domingo, 18 de septiembre de 2016

2.6. La voz que pregunta: - ¿Por qué?

2.6.    La voz que pregunta: - ¿Por qué?
Buscando respuestas, fui encontrando las preguntas...  
 L’Hospitalet de Llobregat, ISSN 2462-6325
            “Mi casa estaba, y aún está, en la calle “Estación” que, como su nombre             indica, es la calle que va desde la plaza a la estación. Un gran portalón          con una gran aldaba para picar. Cuando entras por esa puerta no entras   en una casa, sino en un patio empedrado con casas alrededor. En medio             de las casas un pozo y al fondo el gallinero, los dos sitios prohibidos a   los que no podía acercarme: - ¿Porqué?, preguntaba a mi madre, -       Porque eres pequeña. No me convencía la respuesta y seguía             preguntando - ¿Porqué?, hasta que recibía el - ¡Porque lo digo yo! o el –             ¡Porque no! Hasta hace muy poco, hablando con mi tía, no recordé que el gallinero era el sitio donde los adultos hacían sus necesidades.    Siempre recordé los ¿porqués? no resueltos.”
Los porqués de los 3 años responden a la necesidad de la relación con el adulto para adentrarse en la comprensión del mundo y seguir construyendo su identidad, más que una demanda de un razonamiento lógico del que aún no disponen, representan una demanda de atención (y una puesta a prueba para los adultos), una necesidad de explorar mediante el lenguaje por los caminos abiertos de la fantasía y la imaginación y una necesidad también de reafirmarse en lo que saben, por eso repiten muchas veces las mismas preguntas. Podemos darles las respuestas reales y lógicas, aunque el pensamiento animista y mágico de estos años les llevará a explorar otras posibilidades. También podemos darles respuestas libres y abiertas, dejar que ellos mismos sigan el hilo de su potente imaginación.
En esta edad son apropiados los ensalmos y conjuros que utilizamos para calmar sus miedos y pequeñas lesiones, como las retahílas y sortilegios o los cuentos encadenados, inacabados y/o rimados, que muchas veces no tienen más sentido que combinar palabras y frases, “jugar” con el lenguaje, aunque sea con absurdos. Retahílas que pueden ser las últimas oraciones que se hilvanan cuando se nos han perdido otras capacidades.
Los porqués sin respuesta nos acompañan toda la vida, especialmente en situaciones dramáticas o dolorosas sobrevenidas. El libro de Job es quizás uno de los más bellos sobre el sufrimiento humano, al final se concluye que tenemos todo el derecho de increpar a quien creamos o no creamos, pero no obtendremos la respuesta que buscamos, el “sentido” de lo que nos ocurre. Victor Frankl en su también hermoso libro “El hombre en busca de Sentido”[1], nos dice que el Sentido no se encuentra por mucho que lo busquemos, el Sentido nos sale al encuentro, muchas veces cuando ya dejamos de buscarlo y sin responder a nuestra pregunta racional del querer saber. Se nos muestra con un conocimiento más completo, intuitivo, holístico, difícil de explicar con palabras, lo hace desde el silencio, la apertura y el cuidado del Ser, que nos explica Heidegger[1]
“… - ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?, repetía mi tía, a quien un ictus y la falta de atención precisa a su tiempo dejaron sin apenas palabras, a ella, que tanto le gustaba hablar. Las retahílas de porqués y algunas series numéricas era lo único que podía articular, aunque entendía lo que le decíamos. Sus familiares más directos la entendían, a veces. Los demás la mirábamos, la abrazábamos, nos sonreía y se encogía de hombros…”


[1] Heidegger, M. “Logos”




[1] Frankl, V. “El hombre en busca de sentido” Herder, 3ª edic. 2016
[2] Heidegger, M. “Logos”

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