallen algunos elementos funcionales que más
tarde incorporaran.
Para confirmar esta explicación tenemos el
llamado “lenguaje de los esclavos africanos”, que atraviesan dos fases:
partiendo de un cierto léxico de la nueva lengua con algunos elementos
fonéticos y morfológicos de las diferentes lenguas de procedencia (pidgin), la
segunda generación crearía, con una sintaxis más elaborada, una nueva lengua.
A
partir de los años 80, ha reformulado su teoría distinguiendo tres componentes
del lenguaje: el cognitivo que computa y almacena información, dividido en dos
subsistemas: un SC (Sistema Computacional) y un Lexicón y dos sistemas de
actuación: el C-I (Conceptual-Intencional) y el A-P (Articulatorio-Perceptual).
De las relaciones entre dichos componentes saldrá una FL (Forma Lógica) y una
FF (Forma Fonética) Él intenta abstraer un único componente computacional del
lenguaje centrándose en la FLR (Facultad Restringida del Lenguaje), dejando de
lado procesos complejos como la resolución de problemas, la creatividad o las
creencias que formarían parte de la FLA (Facultad Amplia del Lenguaje)[1]
El
lenguaje sería infinito siguiendo unas pocas reglas que intenta formular. El lenguaje, aunque facilita el pensamiento, es
una capacidad independiente, lo que es ya ampliamente aceptado, aunque no
fácilmente asimilado.
Nos dice,
también, que la razón del lenguaje
no es la de la comunicación, puesto que para ello nos hubieran bastado unos
pocos signos, sino que está en la
necesidad humana de la creación y la expresión del pensamiento.[2]
Otros lingüistas
neurobiologicistas han complementado sus estudios: Fodor[3], 1986,
Teoría modular de la mente, Pinker[4], 1995,
“Nueva Síntesis” y nuevamente Fodor rebatiendo los mismos parámetros
computacionales que él inició y que Pinker, según él, utiliza exageradamente[5].
Las teorías del desarrollo
cognitivo y del aprendizaje pueden ser un complemento más que una contradicción
a las teorías innatistas del lenguaje, igual que lo son las del desarrollo
afectivo y las de la comunicación. El lenguaje como facultad humana con la que
nacemos necesita madurar en un ambiente propicio, es así como nos humanizamos y
desarrollamos nuestro decir.
Bruner,
proponía que, junto al mecanismo innato de adquisición del lenguaje (DAL), podría
existir otro igual de importante, lo denominó SAAL “Sistema de Apoyo para la
Adquisición del Lenguaje”, el primero serviría para manejar estrategias gramaticales
y el segundo permitiría manejar símbolos y expresar significados compartidos.
Ambos podrían ser independientes.
Las
discusiones entre partidarios del innatismo y ambientalistas han sido y son muy
prolíficas en muchos ámbitos. Desde la experiencia se puede observar que ambos
aspectos son dignos de consideración. No todos los niños y las niñas nacen con
las mismas “dotes”, las diferencias existen, nuestros genes nos marcan, pero no
se desarrollarán igual en un ambiente que en otro. Las potencialidades se
convierten en capacidades gracias al estímulo y al aprendizaje, a las
relaciones, a lo que tenemos y a veces a pesar de lo que carecemos, gracias al
deseo que nos mueve…
Hay
que decir que los que defienden las potencialidades innatas no niegan las
influencias del ambiente, sólo las minimizan para sus estudios que centran en
análisis científicos, buscando explicaciones lógicas y congruentes. Los
ambientalistas, si no rechazan directamente las tesis biológicas, tampoco saben
muy bien cómo incorporarlas, con algunas excepciones, como Bruner, que ha
facilitado la concepción modular del lenguaje, aceptada hoy en día.
También
nos parece importante incorporar lo afectivo, lo que sí se hace en teoría, pero
no suficientemente en la práctica; así como contar con la tan desestimada y
relegada voluntad. El trato personal nos lleva a considerar todos estos
factores que las distintas teorías no incluyen suficientemente o, directamente,
relegan.
Chomsky,
después de reconocer la “extremadamente
desorientadora presentación”[6]
de sus lúcidos análisis, reconoce que “la
concepción humanista (de Bertrand Rusell) es la que subyace en el más ordinario y humilde de los logros humanos”[7],
esa concepción humanista, en la que destacamos el relegado pero importante y necesario
papel de la mujer, es la que aquí queremos recoger y valorar.
[1] Barón
Birchenall, L. y Müller, O. La Teoría
Lingüística de Noam Chomsky: del Inicio a la Actualidad. http://www.scielo.org.co/pdf/leng/v42n2/v42n2a08.pdf
[2] Barón
Birchenall, L. y Müller, O.
[3] Fodor, J. (NY, 1935)
Filósofo y psicolingüista,
[4] Pinker, E., 1954, psicólogo experimental, científico cognitivo,
lingüista y escritor canadiense.
[6] Chomsky,
N. (1977). Conocimiento y Libertad. Pp.
76 y 77
[7] Chomsky,
N. (1977). P. 105
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