2.3. La construcción de la identidad. El
no, el yo y el Otro.
"Tot és incert,
però el desig perdura
des del profund i en
el profund se centra
El viejo aforismo griego de
“conócete a ti mismo”, no se refiere tanto a la introspección psicológica, como
a saber hacia dónde vamos. De alguna manera también se nos dice con ello, que
somos algo consistente y algo en devenir, es decir “vamos siendo”. El psicoanalista Jacques Lacan[1]
coincide con Heidegger en este tiempo verbal del futuro anterior, nunca
podremos aprehender del todo eso que somos.
[1] Gorodischer, Cecilia Los
modos del habla y el silencio en Heidegger.
Posibles
predecesores de la oposición palabra plena/palabra vacía en Lacan
Lacan
distingue entre lo Real, lo Imaginario y lo Simbólico. Según Lacan el “Otro” forma parte de lo simbólico, del lenguaje. En
Lacan el Otro es al mismo tiempo el prójimo (cada otro sujeto por separado) y
todo el conjunto de sujetos que constituyen a la cultura y la sociedad desde el
origen de la humanidad.
El niño de entre 6 y 18 meses, que
empieza a coordinarse motrizmente, cuando se reconoce en el espejo muestra
júbilo, ya que, según Lacan puede verse, por fin, como un ser integrado, “aunque también como un ser ideal, imaginado,
alineado, igual que pasará con los sucesivos reconocimientos del yo en el otro
al que amo”[1].
Para Lacan, la mirada del Otro, como
primeramente hizo la imagen en el espejo, me reconstituye, me hace ser. (Él
utiliza las palabras francesas parofónicas autre –otro- y être -ser-).
La madre te muestra ante el espejo y
te señala, - mira ése eres tú. Introduciendo
la segunda persona en el Yo separado de la madre.
Jugando
a desaparecer y aparecer: “- Cucú…
¡Tras!”, a esconder y encontrar, a construir y derribar, a llenar y
vaciar…, favorecemos la persistencia de la forma y el desarrollo de la atención
y la memoria, igual que seguimos afianzando el vínculo emocional que, recordemos,
se da en la separación. Con juegos de alternancia como los de “toma y dame” o
“ahora tú, ahora yo”, el bebé irá construyendo su identidad diferenciándola del
“No yo”.
El
diálogo afectivo que establecemos en los momentos del cuidado del bebé y en las
situaciones de juego propiciará confianza para avanzar en la separación.
El
“NO” es anterior al “YO”, con la oposición nos autoafirmamos. También la
tercera persona es anterior a la primera. El niño o la niña se nombran a sí mismos
como nosotros les llamamos. Se ven con nuestros propios ojos. Para reconocerse
habrán de diferenciarse.
El
juego de las miradas, el desarrollo del sentido propioceptivo, el
reconocimiento y utilización del propio nombre o el reconocimiento de nosotros
en el espejo, son
aspectos que favorecerán la construcción de la
identidad.
Hay un cuento de Gianni
Rodari: ¿Quién soy yo?[3], que plantea muy
bien esta pregunta a los pequeños, una pregunta sin respuestas precisas, pero
una pregunta que constantemente nos vamos haciendo y que nos orienta en
nuestras decisiones. El cuento refleja que, en realidad, somos para los otros,
somos porque nos hacen ser.
“… - Hola,
¡cuánto tiempo sin verte! – Yo también me alegro de verte. -¡Estás muy guapa
hoy! - ¿Sí? Mi madre baja la cabeza ruborizada frente a la señora del espejo con
quien habla…”
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