domingo, 25 de septiembre de 2016

2.10.Rituales y acurrucos. Cuentos fantásticos y maravillosos.

2.10.Rituales y acurrucos.
L’Hospitalet de Llobregat, ISSN 2462-6325
¡Alicia! Recibe este cuento infantil
y deposítalo con mano amable
allí donde descansan los sueños de la niñez
entrelazados en mística guirnalda de la Memoria
como las flores ya marchitas
ofrenda de un peregrino
que las recogiera en una lejana tierra.[1]
Si algo nos atemoriza es la oscuridad, lo desconocido, es algo que saben los directores de películas de terror. La oscuridad representa el vacío, la soledad… El momento del sueño puede representar para el niño o la niña, lo que los psicólogos denominan “angustia de la separación”, muchas veces ésta es la causa de los terrores nocturnos que suelen suceder en periodos críticos de cambio de etapa: los tres años, la pubertad… Para hacer más agradable y relajado el momento del sueño solemos utilizar rituales de “ir a dormir”, como explicar o leer cuentos. Con ello les dedicamos un tiempo precioso con el que mantenemos y reforzamos el vínculo que les da la seguridad afectiva que necesitan para entrar en el mundo del sueño, ese que no podemos controlar.
Nuestro cerebro, nuestra memoria… necesita de un sueño reparador, hay que favorecer las condiciones óptimas para ello. El sueño, como la alimentación son temas recurrentes de preocupación de los padres que preguntan angustiados qué tienen que hacer. Es bueno leer libros, consultar con expertos, compartir con otros padres… pero lo que nos indicará el camino mejor será la atención hacia nuestro hijo o hija, nuevamente, la escucha, desde la calma.
Ya sabemos que ser madre o padre no es fácil, genera tensión y equívocos, entre otras cosas porque es difícil para los niños poner palabras a lo qué les pasa. El miedo es un mecanismo de defensa muy arraigado que se puede disparar sin motivo que lo sustente, sería el “miedo al miedo”, La paciencia, el vínculo afectivo, la seguridad en las separaciones, la confianza, la comunicación… nos irán guiando en un caminar sin camino, que es el que hacemos con cada uno de nuestros hijos y de nuestras hijas.
Los sueños y pesadillas pueden expresarse al despertar con imágenes, con palabras, con juegos… aunque no tengamos respuestas para ellos, seguro que nos ayudan a hacernos preguntas. Si más no, es bueno liberarse de ellos.
“… No eras pródiga en muestras de afecto, mendiga de ellos como tú misma habías sido. Una vez me desperté llorando, había tenido una pesadilla. Allí estabas tú y tu ternura. La que el Alzheimer te liberó…”
·       Cuentos fantásticos y maravillosos.
“Lejos de exigir nada, el cuento de hadas proporciona seguridad, da esperanzas respecto al futuro y mantiene la esperanza de un final feliz.”[2]
El cuento, el que se lee o explica antes de dormir o el que se cuenta en cualquier momento, es un buen instrumento para ayudar a los niños y niñas a afrontar sus miedos, ilusiones, tristezas…
Actualmente los cuentos “de hadas” suelen ser defenestrados por considerar que, con ellos, se inculca a la mujer la necesidad del “príncipe azul”, esta interpretación resulta superficial y puede deberse a que no se han leído las versiones más originales que podemos tener (algunos son recopilaciones de diferentes versiones orales), mientras que, en cambio, sí tenemos muy presentes las películas versionadas de factorías cinematográficas que han edulcorado y tergiversado estos cuentos.
Los cuentos contribuyen al crecimiento interior, ya que es el oyente mismo el que extrae conclusiones con las que irá interpretando el mundo y definiendo sus opciones. Son una transmisión adaptada a la mentalidad simbólica del receptor. Representan personajes tipificados con los que nos podemos identificar aunque pasen por situaciones poco corrientes, a diferencia de los héroes de los mitos, que se enfrentan a situaciones naturales, pero resultan ellos mismos atípicos. Han tenido una función indispensable en las sociedades orales como es la de prevenir de los peligros. No siempre tienen un final feliz, en todo caso éste llega después de atravesar dificultades y de enfrentarse a miedos o maldades. Son terapéuticos porque ayudan a reconocer, expresar y liberar temores. El cuento plasma en imágenes fantásticas lo que el niño vive en su interior. “Al identificarse con los distintos personajes, los niños comienzan a experimentar por ellos mismo sentimientos de justicia, fidelidad, amor, valentía, no como lecciones impuestas, sino como descubrimiento, como parte orgánica de la aventura de vivir.”[3]
