2.6. La voz que pregunta: - ¿Por qué?
Buscando
respuestas, fui encontrando las preguntas...
L’Hospitalet
de Llobregat, ISSN 2462-6325
“Mi casa
estaba, y aún está, en la calle “Estación” que, como su nombre indica, es la calle que va desde la
plaza a la estación. Un gran portalón con
una gran aldaba para picar. Cuando entras por esa puerta no entras en una casa, sino en un patio empedrado con
casas alrededor. En medio de
las casas un pozo y al fondo el gallinero, los dos sitios prohibidos a los que no podía acercarme: - ¿Porqué?, preguntaba a mi madre, - Porque
eres pequeña. No me convencía la respuesta y seguía preguntando - ¿Porqué?,
hasta que recibía el - ¡Porque lo digo
yo! o el – ¡Porque no! Hasta hace muy poco,
hablando con mi tía, no recordé que el
gallinero era el sitio donde los adultos hacían sus necesidades. Siempre recordé los ¿porqués? no resueltos.”
Los porqués de los 3 años
responden a la necesidad de la relación con el adulto para adentrarse en la
comprensión del mundo y seguir construyendo su identidad, más que una demanda
de un razonamiento lógico del que aún no disponen, representan una demanda de
atención (y una puesta a prueba para los adultos), una necesidad de explorar
mediante el lenguaje por los caminos abiertos de la fantasía y la imaginación y
una necesidad también de reafirmarse en lo que saben, por eso repiten muchas
veces las mismas preguntas. Podemos darles las respuestas reales y lógicas,
aunque el pensamiento animista y mágico de estos años les llevará a explorar
otras posibilidades. También podemos darles respuestas libres y abiertas, dejar
que ellos mismos sigan el hilo de su potente imaginación.
En esta edad son apropiados los
ensalmos y conjuros que utilizamos para calmar sus miedos y pequeñas lesiones,
como las retahílas y sortilegios o los cuentos encadenados, inacabados y/o
rimados, que muchas veces no tienen más sentido que combinar palabras y frases,
“jugar” con el lenguaje, aunque sea con absurdos. Retahílas que pueden ser las
últimas oraciones que se hilvanan cuando se nos han perdido otras capacidades.
Los porqués sin respuesta
nos acompañan toda la vida, especialmente en situaciones dramáticas o dolorosas
sobrevenidas. El libro de Job es quizás uno de los más bellos sobre el
sufrimiento humano, al final se concluye que tenemos todo el derecho de increpar
a quien creamos o no creamos, pero no obtendremos la respuesta que buscamos, el
“sentido” de lo que nos ocurre. Victor Frankl en su también hermoso libro “El
hombre en busca de Sentido”[1],
nos dice que el Sentido no se encuentra por mucho
que lo busquemos, el Sentido nos sale al encuentro, muchas veces cuando ya
dejamos de buscarlo y sin responder a nuestra pregunta racional del querer
saber. Se nos muestra con un conocimiento más completo, intuitivo, holístico, difícil
de explicar con palabras, lo hace desde el silencio, la apertura y el cuidado
del Ser, que nos explica Heidegger[1]
[1] Heidegger, M. “Logos”
“…
- ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?,
repetía mi tía, a quien un ictus y la falta de atención precisa a su tiempo dejaron
sin apenas palabras, a ella, que tanto le gustaba hablar. Las retahílas de
porqués y algunas series numéricas era lo único que podía articular, aunque
entendía lo que le decíamos. Sus familiares más directos la entendían, a veces.
Los demás la mirábamos, la abrazábamos, nos sonreía y se encogía de hombros…”
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