Es cierto que, cuando el protagonista es masculino, la mayoría de estos cuentos reflejan el camino que éste debe recorrer lleno de pruebas y retos hasta conseguir el objetivo, ese camino suele partir de una decisión previa por parte del protagonista. Cuando la protagonista es una mujer, ésta se enfrenta a peligros que le vienen del exterior. La Caperucita Roja nos muestra que no se ha de ser confiada con los extraños. En Blancanieves o la Cenicienta, la bondad de la inocencia triunfa después de haber sido puesta a prueba por la maldad de un personaje adulto femenino que la intentaba doblegar, dando forma, así, a un nuevo modelo. Si en los cuentos con protagonista masculino lo que prima es la aventura y la lucha, en los que la protagonista es una niña o una joven lo que prima son los valores morales como la bondad, la prudencia, el cuidado…, justamente lo que se quería inculcar a las mujeres, lo que necesitaban para sobrevivir. Eso no quiere decir que no sigan teniendo su sentido y su valor, con todo ello va elaborando el niño y la niña su propio destino, identificándose u oponiéndose a los personajes, además les encantan.
Quizás el cuento del “príncipe azul” por excelencia es el de la “Bella Durmiente”, es un cuento de iniciación para las niñas, muestra, simbólicamente, la llegada de la sangre, la espera hasta que se den las condiciones de madurez necesarias para establecer relaciones… Igualmente el cuento de la Bella y la Bestia nos muestra la iniciación en la sexualidad, el descubrimiento de una belleza interior que resulta ser mejor que la exterior… También encontramos personajes femeninos que se disfrazan de lo masculino para acceder a la acción o figuras femeninas que tutelan a personajes inmaduros (hada madrina de Pinocho).
Los cuentos se van transformado, son frutos de sus épocas y lugares. Nadie como Andersen para encender la llama de la esperanza en circunstancias de miseria, con cuentos como “El patito feo” o “La pequeña vendedora de fósforos”. 
La Sirenita, de Andersen, es un ser mitológico que entrega su voz y su poder, a cambio de cumplir con su deseo de ser humana. Se enamora de un humano, pero no consigue que éste se enamore de ella, lo que no explica la película de Disney es que sus hermanas le ofrecen un cuchillo para acabar con el humano prometiéndole que así recuperará la voz y su atracción. La sirenita escoge el amor, el que desea el bien del otro. Las hadas del viento se la llevan convirtiéndola en un ser que dará consuelo a los humanos. Es una decisión terrible, como las que nos sucederán en la vida.
Nos vemos abocados a seguir las leyes de la gravedad, como nos explica Simone Weil[1], pero podemos hacerlo protegidos con una mentira o podemos aceptar la verdad y permitir que se den esos destellos luminosos que ella nos explica, como cuando se impone la generosidad hacia el enemigo, se enfrenta el propio destino con coraje, se llora por los vencidos…Esa es la auténtica esencia moral que conllevan los cuentos, como la filosofía, el arte, la poesía y el lenguaje que escuchamos y con el que nos existenciamos.
Afortunadamente, los cuentos de hadas, aunque no son despreciables, no son los únicos de los que disponemos hoy en día. Contamos con un gran repertorio de posibilidades y con un gran medio aliado nuestro en muchos aspectos, pero principalmente en este de los cuentos: La red de bibliotecas públicas, servicio gratuito que compensa las carencias de familias con menos recursos y nos enriquece a todas.



[1] Weil, Simone (1940) La Ilíada o el poema de la fuerza.

¿Qué representa un cuento para un niño o niña?
Ø  Placer de escuchar y de volver a escuchar el cuento.
Ø  Favorecen la organización mental gracias a las estructuras cíclicas, las fórmulas de entrada y salida, las repeticiones y/o encadenamientos...
Ø  Desarrollan las estrategias de memoria y atención, el lenguaje, la interiorización de las normas y los valores sociales...
Ø  Interiorización de los deseos, temores y aspiraciones más profundos: la lucha por la vida, el paso por la muerte, el renacer a una nueva etapa, el crecimiento de la persona, la identificación.
“… Cuando ya no abrías la boca ni para comer, te recitaba los nombres de tus seres queridos y los de los personajes de los cuentos que nos contabas: - ¡Garbancito…!... asentías, sonreías…”  



[1] Carroll, L. “Alicia en el país de las Maravillas”, poesía introductoria.
[2] Bettelheim, Bruno Psicoanálisis de los cuentos de hadas. Grijalbo, 1977
[3] Bettelheim, Bruno Psicoanálisis de los cuentos de hadas. Grijalbo, 1977

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